En La Guaira nada se hizo bien… El tiburón sigue sin celebrar

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Los dirigidos por Oswaldo Guillén tuvieron por segundo año consecutivo una eliminación catastrófica. Fotos: Robert Mogollón/Notitarde.

Notitarde.- Temporada gris, lo que empezó mal terminó mal. La historia se repitió nuevamente. Una sentencia de muerte que se anunció antes de iniciar la temporada no fue suficiente advertencia para que los Tiburones de La Guaira evitaran el cruel destino.

Como ver una película cuando ya conoces el final. Ese ha sido el triste transitar de este equipo en la temporada 2018-19 donde cumplirán 33 años sin ser campeones. Algo totalmente injusto para la considerada «fanaticada más fiel del beisbol venezolano».

Bien podríamos copiar y pegar escritos anteriores y pocos notarían que no se habla de actualidad. Los dirigidos por Oswaldo Guillén tuvieron por segundo año consecutivo una eliminación catastrófica. Desde que tomó el mando, el récord del equipo en tres temporadas es de 82 victorias y 105 derrotas.

 Como quien vive cerca y llega tarde

Más allá de pasar navidades con posibilidades de avanzar a playoffs, a diferencia del año anterior, los pronósticos previos y las estadísticas colectivas marcaron el destino fuera de los seis de ocho clasificados que se sumaron a la fiesta de enero.

Tal parece que cuanto más sencilla esta la labor, menores han sido los esfuerzos por cumplirla. Abandonados en plena guerra. El equipo pasó en menos de tres semanas de estar a tiro del tercer puesto a terminar séptimo fuera de la clasificación. Perdieron más jugadores de peso de los que sumaron y los resultados fueron lógicos.

 Lanzadores inefectivos

Si pitcheo es el nombre del juego, hubo muchas razones por la cual La Guaira queda fuera. A pesar de tener un cuerpo de monticulistas que hizo mejor trabajo de lo que decía el papel, los resultados fueron mediocres.

Héctor Sánchez y una pelota que se escapa, convirtiéndose en un error.

Fue el tercer equipo con más hits recibidos (576) y carreras limpias recibidas (245), segundos en boletos otorgados (208) y séptimos en ponches propinados (320).

En cuanto a jonrones recibidos fueron terceros (34). En efectividad y whip fueron séptimos con 4.19 carreras limpias por cada 9 inning de actuación y 1.49 de corredores embasados por cada inning respecticamente.

 Explosivos con pólvora mojada

El pitcheo no estuvo tan mal si lo comparamos con el bateo. La Guaira sufrió de una pobre ofensiva que apenas anotó 224 carreras en 61 juegos para ser últimos en ese renglón.

Se adueñaron de la última casilla en average (266), slugging (339) y porcentaje de embasado (330).

Fueron sextos en bases por bolas recibidas (180), últimos en hits (536), cuartos en ponches recibidos (341) y por si fuera poco fueron primeros en outs en intento de robo (30). Esto último más allá de ser segundos en bases robadas (40).

 El fildeo sacó pecho

El aspecto de juego que más le funcionó. Quizás esta es la razón fundamental de que los brazos no estuvieran peor rankeados.

Fueron el tercer equipo con menos errores (44), primeros en asistencia (569), terceros en doble play (178). Sólo palidece su registro de corredores retirados robando (10) donde fueron séptimos, pues su porcentaje de fildeo fue el segundo más alto (977).

Un oasis en medio del desierto, aunque insuficiente para surtir de victorias al equipo en la hora de la verdad.

 Gerencia adormecida

Las mejoras prometidas no fueron cumplidas. En lugar de resultar en un mayor esfuerzo la gerencia general del área deportiva comandada por Luis Blasini se puede resumir en un fiasco.

El equipo pasó de usar diecinueve importados, algunos provenientes de MiLB, en la 2017-18, a usar trece importados, todos fuera de MiLB, esta temporada. La mayor parte del año jugaron sin completar el cupo de importados que este año bajó de nueve a siete.

Con un equipo necesitado de ofensiva los bates importados fueron sólo tres. Apenas uno de ellos pasó de los 3 juegos. La producción de los bates se limitó a 2 jonrones y 18 impulsadas que sólo les permitió ser mejores que Águilas, puesto que Caribes no requirió de usar foráneos.

Dosis similar en pitcheo por donde se pasearon diez escopeteros. Algunos acompañaron al equipo hasta el final de la temporada sin justificar su estadía. Esos brazos se combinaron para récord de 15 juegos ganados y 23 perdidos con 4.10 de efectividad.

 Las incorporaciones fueron pocas y las idas letales

Se inició el torneo con un roster modesto que había sumado en temporada baja a Samir Dueñez, Juan Apodaca, Ehire Adrianza, Edgar Durán y Julio Pinto mientras dejaba ir a Henderson Alvarez, José Gómez, Luis Sardiñas y Alex Torres. Al final del día Adrianza no iba a jugar por una inoportuna lesión en el hombro y Apodaca se reportaría un poco tarde también por lesión.

Una vez comenzó la temporada recibieron a Dioner Navarro, José «Cafecito» Martínez, Yonathan Daza, Gregor Blanco, Junior Guerra y Miguel Rojas. Este último quien se marchó a mitad de diciembre al igual que el importado Yeison Asencio cuando Tiburones buscaba afianzarse a la clasificación. A eso había que sumarle las lesiones de Brooks Hall y Bennet Parry en el mes de noviembre.

 El equipo ideal en las manos equivocadas

Una fanaticada identificada y una historia ganadora ha quedado muy atrás. Con los actuales propietarios el equipo inició un mal camino desde el momento que eliminaron «La Guaira» del emblema y por momentos del uniforme.

Bajo el mando de Francisco Arocha y Antonio José Herrera, presidente y vicepresidente del equipo respectivamente, el récord es de 443 victorias y 496 derrotas con 8 eliminaciones y apenas una final jugada desde su adquisición en abril del año 2004.

Además la divisa ha protagonizado los peores cambios de peloteros donde salieron Jorge Julio Tapia, Ronald Belisario, Maximiliano Ramírez, Eduardo Escobar, Ehire Adrianza, Rafael “Balita” Ortega, Oscar “El Cachi” Salazar, Luis Rodríguez, René Reyes, Alberto González, entre otros.

De un equipo aguerrido a ser unos Tiburones sin dientes. Poco a poco la franquicia pierde el atractivo y en las tribunas se escucha el “vendan el equipo”. Algunos son más radicales y aseguran “mientras estos sean los dueños el equipo jamás volverá a ser campeón”.

 Colorín colorado

Al final otro año más de promesas fallidas, de desaciertos y desilusión para el fanático guairista. Otro año más en modo ahorrativo con esfuerzos timoratos. Un año más en el que los fanáticos de Tiburones de La Guaira no podrán disfrutar las dulces mieles del deseado título.

Por: Robinson Alvarez Viña (@RobyKing)

Datos estadísticos: http://www.pelotabinaria.com.ve

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