La historia detrás de una batería "a precio justo"

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Valencia, 19 de febrero de 2015.- “Llegué a las 4:00 p.m. y salí a las 12:00 p.m. del día siguiente”, dijo asombrado un valenciano de 60 años de edad al compartir su “aventura” para comprar una batería para su vehículo.

Actualmente los venezolanos no solo hacen cola para comprar alimentos regulados y productos de higiene personal, ahora conseguir una batería para el vehículo se ha convertido en una misión casi imposible.

Ernesto Rodríguez, un hombre de familia que acudió a varios establecimientos e incluso al llamado “mercado negro” antes de tomar la decisión de pasar la noche en una calle de la urbanización Industrial La Quizanda, dentro de su vehículo. “Entre Bs. 9 mil hasta Bs. 22 mil bolívares fueron los precios que conseguí, sin embargo preferí pagar el precio regular que no llega a Bs. 2.500”.

“Aunque a mi familia no le gustaba la idea de pernoctar en el carro, me vi obligado a hacerlo porque no tenía el dinero para comprarla en el mercado informal, además ya tenía más de dos meses buscándola sin éxito”, confesó el economista de profesión a  www.notitarde.com.

Por lo general, una parte de la cola vende su puesto. Al llegar, te asignan un número que lo escriben en el vidrio frontal del carro, un arreglo que se hace entre los mismos clientes. Algunos se van a sus casas y vuelven, pero corren el riesgo de perder su puesto y dejar el vehículo a merced del hampa.

“Cuando llegué a las 4:00 p.m. ya tenía 38 personas por delante que habían llegado alrededor de las 2:00 p.m.”, lamentó Rodríguez quien no pudo evitar comparar la Venezuela de hoy con aquella época cuando los venezolanos no sabían lo que era una cola para comprar algo tan elemental como leche, harina pan o un repuesto para el vehículo.

20 horas de espera

A pesar de las 20 horas en la cola, comenta que el ambiente en el sitio no fue del todo desagradable, pues las personas se comportan como si estuvieran en una “reunión social”, juegan dominó, cartas y conversan sobre temas políticos y económicos; un escenario que recuerda a las colas que solían hacer los venezolanos para suministrar de gasolina en la época del paro petrolero.

“Mi hija y mi esposa me llamaron varias veces por teléfono. Estaban preocupadas, decían que me podían robar el carro, que me devolviera a la casa, incluso me dejaron sin batería, y estaba haciendo la cola para comprar otra batería”, bromeó Rodríguez, quien asegura que los venezolanos nos hemos “calado” esta situación gracias al humor.

Al final del día, quienes consiguen comprar la batería regulada se sienten contentos de haber cumplido con el objetivo de adquirirla sin recurrir al cada vez más popular y costoso mercado negro.

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