La soledad de Maduro

Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

La hora final define un político, lo muestra en su peor soledad, cuando se caen los disfraces y aparece tal y cual es. Chávez murió dramáticamente, después de una enfermedad que lo tornó alguien digno de lástima, solo, abandonado y triste. A Maduro no le tocará siquiera esa despedida trágica. A Maduro lo aguarda una gran carcajada al final del camino.

Todo se le derrumba a Nicolás, sus seguidores saltan del barco, buscan refugio, se atreven a criticarlo, a pasar al otro bando. Nicolás está solo, abandonado y triste. Ni el dinero le consigue ya apoyo porque se le acabó, aspira a llegar a las elecciones, salir de Miraflores tranquilamente porque teme que una gran muchedumbre llegue hasta el palacio presidencial y lo obligue a una huida vergonzosa.

Hay dictadores que mueren combatiendo como Adolfo Hitler que logró que los alemanes lo acompañaran en un terrible final,  vio destruida a Alemania, las ciudades incendiadas, sus tropas aniquiladas, sus seguidores muertos. Ese monstruo tuvo un consuelo, un final apocalíptico. Ese no es el caso de Maduro.

Imaginamos al compañero de Cilia recorriendo en las madrugadas los pasillos solitarios de Miraflores, o de donde haya buscado refugio. A Chávez lo sorprendió la muerte, no presenció el desmoronamiento del socialismo del siglo XXI. Maduro no escapa de la terrible sospecha de ser el responsable del final del sueño chavista y castrista. El propio Castro murió anciano,  igual que  le ocurrirá a su hermano. Maduro está terminado olvidado, culpado, refugiado en la compañía de Cilia, quien lo convenció de seguir este camino desastroso, porque después de enterrar a Chávez, no fue posible dar el gran viraje, reconocer el error histórico, tomar la vida del crecimiento, la democracia, la justicia.  No fue así, ahora marcha rumbo al cementerio histórico, al hambre y sin “calidad y sanidad estomacal” no hay futuro. Podrá vivir mucho más, fuera de Venezuela, en Cuba, Irán o Rusia, pero en su intimidad sabe que la la historia dijo la última palabra.

Mario Isea, Embajador Venezuela en Madrid, tropieza con el rechazo de los venezolanos en un lujoso restaurant madrileño, en el Centro de Diversidad Cultural de Venezuela, en una panadería, siempre con Podemos y el de la Coleta. No tienen donde refugiarse. Se acabó el mundo para los chavistas. Y Maduro lo sabe, por eso se aferra a Miraflores, no tiene lugar donde asilarse, y obviamente rechaza refugiarse en la Habana, terminar sus días en el país más aburrido y tonto del planeta. Imaginemos a Maduro y a Raúl Castro conversando en la Habana, reconociendo que no se refugiarán en Miami, envidiando a los venezolanos y a los cubanos que se salvaron  del aburrimiento, la pesadez, del socialismo. No hay ya socialistas en el universo. ¿Cómo a Chávez se le ocurrió convertirse en discípulo de Fidel Castro? ¿Nombrar a Maduro sucesor? Ni su Constitución dejará en pie el elegido con tal de tratar de salvarse de lo inevitable.

Maduro se acerca a un triste y solitario final, donde ni siquiera los enemigos lo toman en cuenta. Con Maduro no hay paraíso, sino gran aburrimiento. Así termina el castrismo y el chavismo, con Maduro. Qué tristeza para Fidel Castro desde la otra vida, si lo admitieron en el
infierno.
Paz a los jóvenes abatidos en desigual combate. No será en vano…

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
Compartir