La Vaca Sagrada anunció libertad (2331108)

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A la una de la madrugada, para amanecer el 23 de enero, un estruendo sacudió Caracas. Muchos se despertaron, otros subieron a terrazas o salieron a la calle para averiguar qué era tal ruido. La ciudad ya estaba estremecida por los sucesos del día anterior, con enfrentamientos entre un pueblo protestando contra la dictadura y las fuerzas militares y policiales enfrentándolos.

El estruendo provenía de un avión que despegaba apresuradamente de la base aérea de La Carlota, en pleno corazón de Caracas. El tamaño del aparato, calculado en medio de la noche por las luces de la cabina de pasajeros, anunció a los caraqueños que se trataba de  La Vaca Sagrada , el avión presidencial popularmente llamado así. La nave se enderezó sobre el cielo de la capital, bordeó el Ávila y levantando vuelo tomó por el callejón aéreo que lo conducía hacia la costa.

En las monumentales torres de apartamentos  2 de Diciembre , inauguradas por Pérez Jiménez y posteriormente bautizadas como  23 de enero , el avión pasó tan bajito que los asustados habitantes pensaron que se estrellaría. Al parecer La Vaca Sagrada llevaba un sobrepeso que necesitó tiempo para que pudiese ganar altura.

Así huyó el dictador Marcos Pérez Jiménez la madrugada de ese 23 de enero de 1958, que marcó el inicio de la era democrática en Venezuela.

Amaneció de golpe

Ese fue el despertar de los caraqueños, ya no durmieron más y salieron a las calles con banderas, cantando el Himno Nacional, ante el desconcierto de los soldados que no sabían ya a quién disparar o a quién defender. Pronto, la Aviación comenzó a surcar los cielos en un aviso de unión al movimiento popular. Ya se corría la voz del derrocamiento de Pérez Jiménez, pero la tensión crecía ante la ausencia del aviso oficial.

Ya tenían la experiencia de la intentona del 1 de enero, por lo cual la espera del anuncio definitivo era lo prudente. Cuando Caracas dormía la fiesta de Año Nuevo, aviones de guerra sobrevolaron Caracas y el coronel Hugo Trejo se alzó con un batallón de blindados, tomando el camino de Los Teques hacia Maracay, que era el epicentro de la insurrección comandada por el capitán de la Fuerza Aérea Martín Parada, piloto de La Vaca Sagrada y oficial de confianza del dictador.

Los aviones tuvieron la osadía de bombardear el palacio de Miraflores, con saldo de un muerto: un portero al que apodaban  Perecito . Esa noche Marcos Pérez Jiménez se dirigió al país en cadena anunciando el fracaso de los sublevados. Trejo fue detenido y Parada huyó a Colombia junto con otros oficiales, a bordo de La Vaca Sagrada, que siempre estacionaban en la Base Aérea de Maracay. El avión presidencial fue devuelto por la junta militar que gobernaba Colombia y permaneció en La Carlota por precaución, hasta la madrugada del 23 de enero cuando despegó en aquella precipitada huida.

Pero la conspiración ya corroía las bases de las Fuerzas Armadas que comprobaron con esta intentona que el régimen estaba frágil y el pueblo descontento.

Caída anunciada

Pérez Jiménez había asumido la presidencia de la Junta Militar de Gobierno, luego del magnicidio del Cnel. Carlos Delgado Chalbaud, en 1950. En unas fraudulentas elecciones, que ganó realmente el líder del partido URD Jóvito Villalba, el militar nacido en Michelena usurpa el cargo de Presidente en 1952. Así que fueron 6 años los que Marcos Pérez Jiménez ejerció en solitario el poder.

Si bien la seguridad, las grandes obras, el progreso en muchos sectores, el surgimiento de una clase media próspera, fueron elementos positivos en la gestión de facto de Pérez Jiménez, su gusto por las obras faraónicas, la multiplicación de los ingresos del país y el privilegio de una clase militar colapsaron el presupuesto nacional y dieron lugar a una creciente corrupción que disgustó a factores militares que una vez le apoyaron. Pero la razón clave de la caída del dictador fue la supresión de garantías personales a quienes se oponían al régimen, la censura a la prensa y el cerco a la disidencia y a los partidos.

La utilización de la Seguridad Nacional como órgano represor, colmó de indignación a los ciudadanos, que sabían de las torturas, cárceles injustas y hasta asesinatos que cometían los esbirros del régimen.

En 1938 se decreta la Ley de Servicio Nacional de Seguridad, que crea el Cuerpo de Investigación Nacional. Después del derrocamiento de Rómulo Gallegos en 1948, la Junta Militar de la cual formaba parte Marcos Pérez Jiménez comienza a utilizar a la reorganizada Seguridad Nacional como represora de la oposición. Dependía del Ministerio de Relaciones Interiores y cuatro hombres se sucedieron en la dirección: Jorge Maldonado Parilli (1948-1951), Pedro Estrada (1951 hasta el 10 de enero de 1958), Cnel. (Ej.) Luis Teófilo Velasco, (11 de enero hasta 21 de enero de 1958), Régulo Fermín Bermúdez (22 de enero hasta 24 de enero de 1958), cuando una turba de indignados quema la sede de la SN y se decreta su disolución.

Se estima que la Seguridad Nacional envió a 822 militantes de AD y del Partido Comunista al Campo de Concentración de Guasina, en el Delta del Orinoco. La Seguridad era temida porque hacía desaparecer a las personas, realizaba violentos allanamientos e interrogatorios con el uso de torturas. Las muertes de los dirigentes Cástor Nieves Ríos, Leonardo Ruiz Pineda, Alberto Carnevali, Antonio Pinto Salinas y Luis Hurtado Higuera, fueron probadas a manos de la Seguridad Nacional. Unas 20 muertes más no hallaron en el juicio posterior elementos probatorios suficientes.

Desde 1953, la Seguridad Nacional funcionó en un edificio en la Av. México, donde hoy se encuentra el Hotel Alba Caracas. La madrugada del 23 de enero, la multitud asaltó el edificio de la SN, quemó parte de los archivos, destrozaron y quemaron parte de la edificación y lincharon a algunas personas a quienes señalaron como funcionarios. Todos los presos políticos fueron liberados.

Día final

El 21 de enero la Junta Patriótica decreta una huelga general, que comienza a las 12 del mediodía con repicar de campanas de las iglesias y corneteo de vehículos. Ya para el miércoles 22 se habían sublevado la Base Naval de Mamo y la Comandancia de la Marina que estaba en el Centro Simón Bolívar. El pueblo se enfrenta en el centro de Caracas y en los alrededores del cuartel San Carlos con la policía y los militares.

Ya el rumor del derrocamiento se corría como pólvora en el país y pese a las medidas de emergencia tomadas por Pérez Jiménez, como cambiar gabinete y exilar al ministro de defensa, no surtieron efecto. Sus principales aliados, el ministro Laureano Vallenilla Lanz y el jefe de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada, ya habían huido del país el 10 de enero y trataron de convencer a Pérez Jiménez de hacer lo mismo, pero éste resistió unos días más.

 Se fue el tirano , gritaba la gente al paso del cuatrimotor pilotado por el mayor José Cova Rey que llevaba rumbo a República Dominicana (donde su homólogo el dictador Rafael Leonidas Trujillo,  Chapita , gobernaba) a Pérez Jiménez, su esposa y sus hijas, su suegra y varios de sus hombres de confianza: Luis Felipe Llovera Páez, Pedro Gutiérrez Alfaro, Antonio Pérez Vivas, Raúl Soulés Baldo y Fortunato Herrera. Dicen que llevaba varios bultos con billetes y el rumor popular afirmaba que había dejado olvidado uno de estos equipajes con dinero.

Lo que sí es cierto es que en Miraflores fueron encontrados en maletines documentación suficiente para que el Gobierno venezolano solicitara posteriormente su extradición por peculado al gobierno de Estados Unidos, donde el dictador se encontraba residenciado.

La alianza del pueblo y la Fuerza Armada para un fin único de derrocar la dictadura, hizo del 23 de enero un movimiento históricamente singular. Su eficiencia fue tal que logró los pactos sociales y políticos necesarios para arrancar una democracia que duraría 40 años ininterrumpidos.

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Twitter:@charitorojas

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