Valencia, 15 de Marzo de 2010

Editorial
Notitarde
C.A

Juana, Laura, Olga, Yolanda y Josefina

El clan de las García, ejemplo de unión, lucha y de sabiduría
Fotos: Lisa Pedonomau / Cortesía
p_ pausides@hotmail.com


Puerto Cabello, marzo 14 (Pausides Rodríguez / Luis "Göico" Guevara).- Aunque nacieron entre 1923 y 1935, las cinco se disputan el título de ser la menor del grupo de hermanas y a quienes se atreven a insistir, le responden que, "la más joven entre ellas es la que luce el cabello blanco y usa lentes".

Se trata de las hermanas Juana, Laura, Olga, Yolanda y Josefina García, quienes entre hijos, nietos, bisnietos y tataranietos le han dado a la gran familia porteña más de 200 descendientes, perpetuando así la simiente de cuatro generaciones a las que ellas le han sabido inculcar valores y principios como estilo de vida.

Ellas, que en el entorno de sus más allegados son conocidas como "el clan de las García", son las invitadas de honor en cualquier reunión familiar y las primeras en estar presente en los momentos más difíciles de los suyos.

Así han sido siempre, unidas por sobre todas las cosas, a pesar de haber tenido una infancia separadas, debido a la prematura muerte de su madre, Ana Pacheco, por un parto mal asistido, cuando la mayor contaba 15 años de edad y la menor 3, por lo que su padre, Marcos García, se vio en la necesidad de darlas casi en adopción entre sus comadres, como se estilaba en esos casos por aquella época.

No está demás decir que eran 11 los hijos que habían quedado huérfanos de la figura materna y que no podían ser debidamente atendidos por aquel maquinista que había formado esta familia en El Mene de Falcón, donde trabajaba en la Creole Petroleum Corporation, pero que había sido transferido a Valle de La Pascua.

Así las cosas, esta "muchachera" fue repartidas entre las comadres que la difunta Ana y su marido Marco, tenían entre Chichiriviche, Valencia y Puerto Cabello, correspondiéndole a Juan Luisa Navea, unas de aquellas jovencitas.

Pero la separación no duró mucho, porque Yolanda, la segunda del grupo, decidió contraer matrimonio a los 13 años, con el propósito de recoger a toda esa muchachera, gesto con el que estuvo de acuerdo su marido, Eleazar García, quien para la fecha contaba con 30 años de edad.

Conocido cariñosamente como "El Tuerto", Eleazar era un reconocido trabajador de los muelles y consumado pelotero, cofundador y jugador de la OSP.

El noble gesto del joven matrimonio fue apoyado por Leonor, hermana de Eleazar, quien se sumó a la titánica empresa de levantar tan numerosa familia, teniendo como única fuente de ingresos un negocito de venta de comida ubicado cerca a los muelles, donde además elaboraban todo tipo de dulces para sostenerse económicamente.

Respeto, esfuerzo, solidaridad, amor y los valores más sublimes, fueron consolidando aquel hogar, ubicado en la calle Municipio y que con el transcurrir del tiempo se fueron transmitiendo de generación en generación.

 

Llenas de virtudes

Josefina o Fina, sus sobrinos ven en ella las virtudes de la paciencia y la delicadeza, participó como actriz de novela en radio Puerto Cabello y tuvo mucha actividad con grupos religiosos de la época. Su dulzura, paciencia y finura, como le dicen algunos de sus familiares y amistades, son sus dones innatos que proyecta con amor exclusivo hacia su familia.

Yolanda se caracteriza por su espíritu protector y su hogar fue un pilar y sitio fundamental para mantener unida a la familia, aún estando en sitios diferentes.

Olga, ejemplo de solidaridad, fue reina del Deporte y hasta fundó equipos de béisbol, es una de las que más se mortifica cuando entre la familia hay un enfermo que siempre tendrá garantizada su insuperable arroz con chocolate o su avenita bien caliente.

Laura, aunque siempre fue la más coqueta y elegante del grupo, su principal virtud es la religiosidad. Desde la iglesia La Coromoto y con el inolvidable padre Casiano, fue creadora del Ropero Parroquial, iniciativa que posibilitaba que gente de muy bajos recursos pudiera comprar "sus estrenos" en cualquier fecha del año. Durante mucho tiempo inyectó de gratis a todo el que se le aparecía en su casa con una emergencia y le ha rezado el rosario a medio Puerto Cabello. Su voz fue muy conocida en la iglesia La Coromoto, donde fue presidenta de la Sociedad Coromotana por muchos años y con piano, órgano o a capella hizo conocer su canto.

Juana, la más alegre y bochinchera del clan, trabajó en la panadería Corazón de Jesús, llegó a ser enfermera y hasta le atribuyen cualidades de cumbambera. Fue miembro de las Damas Voluntarias o damas azules, junto a quienes por muchos años realizó una encomiable labor humanitaria, cantó música flamenca y es la verdadera menor del clan.

Josefina, casada con Rafael García, tuvo tres hijas: Yolanda, economista; Ana, docente en literatura, y Katia, abogado.

Yolanda, viuda de Eleazar García, engendró a Elías (fallecido), Carmen, Oscar, Ana, Doris, Edgardo, Marcos y Xiomara; grupo de hermanos donde hay docentes, comerciantes y hasta reposteros.

Olga, viuda de Cesar Rivas, con quien procreó a César "Caraquita" Aníbal; Orlando, director del Teatro Municipal; y Angel, mecánico y conductor. Luego, en unión con Heine Romero, trajo al mundo a Claret y a Nereida, una secretaria y la otra docente.

Laura, viuda de Santiago Guevara (recordado hombre de radio) tuvo a Santiago, economista y a Luis "Göico", profesor de música y embajador cultural ad honoren de Puerto Cabello en Suiza.

Juana, viuda de Giuseppe Lacava, es la madre de Ana, secretaria; Antonio, teólogo y filósofo de la Diócesis de Puerto Cabello; Juan, mecánico; José "Chelí" Luis, mecánico y deportista; Rosita, docente; Angelo, técnico; y Mauricio, también técnico y músico fundador del grupo Tambor y Punto.




 

 

 



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