Las caras de un dolor que dura seis meses

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México, 26 mar (EFE).- Quizás el rostro más hermoso entre las participantes en la marcha que realizaron los mexicanos en homenaje a los 43 estudiantes desaparecidos hace hoy seis meses fue el de una chica con unos ojos negros que parecían tener vida propia, pero eso no se comprobará porque ella tenía miedo y se tapó al estilo árabe. 

"Si los mataron a ellos, pueden hacerlo conmigo, tengo derecho al anonimato y por eso me cubro el rostro con este pañuelo morado", aseguró a Efe la joven de 19 años, estudiante de sociología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

Miles de mexicanos marcharon esta tarde desde el Ángel de la Independencia, símbolo de la Ciudad de México, hasta el Monumento de la Revolución, para recordar a los jóvenes que desaparecieron el 26 de septiembre pasado en Iguala (Guerrero) y exigir justicia. 

Corearon consignas contra el Gobierno, mostraron carteles de disconformidad y con gestos de dolor pidieron el regreso con vida de los estudiantes. 
Hace medio año 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapan, en el estado de Guerrero, fueron capturados por policías corruptos y entregados a un grupo del crimen organizado. 

Según la versión oficial de lo ocurrido esa trágica noche, los jóvenes fueron asesinados e incinerados, pero eso no lo aceptan los familiares de los chicos de entre 18 y 21 años que estudiaban para convertirse en maestros en las comunidades rurales del empobrecido estado de Guerrero. 

Jóvenes que pidieron unión entre los mexicanos y otros convencidos de que la solución de los problemas del país es instaurar el comunismo se unieron a personas mayores para repudiar el ataque los estudiantes, que ha tenido en los últimos meses gran eco a nivel internacional. 

Fue una marcha con matices. Mientras la mayoría se concentró en las protestas, decenas de vendedores se aparecieron con capuchas para la lluvia, agua, refrescos y comida mexicana, y al estilo de los mercados callejeros llamados "tianguis", idearon estrategias de venta como la de un señor que escribió en un cartel que el petróleo y la electricidad no están en venta, pero sus paletas de frutas sí. 

"Esta lucha es igual que la de mis abuelos, contra lo mismo, las injusticias, la desigualdades y la ausencia de libertad de expresión; solo que yo no creo en los partidos políticos porque esos nos dividen", explicó la doctora en historia Anel Hernández, cuya pancarta advirtió que quien vote en las elecciones del 7 de junio será cómplice del Gobierno. 

Hernández dice no tener trabajo porque perdió el que tenía en la Universidad de Guanajuato, donde la acosaron por sus ideas. 

"Con la desaparición de los 43 el mensaje está claro, nos dijeron: 'miren hijos de puta lo que podemos hacer con ustedes, nosotros mandamos y los desaparecemos a la luz del día'; eso es grave", agregó. 

La manifestación fue encabezada por los padres de los estudiantes y recorrió el Paseo de la Reforma, una de las avenidas más emblemáticas de la capital, siempre con cuidado de no extenderse a las aceras. 

¿Por qué los asesinan, si son la esperanza de la América Latina", se preguntaron estudiantes universitarios, mientras una mujer con un bastón aseguró en su pancarta que los familiares de los 43 no están solos. 

"Tengo un problema en la cervical, uso un corsé para estabilizar la columna, pero para mí era un asunto de honor estar aquí", comentó Yolanda. 
Si bien la muchacha del pañuelo morado podría ser candidata a la de la cara más hermosa si no fuera porque la tenía tapada, tal vez el rostro más adusto de este día triste fue el de Epifanio Álvarez, papá de Jorge Álvarez Nava, uno de los 43 jóvenes desaparecidos. 

"Lo más terrible de estos seis meses es aguantar que el Gobierno te diga que me lo mataron cuando no tienen pruebas. Jorge acaba de cumplir 20 años y lo sigo esperando en casa", dijo con los ojos rojos, no del llanto, sino de la rabia.

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