Las Palmitas: Un barrio atemorizado por las armas de “El Bebe”

Luego de sangrientos enfrentamientos entre bandas para dominar Las Palmitas, “El Bebe” se quedó con el poder.

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Armas

Notitarde.- El corazón palpita con mayor intensidad a medida que se acercan con sus armas largas. Correr no es una opción para Patricia. Como puede, controla sus piernas ya dominadas por el miedo y las obliga a esperar.

Hace un esfuerzo inútil para no verlos, pero sus estrambóticos armamentos le impiden girar la mirada. Ellos ya la vieron. Los segundos se vuelven una eternidad para esta joven que eleva una plegaria a Dios para poder pasar desapercibida ante la malacia infinita de quienes dominan su barrio.

Se detienen frente a Patricia, nombre ficticio. Los maleantes pueden oler el terror que ella les tiene… nada pasa. Solo una petición que la temerosa muchacha cumple al pie de la letra. Le piden que entre a su casa.

Nada está escrito, pero las familias que viven en Las Palmitas lo saben. Salir a la calle después de las nueve de la noche es jugarse la vida. A partir de esa hora, los 38 sectores que conforman ese barrio están bajo el control de quienes a través de la violencia establecieron su ley hace cuatro años.

Mencionar a Iomar Antonio Herrera pudiera ser, para la mayoría de los valencianos, el nombre de un desconocido más, pero su apodo, “El Bebe”, les trae a su memoria de forma inmediata que él comanda la poderosa organización delictiva que impuso sus órdenes en ese barrio de la parroquia Rafael Urdaneta de Valencia.

La megabanda ya ha tenido varias bajas, entre enfrentamientos y aprehensiones. Sin embargo, esto no les ha impedido que su poderío se mantenga en Las Palmitas.

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Las leyes impuestas con las armas de “El Bebe”

Luego de sangrientos enfrentamientos entre bandas para dominar Las Palmitas, “El Bebe” se quedó con el poder. A partir de allí comenzó a establecer sus propias leyes, que los habitantes deben cumplir si quieren coexistir con el que manda.

Aunque no les prohíben salir de sus casas. Los vecinos saben que una herida de arma de fuego, que muy probablemente pudiera ser mortal, es una de las consecuencias de caminar por las vías públicas. El sector cuatro es el refugio de estos asesinos.

Sea de día o de noche el barrio les pertenece, pero las horas nocturnas abre paso a la “luz verde” para tomar cada recoveco y hacer cuanto se le atraviese en su imaginación delincuencial.

La venganza es una de ellas. Carolina del Valle Rodríguez, de 38 años, es un trágico ejemplo del elevado índice de maldad de estos criminales. La joven suministraba información de los homicidas a un Policía de Carabobo.

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Facilitar datos a los policías se paga caro en Las Palmitas. A la mujer la asesinaron, decapitaron y evisceraron. Su cuerpo lo colgaron en un poste de Tierra Bolivariana, en Las Palmitas. Junto a un mensaje en el que se leía. “No queremos sapos acá y va para cada uno de esos chismosos de Las Palmitas”. Eso fue parte de lo que escribieron quienes se autodenominan “la organización mmgvo”.

Robar no es un negocio en ese sector, al menos si no se forma parte de esta bien estructurada alianza ilícita que lidera “El Bebe”. Azotar a vecinos también se paga con la vida en esta comunidad. Algunos de los habitantes se sienten satisfechos con esa medida.

“Para mí no es algo que haya que celebrar porque se va formando esa creencia entre los niños que ya piensan ser de grandes delincuentes”, lamentó una habitante que optó por no identificarse.

La tercera regla inviolable está vinculada con la comida. Cada uno de los sectores que conforman Las Palmitas deben entregarle una caja del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP) a esa asociación delictiva. No tienen muchas opciones, pues de lo contrario los dejarán sin nada.

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Hay esperanza

A pesar de que la maldad es la reina en Las Palmitas, hay quienes están convencidos que desde su lucha pacífica y religiosa es posible que en los niños de esa comunidad germine la esperanza de un futuro alejado de tanta destrucción.

Vecinos que son cristianos evangélicos inculcan a través de sus charlas educativas el rescate del respeto, honradez y responsabilidad. En fin, valores que cada día se hacen más imperiosos en una comunidad que está atrapada entre los hierros de un delincuente que tanto daño ha hecho a la sociedad.

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