Laurentzi Odriozola

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En 2012 recibí una llamada de Laurentzi Odriozola, a quien no conocía, para informarme que la edición de aniversario de Notitarde de ese año estaba dedicada a los venezolanos que han tenido carreras exitosas en el exterior, y que querían que los ayudara a contactar candidatos para las entrevistas. Me citó en un café de la ciudad, donde conversamos por primera vez, hablaba con pasión de su Notitarde, de cómo era el segundo en ventas del país, el diario de la gente más humilde, baluarte de la prensa independiente. Evidentemente quedé enganchado por el proyecto y así comenzó mi relación con este diario y con su legendario director.

Nos debíamos reunir todas las semanas, el primer día que fui me perdí, me di cuenta de que no sabía dónde quedaba el diario y tuve que pedir direcciones para poder llegar. Ese día llegué antes de la hora, por lo que fui invitado a esperar en esa gran mesa redonda, como Camelot. Allí sentando me imaginaba que la redacción de un periódico era un ambiente bohemio y culto, pues la gente que trabajaba allí debía ser muy creativa y ávida lectora, eso me gustaba, pues así es el ambiente científico. En esa mesa fui testigo de cómo se hace un periódico; recibí clases de comunicación social dadas por periodistas de todas las fuentes. No me equivoqué acerca del talento, la creatividad y la capacidad para hacer cosas extraordinarias de esos científicos de la comunicación, y Laurentzi era el jefe del laboratorio.  Al año siguiente fui invitado nuevamente a colaborar en una edición de aniversario y debo decir que ésas han sido de las experiencias más divertidas y estimulantes de mi carrera. 

Como sabía que era una oportunidad única y breve, traté de absorber todo lo que pude de Laurentzi y de lo que pasaba allí, vi cómo conseguía que las cosas se hicieran, él no es ningún caramelito, pero como exige, también da. Para una edición de aniversario quedé encargado de escribir 3 notas, sin saber mucho del estilo que se esperaba de mí, las escribí académicamente, como describiendo una cirugía de hemorroides, una verdadera porquería. Cuando él leyó el material me dijo sin rodeos: «tu escritura es demasiado flat, eso no es lo que yo quiero para el periódico»; entendí lo que me quería enseñar, quería vida, así que modifiqué los escritos y les di algo de eso. La verdad es que él quería que escribiéramos como su adorada Faitha Nahmens, pero ella nunca tendrá buenos imitadores.  A la segunda vez sí pasé el filtro.  

Poco tiempo después me invitó a escribir esta columna, me dijo que era libre de escribir lo que quisiera, pero con respeto. Le dije que escribiría sobre temas que para mí eran importantes y que no tenían tanta vitrina en mi opinión. Mi papá fue columnista de El Carabobeño 10 años, así que fue algo especial para mí esta oportunidad. Antes solo escribía en mi blog, donde ponía lo que quería y como quería, acá tengo límite de espacio y fecha de entrega. He aprendido a usar la síntesis para llevar el mensaje en 3.590 caracteres con espacio. No puedo darme el lujo de errores ortográficos o inexactitudes, por lo que tengo que revisar y revisar, aunque sigo cometiendo errores. Laurentzi, Ricardo Degwitz y Notitarde me hicieron un gran regalo, el de reaprender a escribir. 

Horas antes de la reunión que anunciaba su partida le escribí un mensaje dándole las gracias, sabía que sería un día de emociones para él, y para todos. Tú siempre serás sinónimo de Notitarde, director, tus periodistas y toda la sociedad siempre te lo recordarán. Para mí fue un privilegio.

http://rubendarioperalta.blogspot.com   @rubendperalta

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