Lenta respuesta de OEA en Venezuela evidencia limitaciones para actuar

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Washington, 8 marzo 2014.- La lenta respuesta de la Organización de Estados Americanos (OEA) a la situación en Venezuela ha evidenciado la dificultad del organismo para actuar ante una crisis política, lastrado por su división interna, sus limitaciones normativas y una lluvia de críticas de todos los frentes. 

"Las herramientas que la OEA tiene para actuar, a no ser que la crisis sea verdaderamente grave y haya una falta de gobernabilidad, son muy pocas", advertía el secretario general del organismo, José Miguel Insulza, al intervenir este miércoles en un centro de estudios. 

Así parecieron confirmarlo las negociaciones secretas que retrasaron más de una semana la convocatoria de una sesión sobre Venezuela en el Consejo Permanente y la adopción, la noche del viernes, de una declaración muy satisfactoria para el Gobierno venezolano y que descarta las opciones más rotundas de acción. 

Como en otras crisis, el único organismo regional que reúne a todos los países con la excepción de Cuba se ha visto atrapado entre la advertencia de no reavivar su supuesto pasado de "títere" de EE.UU. y la frustración de varios países y de parte de la sociedad civil por su silencio frente a la situación en Venezuela. En su discurso de la sesión del jueves, la primera de las dos que tuvieron lugar en el Consejo Permanente, Insulza rechazó las acusaciones del presidente venezolano, Nicolás Maduro, sobre la supuesta pretensión de "injerencia" que la OEA había cometido al esbozar siquiera la posibilidad del envío de una misión al país. 

Desde hace tiempo, según Insulza, la OEA aplica "una mano bastante pareja en todos los conflictos del continente", y acusaciones como la de Maduro responden a un "fetiche del pasado" que perpetúa una impresión equivocada pero latente desde los tiempos de "dictaduras militares" en el continente. 

Sea debido a ese lastre o no, la OEA lleva varios años tratando de perfilar sus virtudes frente a otros foros que se presentan como alternativa regional, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). 

Ambos organismos reaccionaron dos semanas antes que la OEA a la situación de protestas y violencia en Venezuela, y sus declaraciones fueron muy similares a la aprobada el viernes por amplia mayoría, 29 votos a favor y 3 en contra en el Consejo Permanente. 

Esa falta de apoyos quedó clara en el llamado a la acción de Panamá, respaldado únicamente por EE.UU. y Canadá contra una gran mayoría del Consejo que volvió a apoyar a Venezuela, que en la última década ha cosechado el favor rutinario de los países del Caribe y aquellos afines a la Alba. 

A ello se suma que el Gobierno venezolano ha pedido que sea Unasur, y no la OEA, quien se pronuncie sobre la situación en el país, en parte por considerar que "es más eficiente", en palabras del canciller venezolano, Elías Jaua. 

La apuesta de Panamá le salió cara, con la ruptura por parte de Venezuela de las relaciones diplomáticas.

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