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El expresionismo de Rodolfo Villaplana
Pedro Douaihi Toledo
Poder vivir e instalarse como artista, en la llamada "Cuna del
Arte", ha sido siempre un anhelo para cualquier pintor. Caminar por
Florencia y nutrirse de los museos y galerías de la Toscana italiana
se ha vuelto realmente un privilegio en las últimas décadas.
Un privilegio que conscientemente aprovecha en estos momentos, el joven
y prometedor pintor Rodolfo Villaplana, quien además divide su tiempo
artístico con ocasionales estadías en París, pero sin
olvidar sus raíces, involucrándose igualmente, cuando su tiempo
se lo permite, en lo que ofrece el ambiente cultural de nuestra ciudad capital,
Caracas. Oportunidad que se me presenta a través de Mariana Bencomo,
para mostrar un trabajo, que busca abrirse paso en otras latitudes.
"Creo me considero un 'irreverente', frente a las escuelas o academias
de arte. He realizado estudios en arte puro en la Escuela de Arte de San
Carlos, en España, así como en la Armando Reverón de
Caracas y en la Arturo Michelena de Valencia, pero no tuve la infinita paciencia
de verme graduado, ni de esperar mi título". "Soy de cierta
manera un autodidacto, comenzando mi camino artístico con lo que
había aprendido, pero lo he compensado ampliamente a través
de lecturas importantes, vivencias y mucho trabajo". Para Villaplana,
las academias de arte son "tortuosas e indefinidas". Piensa que
forman más "críticos de arte y profesores" que artistas
en si.
Rodolfo Villaplana centra la figura humana como la indiscutible protagonista
de su obra plástica. No en vano se involucra en un estudio realizado
sobre una escultura de Bernini, el famoso escultor italiano de las estatuas
de las fuentes de la Piazza Navona de Roma. Una pieza presente en la Iglesia
de San Francisco de Ripa, en el centro de la ciudad, en la cual Villaplana
se basó para recrearla a su manera, recibiendo los mejores comentarios
por la crítica especializada, que llegó igualmente a ser expuesta
en el interior de la misma iglesia. Obra a gran formato, que no pasó
desapercibida, logrando la transformación erótica, de la santa
en éxtasis.
Villaplana nace en Valencia, Venezuela, en 1975, residenciándose
entre París y Toscana desde hace 7 años aproximadamente. "Roma
me subyuga. Es el más grande jardín cundido de arte",
realizando su primera exposición individual en el Centro Cultural
"Palazzo Della Civilta Italiana".
El "expresionismo" de Rodolfo Villaplana se identifica con
la realidad temática de su sujeto o propuesta a desarrollar. Se expresa
a través de lo visto, de las escenas retenidas en su memoria, trabajando
pocas veces con modelos. Se intuye de manera sensorial y transfigura psicológicamente
los rostros o personajes a los cuales se aferra. Su "realidad plástica
y expresiva" es rica en situaciones y sentimientos, tratando de lanzar
al infinito y a la polémica, los aspectos resaltantes del ser a perpetuar,
que la cultura o las llamadas costumbres, con indiferencia se han empeñado
en esconder. Escenas muchas veces de impactante crudeza, que en definitiva
hacen parte de la raza humana. La miseria humana, en el mejor sentido de
la palabra, trata de llevarla a cabo, mostrándola y escenificándola,
a manera de reivindicación, con la presencia de personajes marginales,
lo que se nos presenta como un reconocimiento de esa marginalidad, cuando
trata de sublimar, a través de su pintura, una triste realidad palpable.
El ser profundo de los indigentes, los mendigos o los "clochards"
de París, tratando de encontrar en el ser de su modelo la parte que
es inherente a su propio ser. La emoción de Villaplana y la expresión
de sus sentimientos representan la realidad objetiva en la cual encamina
su obra.

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