Valencia, 06 de mayo de 2007

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Fred Zinnemann:

El penúltimo vienés de Hollywood

Durante la posguerra fue considerado junto con George Stevens y William Wyler, uno de los realizadores con mejor reputación en Hollywood.

Tras el estreno de Sólo ante el peligro, en 1952 y De aquí a la eternidad, en 1953, alcanzó un enorme éxito que cambió su imagen y lo convirtió casi de la noche a la mañana en un director estrella, equiparable a los dos más cotizados de aquellos años: William Wyler y George Stevens.

Bajo su aspecto tímido y contemporizador, de carácter apacible y voz suave, había una persona de convicciones firmes, que aceptaba negociar con los ejecutivos de los estudios cuestiones que consideraba adjetivas, pero que no cedía ante ellos un milímetro en los territorios que veía como fondo de su trabajo: las ideas que se movían en la película y la dirección de los actores.

Encumbró a Donna Reed y Paul Scofield quienes recibieron el Premio Oscar, que también logró para Gary Cooper. Los actores lo adoraban. Robert Mitchum dijo que nadie le había dirigido con tanta elegancia y precisión. Extrajo prodigios del rostro de Vanesa Redgrave en Julia (1977) y encarriló a Sean Conery hacia la etapa cumbre de su carrera en Cinco días, un verano, magnífica película que dirigió en 1982, su último trabajo. Incluso hizo ganar un oscar a Frank Sinatra por De aquí a la eternidad, enseñándole el abecedario de la dramaturgia a un cantante verde en ella.

En los últimos años, a raíz de la revisión de su obra en Berlín y del mea culpa de algunos de sus más furibundos detractores de antaño, su cine obtuvo una creciente rehabilitación, que llegó a los historiadores de la pantalla, quienes han comenzado a ver de otra manera sus películas, descubriendo en ellas complejidades que antes pasaron inadvertidas.

Fred Zinnemann nació el 29 de abril de 1907, en una familia austriaca conservadora y acomodada. Cursó muy joven estudios de violín con la esperanza de llegar a ser músico profesional.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Viena, la visión de filmes de Stroheim, Vidor y otros directores provocó que Zinnemann encaminara progresivamente sus pasos hacia lo que desde hacía tiempo ya era su verdadera vocación: el cine.

Así, dejó la abogacía y se fue a Berlín. En 1927 Eugen Shuftan, genio de la fotografía, lo contrató como ayudante. Su interés por el cine lo llevó a estudiar fotografía en París y trabajó como ayudante de cámara. En 1929 emigró a los Estados Unidos y se estableció en Hollywood, donde inmediatamente entró en círculos próximos a sus paisanos vieneses. La actriz y guionista Salka Viertel, íntima amiga de Greta Garbo y de Serguéi Eisenstein le acogió en su célebre mansión, en cuyos salones se abrió la puerta a una colaboración que resultó decisiva para su aprendizaje: un contrato de ayudante con el marido de la anfitriona, Berthold Viertel, con quien trabajó en cuatro filmes como extra y más tarde como asistente de realización.

En 1934 Zinnemann decidió independizarse y, por recomendación del fotógrafo Paul Strand, debutó como director en México; realizó su primer trabajo cinematográfico bajo la fuerte influencia de Eisenstein en Redes, drama social actuado por los pescadores de Alvarado, Veracruz, con el que logró ganarse el pasaporte de documentalista y cortometrajista.

Regresó a Hollywood, contratado por la MGM como director de cortometrajes, ganado el Oscar en esta especialidad. Después de realizar 18 cortometrajes, debutó formalmente como director con The Kid Glove Killer. En 1942 realizó su primer largometraje de ficción, Eyes in the night, que inició la escalada al estallido de que le situó en la cumbre, ya que obtuvo ocho premios Oscar, entre ellos, Mejor Película y Director. A Man For All Seasons recibió el Oscar a Mejor Película, Actuación Masculina y Director; y Julia, historia autobiográfica de Lillian Hellman, ganó tres oscares.

Sin embargo, al mismo tiempo que alcanzó el reconocimiento en Estados Unidos, en su Europa comenzó a objetársele con dureza. El rechazo a Zinnemann lo desataron algunos jóvenes críticos de cine franceses que, entre las décadas cincuenta y sesenta, prepararon modelos de renovación formal que más tarde dieron lugar al cine de la llamada nueva ola.

En los últimos años de su vida estuvo inactivo, debido a las agrias críticas que se hicieron a su última cinta, y en gran medida como protesta en contra del cine comercial hollywoodense; incluso se afilió al Directors Guild of America, organismo que defiende la iniciativa personal del creativo. Zinnemann se mostró impaciente ante el nuevo Hollywood y comentó, en 1992 para El Heraldo: "Hoy veo las cosas muy distintas: contadores y abogados son quienes se encargan de la industria fílmica. Si uno pretende hablarles de amor hacia el cine, estoy seguro que ignoran a qué se refiere uno".

Fred Zinnemann murió en 1997 en su casa de Londres, borrando la penúltima huella del rastro que trazaron hacia Hollywood los hombres de teatro y cine que emigraron o huyeron de Viena antes y durante la nazificación de Austria en los años treinta (www.canal22.org.)

 

 

 

 

 

 

 


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