Líderes servidores, no reyes y señores

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Jeickson Portillo
El liderazgo, más que un privilegio, ha de ser una responsabilidad, puesto que es la función que determinadas personas desempeñan con la capacidad de motivar, inducir o dirigir a otros a realizar ciertas acciones. El liderazgo puede ser positivo, cuando encamina a otros hacia el logro de metas u objetivos que generan un bien, enmarcados en principios y valores apegados a la moral y buenas costumbres, las leyes y el respeto a los demás; o un liderazgo negativo, cuando el fin que persigue la acción o el líder es el mal.
Enfocándonos en el liderazgo positivo, esa persona que ejerce liderazgo, llamado Líder, reafirma su liderazgo, en la medida en que sus decisiones beneficien a aquellos que le siguen y los lleven a alcanzar los objetivos previamente establecidos. Un líder debe tener: Visión, es decir, la imagen futura del fin esperado; capacidad o habilidades de comunicación, de modo que pueda transmitir a otros la visión, idea o plan que tiene; gracia para con la gente, que goce de carisma y características que lo hagan agradable para los demás; poder de influencia, el cual no es dado simplemente por el cargo o título de líder sino que es el resultado de sus acciones, estilo de vida que es de buen ejemplo entre quienes lo ven, oyen y se hacen sus seguidores; comprensión del servicio, entiende que un líder no es un rey, sino un servidor que ayuda a otros a alcanzar el bienestar, no siendo un jefe que manda, sino un motivador que impulsa y cuya autoridad proviene de la confianza que en otros produce para seguirlo. Un líder debe saber hacia dónde va y cómo llegar a ese lugar.
Podríamos ser extensos en seguir enumerando cualidades que debería tener un líder, gran cantidad de autores han escrito al respecto y por siglos; pero en cuanto a mí, bien asocio la imagen de un buen líder con la imagen de un buen pastor.
Un pastor, tiene la misión de llevar a las ovejas a un lugar donde hallen delicados pastos, y darle de comer; apacentarlas, lo que indica cuidarlas y que estén en paz mientras comen; las fortalece y cuida su estado de salud; las protege ante la acechanza de lobos que intenten dañarlas y pelea por ellas; si alguna se sale del camino usa su cayado para volverla a él y si se cansa le infunde aliento, a punto de cargarla para llevarla a lugar deseado. Sus ovejas oyen su voz y lo siguen.
El pueblo anhela ser pastoreado; disfrutar de ese liderazgo positivo que le brinde seguridad y garantice protección, alimento y salud; que lo guíe; no un liderazgo que ejerce señorío sobre la gente sino que se basa en el servicio a la gente, y que al momento de tomar decisiones no lo hace desde una posición de rey soberano, sino como quien es siervo, considera por encima de su propio bien el bien de aquellos a quienes lidera.
La nación enfrenta dificultades, problemas que no tienen distingos de clases sociales o niveles académicos, tampoco discriminan entre hombre o mujer, niños o adultos. Nos encontramos con un momento en donde unos y otros ríen o lloran por las mismas causas: contar o no con servicios públicos, conseguir o no un medicamento, estar al lado de sus familiares y seres queridos, o despedirse de ellos. Somos ovejas en igualdad de condiciones, con necesidades, deseos, sueños, capacidades, habilidades, voluntad; somos parte de este gran redil llamado Venezuela; y requerimos el liderazgo de un buen pastor.
Por:  Jeickson Portillo
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