Los Bombarderos en Maiquetía

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Decía Carlos Marx que la historia se repite, una vez como tragedia y otra como comedia (como farsa, en otras traducciones). Pues sí, la potencialmente trágica crisis de los misiles rusos en Cuba en 1962, lejano episodio del ya inexistente mundo de la Guerra Fría, tuvo una inesperada reedición: los bombarderos rusos en Maiquetía. En el primer caso, el mundo aguantó la respiración ante el riesgo de una mortífera guerra nuclear, lo segundo generó una mezcla de risas con vergüenza. Tanto es así, que los aviones rusos se retiraron sin la alharaca con la que llegaron.

Lamentablemente, el Estado venezolano se presta como marioneta a los conflictos geopolíticos entre Rusia y Estados Unidos. Ninguno de los bandos en ese conflicto, se interesa por el bienestar de los venezolanos, solo somos proveedores de petróleo (por cierto malos proveedores desde que PDVSA fuese quebrada por la Revolución), lugar para pruebas de armas (letales para quien las compra, como lo comprobaron los pilotos de helicópteros rusos estrellados hace unos años atrás), o como laboratorio para experimentos económicos (producto de la «creatividad» China, Rusa o de post comunistas españoles).  Los intereses de los venezolanos, desde la perspectiva de las grandes potencias en conflicto, son secundarios, incluso, prescindibles.

Vladimir Padrino se jactaba, junto a la tripulación de los bombarderos rusos en Maiquetía, y decía: «Venezuela no está sola, lucharemos palmo a palmo en defensa de Venezuela» y, horas después, tras una declaración de la Casa Blanca, los aviones rusos tenían órdenes de retirarse. Rusia nos dijo, sin palabras, que ciertamente son nuestros aliados pero que los muertos en una guerra los pondrá exclusivamente Venezuela. Lo mismo nos diría China (cuyo interés en Venezuela es fundamentalmente económico) y también Turquía, Irán y Cuba (dado que tienen suficientes problemas como para cargar con los nuestros). Ese es el grado de «compromiso» de nuestros aliados. Del otro lado, encontramos al presidente Colombiano que, ante el auténtico gesto inamistoso de traer bombarderos con capacidades nucleares al vecindario, sugirió en caso extremis la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), es decir, en esa hipótesis de guerra lucharíamos contra Colombia y el resto del continente, ¡solos! considerando el «compromiso» de nuestros «aliados». Definitivamente, nuestra estrategia militar no aparece en ningún manual dado que su máxima parece ser la suicida recomendación: «une a tus enemigos e incrementa su número, luego, búscate aliados poco confiables y dubitativos»…. Derrota segura.

Afortunadamente las posibilidades de guerra son escasas, en principio, porque Venezuela tiene todo menos capacidades para enfrentar un escenario bélico. En medio de una contracción económica de 5 años de duración, una población hambrienta y famélica, un ejército desmoralizado, un gobierno ilegítimo y corrupto, todo esto sugiere que no somos capaces ni siquiera de disuadir a los frentes guerrilleros colombianos, cuya derrota militar en su país les sirve como aliciente para anexionar territorios venezolanos a su criminal asiento, sin miedo a nuestras envejecidas milicias y gordos generales.

Decía Rómulo Betancourt que la expresión «ciudadano del mundo» no le agradaba, el sin dudarlo prefería hacer prevalecer los intereses de su país por sobre los otros. No podríamos estar más de acuerdo. Son los intereses de Venezuela, los que deben prevalecer. Ni los de Rusia, ni China, ni Cuba, ni Turquía, ni Estados Unidos, ni los del resto de América Latina. Solo los intereses de Venezuela, pero eso definitivamente no es lo que mueve al régimen militar ya que, tras la muerte de Chávez, mutó de dictadura personalista a dictadura consular. De peor a pésimo.

Bueno queridos lectores, aspiro a un nuevo año 2019, completamente distinto a este terrible que terminamos. Con la convicción cierta de la inviabilidad de este régimen corrupto, tendremos que dar un paso importante hacia la recuperación de la democracia, la verdadera felicidad y desarrollo de nuestra nación. A pesar de las adversidades, Feliz Año Nuevo paras todos.

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