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martes, 03 de octubre de 2017

Los catalanes: Votar a pesar de todo

(Especial/Notitarde)

Los catalanes: Votar a pesar de todo

Laura Antillano

Toda la vida hemos escuchado acerca del pueblo catalán.

En la escuela, aun cuando apenas se referían a la llegada de los españoles a América, se hacía distinción con relación a la presencia de los catalanes en esos grupos emigratorios.

Cataluña plasma un sello que señalaba ya una distinción relativa a la afición por el conocimiento, la destreza en asuntos de mercadeo, la superlativa extensión en área de cultura, el entrenamiento en discusión de ideas de vanguardia. Salvador Dalí, Joan Miró y Antoni Tàpies, el gran arquitecto Antonio Gaudi, alma de Barcelona. Realizadores de cine de primera como Vicente Aranda o Isabel Coixet. Escritores de la talla de Ana María Matute, Manuel Vázquez Montalbán o Mercé Dororeda.

En fin, la gran Cataluña, ya sabemos. 

Pues ocurre que se les ocurrió insistir en hacer el referéndum, con el cual quieren declararse nación independiente, y hay que ver todo lo que sucedió.

El mundo entero con los ojos puestos en su gesto, y la debacle de repuesta no se hizo esperar.

Por la tele habíamos visto ya a la gente convocada en las escuelas, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores organizado, arreglando sus espacios en las escuelas para amanecer votando por la defensa de sus ideas. Sin violencia, sin barricadas ni explosivos, solo las urnas de votación y sus listas, solo la comunidad organizada para responder al señalamiento de sus ideales, con canciones, sonrisas, señalamientos de paz colectiva.

Y la reacción de la opresión no pudo ser mayor.

Los videos que circulan desde primeras horas por todas las redes sociales muestran la sangre corriendo por los cuerpos de quienes intentaban la democrática señal de llegar a las urnas a depositar sus votos.

Gente golpeada y arrastrada, sacada a empeñones de los centros de votación. A pesar de la brutal agresión policial más de dos millones de catalanes lograron llegar a las urnas y colocar sus votos. Algo que podía haberse realizado sin mayores escenas salvajes. Había una mayoría a quienes, si les hubiesen permitido acceder a las urnas de votación habrían dado cuenta de sus opiniones acerca de la posibilidad de separarse de la nación como estado independiente, pero en ese caos no era posible.

Es asombroso que exista quien justifique la golpiza sin medida de los cuerpos policiales sobre la gente, para impedirles acceder al material electoral. Muchos tuvieron que dirigirse a centros de votación lejanos a los que les correspondían para huir de la represión y el acoso. El abuso de las autoridades para imponer su punto de vista llegó a límites asombrosos. Aun así se tuvo una participación de más de dos millones doscientos mil electores.

Un acto simbólico que nos llena de asombro y ratifica la imagen de coraje y sentido democrático del pueblo catalán. Nos ha recordado los empeños de Serrat de cantar en su lengua cuando se prohibía, y de la acción de catedráticos universitarios que incurrían en el mismo gesto en sus universidades, cuando era imposibilitada la comunicación en su idioma. Golpearles, azuzarlos, robar el material electoral, impedir el gesto de votar, no es precisamente una acción que señale una imagen de demócrata al gobierno español.

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