Madre y pareja

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Es necesario analizar y reflexionar sobre las responsabilidades o roles en el desarrollo evolutivo que tiene la mujer. Uno de ellos, tal  vez el principal, es el rol de madre, la vivencia inicial del noviazgo en donde su intensidad y entrega es notable unida a la actitud placentera, creativa, marcada por la abundancia de un tiempo sin límites para compartir, sentirse deseada y sobre todo el cuidado femenino. Por ende, con el nacimiento de los hijos estas características tangibles y de vital importancia en la relación de pareja se ven afectadas, quieran o no.

Se debe revisar el concepto de lo que es ser madre, apartando las etiquetas o estereotipos culturales que no se adaptan a una nueva dinámica social; la mujer actual se ha reivindicado a través de los años reconociéndole su crecimiento, maduración e incorporación a una sociedad productiva en donde refleja ser el pilar no solo de la familia, sino de la sociedad misma. Asimismo, surgen las siguientes interrogantes: ¿Es buena madre aquella que pasa el 100% del tiempo con los hijos? ¿Es necesario ejercer el rol de madre entregada, sacrificada y olvidada de sí misma, para sentirse bien o cumplir como madre? ¿Necesitas irradiar una imagen de madre modelo, ante tu marido, hijos y sociedad? En conclusión, ¿para sentirte una verdadera madre tienes que abandonarte como pareja? ¿Mis hijos son lo primero? Las respuestas se las dejo a su consideración, mis respetados y apreciados lectores, ya que este artículo no es exclusivo para las madres o mujeres, sino para la pareja (hombre y mujer), para reflexionar juntos, donde surjan acuerdos respetando las vivencias o diferencias individuales, analizando la forma de abonar a la relación como órgano vital; que sin descuidar, abandonar o desatender la crianza de nuestros hijos  podamos fortalecerla, recordando que en un mañana ellos también construirán igualmente una relación de pareja.

En consecuencia, recordar que tener hijos no es olvidarse, tirar al cesto de la basura o enterrar el placer, el deseo, el crecimiento personal, académico o profesional, es no dejarse absorber por las necesidades exclusivas de los hijos; la madre en primer orden debe mantener, como siempre, que no se es mala madre si planifica su tiempo y se ocupa de sí misma, que ni el AMOR a sus hijos ni su dedicación a ellos tienen como recompensa el desapego afectivo, emocional y sexual de su pareja, no se construye abandonando.

Por ende, la madre debe incorporar al hombre en la planificación y la distribución del tiempo dedicado a sus hijos, asumiendo que la cantidad no hace la calidad, organizar juntos, no solo quién coloca el pañal a determinada hora, quién otorga el permiso o castigo a los hijos, quién los lleva al colegio; no es esto a lo que me refiero, ya que es parte de la dinámica inalterable de la familia; me refiero a planificar sus cambios, crecimiento y satisfacción de momentos juntos como pareja, adaptarse a esos cambios sin perder el afecto ni el amor. Por ello, no existen, en mi opinión, madres ni padres perfectos, lo que sí deben asumir ambos es entender sencillamente que lo que no se atiende se deteriora; así como un objeto material sufre por la falta de mantenimiento, en la relación de pareja sucede lo mismo.

Si bien es cierto que el tiempo cambia y madura la relación con la llegada de los hijos, no es menos cierto que tanto la madre como el padre se olviden de ser pareja para convertirse solo en los padres de sus hijos, contribuyendo así con el deterioro de la relación y justificar buscar fuera lo que no existe dentro, generando las famosas crisis.

Al final, la madre no puede olvidar que es el capitán y arquitecto de su propia vida y, por ende, líder de su propia existencia. Suerte. Éxitos.

 

(*) Orientador-terapeuta.

[email protected]

Instagram: _simongarcia.

 

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