?Magallanes para todo el mundo! (2097807)

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Valencia, enero 30 (Carlos Flores).- El olor era fuerte… casi f?tido… olor a cerveza vieja, broncas, triunfos ?picos y tr?gicas derrotas; el t?pico perfume maquiav?lico, brutalmente varonil y casi medieval, que impregna las esquinas de los estadios de b?isbol profesional… particularmente los caribe?os. Aquel aroma a testosterona rancia, sudor, alboroto y casi-demencia penetr? mis j?venes -y a?n v?rgenes- fosas nasales, trayendo consigo un ventarr?n de enigmas y promesas de grandes aventuras listas a ser protagonizadas desde ese momento en adelante… porque a los 12 a?os de edad comprend?, instant?neamente, que el mundo que yo conoc?a era min?sculo, insignificante, ?un verdadero chiste!, en comparaci?n con la monumental grandeza que pude presenciar al echar el primero e inolvidable vistazo al campo de juego del glorioso estadio Jos? Bernardo P?rez, en la ciudad de Valencia, estado Carabobo, en Venezuela; una rareza entre los de su clase, puesto que el tri?ngulo del home apunta hacia el polo sur, mientras que en la mayor?a de los recintos beisbol?sticos apunta en direcci?n norte.

?se es el hogar de los legendarios Navegantes del Magallanes, el equipo con m?s seguidores en todo el territorio venezolano y que, justo durante la explosiva noche del 28 de enero de 2014, obtuvo el campeonato de la Liga Venezolana de B?isbol Profesional (12? en su historial y repitiendo la corona del a?o pasado)… oxigenando, al menos por necesarios instantes, el extra?o y rudo panorama pol?tico-social que desde hace alg?n tiempo devor?, a punta de degenerados mordiscos afilados -cual diab?lica pira?a gigante-, las vidas de los habitantes de este pa?s… y es que cuando hay b?isbol por medio, los venezolanos olvidan, a fuerza de batazos y estruendo deportivo, cualquier tipo de diferencia que tengan, sin importar su contundencia. Y es que dentro del estadio, chavistas y opositores brindamos con soberanas dosis de cerveza y absoluto y bendito y persistente descontrol… y celebramos como que lo ?ramos y somos (pero que olvidamos): hermanos.

Aqu?lla, la de 1987-1988, fue mi primera temporada como fan?tico activo de los Navegantes del Magallanes (en comparaci?n con Norteam?rica, ser?a casi como hablar de los Yankees de Nueva York). Y esa tarde, un domingo soleado como tantos y tantos que he presenciado en Valencia, me acomod? en una de las duras sillas met?licas del estadio para dejarme caer al vac?o hasta ser absorbido por lo que llamo “el esp?ritu de la pelota”… esa efervescente amalgama de sensaciones que solo quien ha re?do y llorado por un equipo de b?isbol sabe reconocer…

S?, porque no tiene nada malo padecer y llorar a causa del b?isbol… Porque hasta los m?s machos, hombres, realmente hombres en el b?blico significado de la palabra, han sufrido al ver cuando el equipo contrario te deja en el terreno, en lo que a la postre resulta ser un juego importante… entonces el hombre, el “macho alfa”, sucumbe con honor (y full l?grimas) ante semejante duelo que se perdi?. Entonces no queda otra sino levantar la mano, hacer una se?a y visualizar a los vendedores de cerveza quienes, a medida que transcurre el partido, adquieren tanta importancia como el juego en s?. Muchos de ellos tienen ese trabajo a?o tras a?o; se conocen los pasillos, los n?meros de cada silla, las an?cdotas m?s infames de cada jugador; ellos son los que mandan. La mafia. La Cosa Nostra. Con cada vaso de fr?o y espumante elixir que entregan, se establecen v?nculos; amistades, se hacen panas por aqu? y all?.

Durante un juego, el vendedor de cerveza, gavera llena de botellas al hombro y vasos desechables a un lado, es la persona con la que todos terminan conversando, intercambiando opiniones; mientras llenan un vaso aprovechan para tomarse el restante dejado en la botella y, en ese intervalo, en ese sagrado break et?lico, narran las epopeyas de las temporadas pasadas: aquellos herc?leos jugadores que pisaron tierras venezolanas y se uniformaron de magallaneros: el entonces novato Barry Bonds, para la temporada 1985-1986, el gran lanzador Orel Hershiser en la 1982-1983; Dave “La Cobra” Parker en los a?os 70… tantos nombres, cada uno representa recuerdos personal?simos para todos los que llegaron a posar sus nalgas en esas sillas tan duras e inc?modas como perfectas. Si bien pap? no me compr? una cerveza en ese primer juego a los doce a?os, ?l s? disfrut? varias rondas…

Con los a?os, el b?isbol y, sobre todo, el fanatismo por los Navegantes del Magallanes sirvieron como un puente seguro en la relaci?n que ten?a con mi padre. El deporte siempre ha sido nuestro tema com?n; pudimos haber discutido fuerte y por temas en los que tal vez ninguno ten?a raz?n, pero si habl?bamos de Magallanes, las rencillas se disolv?an como una bola r?pida de F?lix Hern?ndez desplaz?ndose directo al home. Al crecer, el hijo muchas veces deja a un lado las figuras familiares en busca de la independencia, pero (al menos yo sent?a esto) de vez en cuando al acercarme a mi padre y preguntarle qu? opinaba sobre el juego del d?a anterior, sent?a estar bajo su -necesaria- protecci?n. Y esta suerte de terapia casi m?stica tambi?n se aplicaba a la naci?n (espero no haya cambiado). Durante d?cadas, el fanatismo por cada equipo lograba crear impresionantes lazos fraternos, c?mplices… la llegada de la temporada, en el mes de octubre, anunciaba la aparici?n de un oasis sobrenatural donde los problemas comenzaban a ser desplazados por los resultados de cada partido…

Claro, los tiempos cambiaron y se mutaron en el presente: este a?o, el reto es enorme, casi tit?nico: ojal? el campeonato de Magallanes pueda hacernos no olvidar sino reemplazar la pesad?sima carga negativa que ahoga, como el pu?o enguantado de un verdugo, el d?a a d?a de los venezolanos y su paso hacia la Serie del Caribe, que ser? en la tambi?n venezolana isla de Margarita, nos ayude a sentir que todos los que habitamos en el pa?s estamos sentados en el estadio de nuestra preferencia y ah? daremos lo mejor… juntos… como cuando ?ramos ni?os y no exist?an los problemas; como cuando ?ramos felices… y no lo sab?amos.

Publicado por The Huffington Post

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