Los "Mala Copa" contra El Coleccionista de Piernas (2251441)

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    El poeta y ensayista brit?nico Wystan Hugh Auden le dijo un d?a a su esposa, Erika Mann, hija del novelista alem?n Thomas Mann, que “el mal es vulgar y siempre humano, duerme en nuestra cama y come en nuestra mesa”.

    Auden le dijo eso a Erika, luego de hacerle la segunda de casarse con ella solo por conveniencia (pese a que ?l era homosexual), para que adquiriera la nacionalidad brit?nica y as? poder escapar de la Alemania Nazi de Hitler en 1935. Esto viene a colaci?n porque el caso que a continuaci?n relatamos, es tan escalofriante y fue perpetrado por uno de los herederos de las atrocidades de las SS de Hitler en los campos de exterminio en la Segunda Guerra Mundial.

    Ocurri? en Chile en 2013. Con una temperatura de 7 grados cent?grados en Santiago, el invierno hac?a sentir su fuerza en la regi?n central del pa?s sudamericano. Aquel mes de julio, llegaron a la ciudad los investigadores para casos especiales del Cicpc de Venezuela, quienes actuaban encuadrados en la unidad de polic?a internacional (Interpol) a petici?n de la jefatura de los carabineros para que ayudaran a resolver horrendos cr?menes que ten?an consternada a la polic?a.

    Sabiendo que los agentes para casos especiales de la polic?a cient?fica de Venezuela se hab?an enfrentado y resuelto muchos cr?menes espantosos no solo en su pa?s, sino tambi?n en el extranjero, los carabineros respiraron aliviados de tener a estos especialistas trabajando en el caso.

    Conduciendo un Audi por la autopista a los lados del cauce del r?o Mapocho, los agentes se dirig?an hacia los suburbios, pero no pod?an quitar la mirada de los poderoso picos nevados de la majestuosa Cordillera Andina que se levantan hacia el este, como acurrucando a la ciudad. Era una vista impresionante y liberadora, pese al smog que se mezclaba con la niebla para dar al horizonte un gris turbio y tratar vanamente de ocultar la mole que llevaba ah? millones de a?os.

    Santiago tranquilo

    y civilizado

    Aquella ciudad, ruidosa y pujante, llena de museos, parques, galer?as de arte y artesanales caf?s y pubs, era amable y culta. Mientras conduc?a el poderoso autom?vil Audi que les hab?an asignado, el agente Carlos Salinas, llevando de copiloto a su compa?ero Mario Pinto, se hab?a dejado llevar un poco por la magia de Santiago y pensaba que en cualquier esquina podr?a ver al mism?simo Pablo Neruda.

    Aquello era un sitio tranquilo y civilizado; no parec?a para nada el sitio donde viviera un psic?pata destripador, pero desgraciadamente eso era lo que ellos estaban buscando. un peligroso asesino en serie que ahora cern?a su malignidad sobre los desprevenidos habitantes de Santiago. Mientras ca?a una lluvia menuda, a cuyas gotas “les daba flojera” convertirse en copos de nieve, pasaron por el distrito financiero de Los Condes, ir?nicamente conocido como “Sanhattan” donde, entre otros rascacielos, se alza la Gran Torre de Santiago, la m?s alta del pa?s austral y de Sudam?rica, que con sus 300 metros de altura reta in?tilmente los picos andinos.

    Siguieron rodando, pues estaban “perdidos”, como cualquier turista, hasta que finalmente luego de un gran rodeo, llegaron a la Plaza de Armas, donde iban a esperar un contacto de la Interpol. Bajaron del autom?vil pese a que a?n estaba lloviznando. Arreglaron los cuellos levantados de sus gabanes donde se hab?an enfundado para soportar los rigores de la ciudad y miraron hacia todos lados. No hab?a se?as del agente apodado “Guadiana”, quien deb?a estar esper?ndolos en el sitio.

    Mientras esperaban, se dejaron seducir por aquel lugar. Daba la impresi?n de que estaban en Europa. Dejaron vagar la vista, encontr?ndose con palacios amontonados, edificios de cristal, gobernados por la catedral metropolitana de estilo neo-clasicista. La gente caminaba despreocupada, con una sonrisa amable a su paso y segu?an su camino. Carlos y Mario se enamoraron de Santiago y afianzaron su resoluci?n de quitarles de encima a aquel ser maligno que estaba asesinando a aquellas buenas personas.

    No hab?a jugadores de ajedrez en la plaza debido al clima, pero los tenaces jugadores segu?an sus batallas al cobijo de caf?s cercanos. Uno de esos jugadores lanz? un grito de j?bilo y dijo “jaque mate”. Era evidente su acento colombiano. Se levant?, dio la mano a su contrincante vencido que le entreg? algunos billetes y ambos cruzaron los adoquines hacia donde se encontraban los agentes venezolanos esperando.

    “Soy Guadiana”, dijo, “y ?ste es mi compa?ero y sensor, el detective Frank Muller de la Polic?a de Investigaci?n de Chile o Pich o PDI”. Los cuatro hombres subieron al veh?culo y Guadiana, a diferencia de Muller, fue hablando hasta por los codos durante todo el camino. Explic? que el lema de la PDI era “investigar para detener” y que por eso hab?a que apresar al hijo de perra ?se que estaba matando y descuartizando gente.

    Los agentes

    “mala copa”

    Cuando Muller pudo hablar, fue muy lac?nico. Explic? que en el informe de bal?stica, dactiloscopia, medicina forense y psicolog?a que en la sede central del PDI le hab?an entregado a los agentes venezolanos, hab?a varios aspectos que ellos deber?an tener en cuenta y que para eso lo hab?an enviado a ?l y al Interpol colombiano. Muller sugiri? iniciar la b?squeda del asesino en la zona del tour del vino, a las afueras de la ciudad, espec?ficamente en el caj?n del Maipo y Pomaire.

    Ah? visitaron una vinater?a y tuvieron algunas entrevistas infructuosas con personas que no aportaron nada a la investigaci?n. Carlos y Mario hab?an estudiado muy bien el expediente que les facilit? la jefatura del PDI y hab?an analizado las fotos de los cr?menes. En el expediente dec?a que se sospechaba que un m?dico cirujano era el autor intelectual y material de los mismos y por eso, estaban tras la pista de uno de ellos.

    Pero los agentes venezolanos cayeron en cuenta que el detective Muller, aunque brillante, no dejaba mucho a la imaginaci?n y se apegaba al reglamento con la fuerza mandibular de un perro de presa. Carlos y Mario sab?an que los recursos humanos y t?cnicos del PDI eran colosales (una instituci?n relativamente nueva fundada en 1993), pero como en Chile no sol?an ocurrir este tipo de cr?menes y que con los protocolos de investigaci?n eran muy acartonados, as? que como no quer?an pasar todo el invierno persiguiendo a un psic?pata, tomaron ellos las riendas, pues como dec?an: “el fuego se combate con fuego”.

    Al principio el detective protest?, pero luego cay?. Ten?a confianza en aquellos hombres acostumbrados a enfrentar cr?menes espantosos. Primero “los agentes mala copa”, como bautiz? el colombiano al grupo, se dirigieron hacia una posada ubicada a unos 50 kil?metros de Santiago, en las faldas de los picos nevados donde tambi?n hab?a una estaci?n de recreo y esqu?.

    Llegaron al sitio y como no ten?an ?rdenes de allanamiento de morada, alquilaron una habitaci?n donde ten?an informaci?n que hab?a estado uno de los sospechosos fichados por la PDI, pero que como no le hab?an comprobado nada, ni ten?an orden fiscal, lo dejaron tranquilo. Se percataron que el posible homicida hab?a estado en esa habitaci?n, porque una de las piernas desmembradas de uno de los cad?veres, la hab?an envuelto en una toalla de hotel, cuyo n?mero de habitaci?n estaba estampada en la misma como acostumbraba el establecimiento.

    Luego de descubrir rastros de sangre en la habitaci?n con l?mparas de luz ultravioleta, la investigaci?n se hizo m?s cuesta abajo. En camino hacia la sede del PDI donde pedir?an la orden de la fiscal para analizar todo el cuarto, Guadiana, el agente colombiano, no dejaba de pegar gritos de extrovertida felicidad tropical, mientras que Salinas y Pinto le hac?an el coro. Pero el detective chileno se manten?a herm?tico, aunque se le ve?a contagiado del entusiasmo de los suramericanos del norte.

    En apenas dos d?as de inconvencionales investigaciones al estilo venezolano, convencieron (no sin que antes le tildaran de locos) a la Fiscal?a de que deb?an darles una orden de aprehensi?n contra un pod?logo residente en el vecino barrio Bella Vista, ubicado entre el r?o Mapocho y el cerro San Crist?bal, de ser el descuartizador, basados en los datos de ADN conseguidos en el cuarto del hotel alpino.

    En la casa de este individuo, apodado “pie de atleta”, se consiguieron al menos 5 piernas humanas que coleccionaba como si fueran trofeos. Aquella vivienda era como el s?ptimo c?rculo del infierno de Dante Alighieri, donde hab?a un r?o de sangre ardiente. El psic?pata result? ser ese pod?logo que era nieto de un criminal nazi apodado “el vampiro de Belzec”, integrante de las SS que hab?a participado en el exterminio de jud?os y otras minor?as en ese campo polaco y que hab?a huido a Chile al final de la guerra en 1945.

    Se determin? que este sujeto identificado como “Hans”, de 30 a?os, ten?a un trastorno psic?tico que le induc?a a matar gente para de alguna manera, vengarse del mundo por haber acabado con el Tercer Reich alem?n en 1945. El que este loco seccionara las piernas de sus v?ctimas, era para poder tener el macabro placer de admirar sus pies, por lo que preferiblemente escog?a v?ctimas que no tuvieran callos ni pies deformes.

    Salinas y Pinto, con ayuda del agente colombiano y del mismo chileno, pudieron descubrir al tipo y determinar que no era un m?dico profesional, dado que los cortes en las piernas de sus v?ctimas no eran concisos, sino que fueron mutiladas salvajemente usando hachas y machetes. El equipo venezolano logr? capturar al descuartizador en apenas unos d?as, dejando de lado las trabas y dando rienda suelta a su imaginaci?n, intuici?n, racionalidad y sus dotes de razonamiento deductivo. Cabe destacar que luego de resolver el crimen, los agentes se metieron una borrachera. Caso resuelto.

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