Malnutrición actual pone en riesgo el desarrollo a futuro del país

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Malnutrición

Sin realizar un estudio social profundo, cualquiera puede hacer referencia al problema de malnutrición que se está presentando en el país. Basta con salir a la calle y ver la cantidad de personas, e inclusos grupos de familias en extrema pobreza, escarbando entre la basura para hallar algo que comer. Niños y adultos recorren los puntos de recolección de desechos en comunidades, calles y avenidas; rebuscan entre los desperdicios en restaurantes o negocios de comidas (cada vez son menos los negocios) esperando encontrar qué comer.

No se puede decir que “comen de entre la basura”, sino que literalmente se están comiendo la basura. El estado de delgadez en grandes sectores de la población trabajadora, no como resultado de una alimentación balanceada y saludable, sino por la supresión de las cantidades necesarias de proteínas provenientes de carnes y granos, así como de otros nutrientes necesarios para el óptimo funcionamiento orgánico y preservación de la salud; generan un estado de alarma que debe ser atendido con urgencia. En algunos casos, no se observa delgadez sino, por el contrario, un aumento de contextura, peso y talla abdominal, pero su origen está en una ingesta indebida de harinas y azúcares como únicas formas de comidas, lo cual se traduce igualmente en malnutrición.

Ante tal panorama, el desarrollo económico y social futuro del país, aún con la aparición de un buen plan macroeconómico y de recuperación de la producción nacional, estaría en peligro si la problemática alimentaria no es atendida de manera inmediata. Esto va más allá de un disgusto por la escasez de productos o las insuficiencias salariales para comprarlos; sino que la gravedad está en que la malnutrición actual en la población, en especial entre niños y adolescentes, puede comprometer el desarrollo futuro del país.

Y es que, separando por ahora los problemas de salud que pudieran presentarse, debemos entender que para garantizar el desarrollo del país, debemos desarrollar cerebros. Y un cerebro se desarrolla nutriéndolo, en primer lugar, con una alimentación adecuada que le de fortaleza, crecimiento, el desempeño correcto de todas las funciones cognitivas propias de un cerebro sano, para luego alimentarlo con conocimientos y valores; pero estos dos últimos no serán apropiadamente asimilados si ese cerebro no goza de lo primero. Y esto desde el momento de la gestación.

Una persona mal alimentada, tendrá un cerebro mal alimentado, y sus funciones serán afectadas. La capacidad creativa y productiva de esa persona se verá mermada. Más allá que por una sensación de hambre o fatiga durante las horas de trabajo o estudio, la disminución de capacidad en el hacer, se debe a una afectación o daño en la condición o capacidad funcional del cerebro por malnutrición. En especial, cuando esta malnutrición o desnutrición se presenta en los primeros cinco años de vida, dicen los especialistas.

Si esto es así, qué ocurrirá dentro de una década o dos, cuando esta generación de niños, que padecen las carencias alimenticias de la actualidad, llegue a su edad adulta y de ocupación laboral, siendo que aún en su etapa escolar tendrá que enfrentar grandes retos para intentar comprender las ciencias. Incluso, alertan los especialistas en el área educativa, médico y nutricional, que su ingreso al sistema universitario no estará garantizado a causa del déficit que presentará dicha generación en atención y comprensión en los estudios. Salvo que los niveles de exigencias académicas disminuyan en gran manera, desde el subsistema de la educación inicial, el básico y media general, hasta en el sistema de educación universitaria o profesional. En ese sentido, la formación intelectual, como el otro alimento necesario para desarrollar el cerebro, también sería deficiente, y el profesional que egrese de las universidades no estará suficientemente preparado para aportar desarrollo al país.

¿Se puede entonces desarrollar un país así, cuando su mayor riqueza, que es su gente, está debilitada desde su cerebro? En otras palabras, una nación con cerebro desnutrido.

Fundaciones, Asociaciones, organizaciones nacionales e internacionales, están dando a conocer estadísticas graves y lamentables. El Colegio de Médicos del Zulia y otras ONG estiman que un 45% de la población infantil en Venezuela presenta desnutrición, mientras Caritas de Venezuela dice que 11.4% de esos niños menores de cinco años padecen malnutrición moderada o severa.

¿Y qué cuando la desnutrición viene desde el vientre de la madre? La Asociación de Madres y Padres en Lara, asegura que el 55% de los niños que nacen en la entidad están presentando problemas con su talla y peso. Y médicos especialistas en el Hospital central de esa entidad, refieren que siete de cada diez mujeres parturientas llegan con malnutrición, cuando en años anteriores eran tres de cada diez. Esto coloca en riesgo el parto y la vida de madres y neonatos.

Aquí cabe solicitar la solidaridad del pueblo, si bien es un problema de Estado y se requiere de medidas a nivel gubernamental para solucionar de raíz la situación, cambios en la administración pública; debemos apelar a la corresponsabilidad que todos tenemos en generar y defender el bienestar de la sociedad y que aquellos que tengan la posibilidad de compartir voluntaria y solidariamente de su propia comida con aquellos que lo necesitan y son víctimas de esta circunstancia, que lo hagan por amor al prójimo pero también en aras de preservar el futuro nacional.

Apoyamos las gestiones que el líder social Javier Bertucci está realizando en relación con instituciones y organizaciones en otras naciones y dispuestos estamos en llevar adelante un trabajo organizado que permita eficientemente hacer llegar a la población la ayuda que se obtenga en material de alimentación y medicina.

Solicitamos y esperamos, que los pueblos del mundo, extiendan su mano en ayuda solidaria al pueblo venezolano, mediante la cual podamos atender a la población más vulnerable y en estado de riesgo con especial énfasis en la población infantil. Esto, como una medida inmediata, los primeros auxilios, a un pueblo luchador que tiene aún la esperanza de soluciones oportunas y que requiere entrar prontamente en una etapa de recuperación integral y encaminarse hacia su glorioso futuro y el llegar de días mejores. Actuemos ahora para salvar el mañana.

Por: Jeickson Portillo

 

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