Mangos populistas

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“A los latinoamericanos nos han dominado más por la ignorancia que por la fuerza”. Oscar Arias (1940-   ) ex Presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz 1987. 

El populismo es una fiebre con carácter destructor que sufren quienes no están preparados moral y académicamente para ejercer una posición de poder. En nuestro subcontinente latinoamericano, la pobreza representada en graves fallas educativas, hace que los pueblos toleren abusos de sus gobernantes y superiores, para poder acceder a bienes y servicios que por leyes democráticas les corresponden sin ningún tipo de condición. 

Los gobiernos populistas abundan en estos países donde el gobernante llega a creerse superior, eterno, infalible, compadre y hermano de Jesucristo, Simón Bolívar o el prócer amado de ese sitio. Las consecuencias de gobiernos populistas son nefastas sobre una nación que aspira progreso: al ciudadano le enseña a ser servil para obtener prebendas, a no tener criterios más allá de lo que diga el líder, a adoptar conductas complacientes para sobrevivir, a no ser competitivo sino mendigo del gobierno, a creer que sus derechos son un regalo del mandante de turno.

“República versus populismo”, una conferencia multidisciplinaria que está en gira por Latinoamérica (y ojalá venga a Venezuela a dar esta clase magistral), ha elaborado un decálogo para que los pueblos reconozcan al populista y su populismo.  

1)    El populista exalta al líder carismático. Lo convierte en un santo, casi lo eleva a los altares, levanta un culto a la personalidad, un objeto de adoración con una historia generalmente inventada para que parezca un héroe.

2)     El populista no solo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. Dicen que el papel aguanta todo y que las palabras se las lleva el viento. Versiona, fabula, promete  abundantemente, confiando en que de ese aluvión verborrágico nadie recordará qué dijo .

3)     El populista fabrica la verdad. Como nunca coinciden con la realidad, montan escenarios de fantasía, trampas caza bobos, para dar la sensación de prosperidad, patriotismo, heroísmo o lo que quieran insuflarle a la mentira.

4)    El populista usa de forma discrecional los fondos públicos. Cree que es dueño del país y de los ciudadanos, se siente empoderado de tal manera que está convencido de que nadie puede pedirle cuentas y que va a disfrutar el poder a perpetuidad, reformando las leyes para eso. La ausencia de honestidad es típica de gobernantes populistas y se refiere a la disposición del erario público como si fuese su chequera particular.

5)    El populista reparte directamente la riqueza. Salta todas las barreras que considera “burocracia”, ejerce directamente la disposición y administración de los bienes públicos, obviando toda contraloría. La riqueza solo la entrega a quienes lo van a sostener en el poder a cuenta del regalo.

6)    El populista alienta el odio de clases. Alimenta el resentimiento de los desposeídos y acomplejados para que hagan responsables de sus desdichas a quienes tienen mejor posición económica, educacional o social. Peligrosa estrategia que trae violencia e inseguridad.

7)    El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales. Los países bajo gobiernos populistas suelen estar convulsionados por alguna o todas las razones: seguridad, empleo, abastecimiento, derechos. Para enfrentar las protestas crea milicias, camisas pardas, descamisados, o como quieran llamar a estas hordas que salen palo en mano a defender al régimen, que lo requiere constantemente para marchas, concentraciones, mitines.

8)    El populista recurre sistemáticamente al enemigo exterior. La incapacidad natural de estos gobiernos necesita buscar a quién echar la culpa de lo mal que está su país. Para eso inventa trifulcas con otros países, con transnacionales, con personalidades internacionales. Además de que distraen la atención sobre los reales problemas, concitan el fervor patriótico, victimizándose.

9)    El populista desprecia las instituciones. ¿Para qué tenerlas si yo solo me basto para gobernar el país? La destrucción de la separación de poderes prohija  tribunales acatando decisiones del ejecutivo, fiscales que solo tienen la verdad oficial, rectores que juegan electoralmente a favor del jefe, defensores que solo defienden los intereses del “supremo”.

10)    El populismo domestica y destruye la democracia liberal. La mejor explicación la dio Simón Bolívar: “Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos”.

Además del populismo destructor de la democracia, el estado de derecho y la dignidad ciudadana, nuestra pobre Venezuela también es  devastada por un ejercicio económico que durante 16 años ha tenido como único objetivo arrasar la productividad de las empresas y la estabilidad presente y futura de los venezolanos. Ningún país latinoamericano ha tenido más recursos con resultados tan malos. La mayor prueba del colapso terminal es que Venezuela tendrá en 2015 la más alta inflación del mundo: por encima del 100%.

 Es hora de pensar, no en las fallidas promesas revolucionarias sino en sus catastróficos resultados. Es hora de cambiar fracaso por esperanza.

 

 

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Twitter: @charitorojas

 

 

AQUÍ ENTRE NOS

*Nuestra columna (de ustedes y mía) sale publicada en este espacio temporalmente. Echen la culpa a la escasez de papel. Será un mientras tanto. Cuando se solucione, volveremos al espacio habitual de página completa. Amén.

Hasta el próximo miércoles.

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