Manipulación de la verborrea (2368051)

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Ahora más que nunca resuenan las palabras inesperadas del rey Juan Carlos I de España: ¿Por qué no te callas? Triste resonancia -aunque hay que seguir insistiendo- han tenido las diferentes voces que visualizan la necesidad de dialogar para abrir espacios mínimos de entendimiento y la valoración de la vida. Recientemente sin mediar diagnostico el secretario de UNASUR afirmaba que respaldaba la separación de poderes existente y no permitiría la desestabilización institucional, no se entiende la diarrea verbal protagónica cuando lo que está en juego es la convivencia de una sociedad.

Así tenemos un sinfín de  cadenas que lejos de informar sobre la crítica situación económica, social y de dignidad humana que vive el país y aunar esfuerzos hacia soluciones, tenemos palabras más o menos, que no hay espacio para gobernar donde existen dos bandos.

En síntesis: la verborrea política constante se convierte en una suerte de manipulación de la opinión pública sin visión crítica, sin sustancia, ni contenido para ocultar no solo la incertidumbre cotidiana sino que es el arma para construir nuevos dogmas de fe que apuntan a conquistar o fortalecerse en el poder autocrático.

Y para ahondar en el cinismo, después de las múltiples evidencias de las muertes por balas en la cabeza surge la afirmación en un programa juvenil del embajador Chaderton: un proyectil en la cabeza de un opositor  pasa rápido y suena hueco. Pareciera entonces que la vida se ha convertido en un discurso tautológico o de formulas que sirve para cualquier circunstancia.

La muerte en este contexto no es sino un simulacro dentro de la retórica del discurso oficial. Lo oscuro de Chaderton es la imposibilidad de verse a si mismo perdiendo su propia humanidad, de sentir compasión y el regodeo en su rol de juez de la condición humana. Así comenzaron muchos genocidios. Los muchachos aunque  revolucionarios , no ríen ante tamaña afirmación.

Y esto no es una novedad. Evidencias de estas realidades han generado alarmas y alertas. Ya ante la deshumanización de las arbitrariedades Susan Sontag reflexionaba como los ciudadanos de la modernidad y los consumidores de la violencia como espectáculo han sido instruidos para ser cínicos respecto de la posibilidad de la sinceridad  Algunas personas harán lo que esté a su alcance para evitar que las conmuevan.

Qué fácil resulta, desde el sillón, lejos del peligro, sostener un talante de superioridad. De hecho, escarnecer el esfuerzo de quienes han sido testigos en zonas de conflicto calificándolo como turista bélico es un juicio tan recurrente que ha invadido la profesión .

Si el objetivo es lograr entendernos en un parlamento, reconociendo las diferencias propias de la diversidad, descartemos la verborrea protagónica en la meta a construir. La retórica es tentadora y también deshumaniza.

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