"Me niego a creerlo" shock entre vecinos del copiloto de Germanwings

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Montabaur, 26 marzo 2015.- Montabaur es una ciudad pequeña en el oeste de Alemania. Casas grandes, jardines bien cuidados. Fue en este escenario sereno donde hoy irrumpió lo inconcebible tras el giro en la investigación del accidente de Germanwings. 

Uno de los poco más de 12.000 habitantes de Montabaur era el copiloto del Airbus que se estrelló el martes en los Alpes franceses. Y quien, según los investigadores, provocó adrede el accidente en el que murieron 150 personas, la mayoría alemanes y españoles. 

Ya poco después de que la fiscalía francesa anunciara lo inesperado comenzaron a llegar los equipos de televisión al tranquilo barrio donde se encuentra la casa de los padres del copiloto, que quedó también rodeada por varios policías y coches patrulla. 

"Me niego a creer que lo haya hecho a propósito", cuenta un vecino de 23 años, que asegura conocer poco al piloto de 27 años que quedó hoy en el centro de la investigación. "No puedo imaginarme que alguien sea tan egoísta". 

Sin embargo, el vecino dice no tener mucho más para aportar. "Aquí cada uno va a lo suyo". La mayoría ni siquiera quiere hablar. 

Entre los más perplejos figura un matrimonio que vive junto a la casa familiar del copiloto desde hace nada menos que 22 años. 

"Es una situación extrema para nosotros", dice el hombre sobre lo que acaba de escuchar en las noticias. También ellos conocían más bien poco al joven. "Estamos en shock", añade la mujer. "Apenas puedo concebir lo que pasó". 

A pocos kilómetros de la casa se encuentra el terreno del club de vuelo sin motor LSC Westerfeld, en el que el copiloto ingresó de joven y en donde comenzó a aprender a volar. 

En el otoño (boreal) del año pasado, el joven cumplió con los vuelos necesarios para prolongar su licencia de vuelo sin motor. "Me pareció una persona muy agradable, divertida y educada", recuerda el presidente del club, Klaus Radke. 

También en la cercana Düsseldorf, donde el copiloto tenía otra vivienda, los vecinos aseguran conocerlo sólo de vista. 

Su casa se encuentra en un elegante edificio con ocho viviendas situado en buen barrio de Düsseldorf. En el timbre de la puerta figura un segundo nombre junto al del copiloto. A quién pertenece es otro de los misterios aún por aclarar. 

"Nos cruzábamos en el garage", cuenta un vecino. "La mayoría de las veces no devolvía el saludo". Otro joven de 18 años que vivía frente a la casa del copiloto se muestra "un poco shockeado". "No sé cómo manejar todo esto". 

El resto de personas que pasan por la zona se encogen de hombros cuando se les pregunta. Uno quiere saber por qué hay tanta policía en el lugar. Cuando se entera de quién vivía en el edificio, se aleja rápido. "Demasiado para mí", se lo escucha decir mientras se marcha. 

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