La muerte en moto se los llevó al más allá (2109485)

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Ya hab?a comenzado una de las g?lidas noches de mayo de 2012, y una pareja de amantes que acababa de salir de su refugio secreto en la habitaci?n de un hotel en Tinaquillo, estado Cojedes, decidi? que pese a las amenazas de tormenta, deb?an volver a Valencia, estado Carabobo, antes de que alguien notara su ausencia.

Gerber Mart?nez, de 40 a?os, conductor de la moto Empire Horse, hab?a convencido a su compa?era Diana Heredia, de 35, de que ese caballo de metal los llevar?a tranquilamente a la capital carabobe?a en un aproximado de tiempo de una hora.

L?gicamente ?l le ment?a, pues dadas la baja cilindrada y potencia del veh?culo no dise?ado para viajes largos, aunado a las condiciones meteorol?gicas y la cerrada oscuridad, estaban arriesgando sus vidas. Sin pensar mucho en las terribles consecuencias, Gerber se mont? pronto en la troncal 005 y enfil? hacia Valencia, pero. nunca llegar?an.

Rel?mpagos

en la noche siniestra

Aquella noche siniestra parec?a que ni un alma andaba por esos caminos. De vez en cuando, la pareja divisaba a lo lejos las luces en los potreros que hab?a de lado a lado de la autopista, u otros haces de luz amarillentos que parec?an acercarse, aunque luego se alejaban r?pidamente.

Desde que hab?an salido de Tinaquillo, muchos veh?culos les hab?an pasado por un lado, pero ahora era como si la tormenta inminente los hubiera espantado, pues el flujo vehicular hab?a disminuido casi a cero. Gerber y Diana, pese a estar abrigados con sendas chaquetas, sent?an escalofr?os. Aquella extra?a situaci?n ten?a algo de sobrenatural, aunque ninguno de los dos lo dijo, o por lo menos no lo intent?, sabiendo que el ulular aplastante del viento les habr?a impedido escuchar las palabras del otro por m?s que gritaran.

Relatos escalofriantes del Silb?n y la Llorona, que eran solo algunos de los monstruos del bestiario mitol?gico espectral del folklore llanero, pudieron muy bien haber invadido el ?nimo y el coraz?n de aquellos amantes que avanzaban por esas soledades. Pero ya no hab?a vuelta atr?s; deb?an avanzar.

Eran como las 09:00 y pico cuando precedidas por los rel?mpagos que todo lo inundaban de azul por fracciones de segundo y por rayos que desgarraban el cielo acumulado de nubes negras, comenzaron a caer fr?as gotas de lluvia empujadas por fuertes r?fagas de viento que hicieron casi nula la visibilidad en la carretera.

Cuando pasaban por el sector La Aguadita, flanqueados por el r?o del mismo nombre y por colinas ondulantes y de aspecto amenazador, que semejaban gigantes antediluvianos, Diana volte? instintivamente y vio una luz amarilla detr?s de ellos. Primero sinti? alivio de no saberse solos en la carretera, pero luego el miedo la atac?. Estaban siendo perseguidos, y no precisamente por un espanto. Eran seres de carne y hueso a bordo de otra moto, uno de los cuales dispar? contra ellos, generando un eco escalofriante que se perdi? monta?a arriba o hacia la trinchera que el r?o hab?a abierto a trav?s de millones de a?os.

El disparo alert? a Gerber de que los persegu?an posibles asaltantes y en su desesperaci?n aceler? todo lo que daba la moto. Desgraciadamente, con el pavimento mojado, la moto derrap? en una curva cerrada, yendo a estrellarse contra el tallo de un centenario sam?n. Lo ?ltimo que se escuch? fue el golpe demoledor y seco, acompa?ado de los gritos ahogados y el crujir de huesos de la infortunada pareja. Los diab?licos asesinos se detuvieron al lado de los moribundos, despoj?ndolos sin piedad de sus pertenencias ensangrentadas. Luego, remataron a cada uno con un tiro.

La ma?ana siguiente fue muy soleada. Los conductores informaron a las autoridades sobre la presencia de ambos cuerpos a orillas de la carretera. Al principio se pens? que hab?a sido un siniestro vial, pero luego se conoci? la espantosa naturaleza de lo sucedido.

Gerber estaba muerto. ?Pero Diana no! Fue trasladada al Hospital de Valencia, donde fue atendida. Los agentes para casos especiales del Cicpc Carabobo, Carlos Salinas y Mario Pinto, nunca pudieron interrogarla, pues falleci? a las 24 horas de haber sido localizada. Los investigadores debieron conformarse con el desvar?o de la paciente, quien en su lecho de muerte delir?: “Primero me alegr?. No est?bamos solos en la carretera. Pero luego era la muerte que nos segu?a. los vi. y nos mataron”, ?sas fueron sus ?ltimas palabras.

Los agentes especiales estaban furiosos porque los sangrientos salteadores de caminos estuvieran libres luego de haber cometido semejante atrocidad. Entonces redoblaron el an?lisis de todos los indicios y evidencias en la escena del crimen.

Siguieron el rastro de las conchas de las balas conseguidas en el sitio, y se determin? que el lote hab?a sido adquirido hac?a meses por un cuerpo de seguridad y que un polic?a hab?a reportado como robados su arma y sus cargadores. Este funcionario, baleado, sobrevivi? a ese ataque adjudicado a una banda criminal conocida como “La muerte”, de ah? mismo del sector La Manga de La Aguadita.

Un asesino con vit?ligo

En la escena tambi?n se consiguieron huellas de zapatos deportivos alrededor de las v?ctimas. Siendo las plantas de los zapatos algo similar a las huellas dactilares, se hizo la comparaci?n en la base de datos del Cicpc, descubri?ndose que los mismos eran de unos zapatos importados, muy caros, que solo vend?an en los dos mayores centros comerciales de Valencia.

Reduciendo las posibilidades, se supo que hab?a compradores de esa zona espec?fica del estado Cojedes identificados con los peculiares nombres de M?icol Salvatierra y Micy?guer Mart?nez, de 20 y 25 a?os de edad.

Estos sujetos, con nombres desvirtuados de cantantes anglosajones, adquirieron los zapatos con una tarjeta de d?bito robada hac?a apenas una semana. En las u?as de Diana se consigui? tejido de piel, pues ara?? a uno de los atacantes intentando defenderse. Tras ser analizada en el microscopio, se determin? que la muestra indicaba que los melanocitos estaban muertos (c?lulas que dan color a la piel); dicho de otra manera: uno de los asesinos padec?a de vit?ligo.

Con estas pruebas, los agentes para casos especiales fueron a la zona donde ten?an su guarida “M?icol” y “Micy?guer”. En una operaci?n comando, las fuerzas especiales rodearon el rancho y los agarraron mansitos. Ninguno de ellos padec?a vit?ligo y tampoco hab?an estado en la escena del crimen, pero fueron detenidos por el ataque al polic?a al que le robaron el arma que luego fue usada para matar a Gerber y a Diana.

Lo m?s sorprendente de todo fue que si esos sujetos no eran los asesinos, ?qui?nes fueron? La respuesta estaba ah? mismo en esa casa. La mujer de M?icol y la de Micy?guer, conocidas como “la Titi” y “la Penca”, respectivamente, hab?an cometido el crimen. “La Titi” ten?a su cara invadida por el vit?ligo y un claro ara?azo en la mejilla. Un an?lisis de ADN posterior determin? que la piel hallada en las u?as de la v?ctima era de esta infame mujer.

En la casa tambi?n se hallaron el arma homicida, los zapatos “nuevecitos” y la moto de su malvado marido que “la Penca” us? la noche lluviosa y t?trica cuando acompa?ada por “la Titi” caz? a sus v?ctimas en la desolada carretera. Afortunadamente el esfuerzo de los agentes especiales del Cicpc impidi? que estas mujeres y sus maridos siguieran escondidos en sus madrigueras de impunidad y que ahora pagaron condena por sus cr?menes. Caso resuelto.

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