No controles

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Iba en un taxi por la autopista y  el chofer me acababa de decir que no trabajaría más de noche porque no valía la pena jugarse la vida por lo que iba a ganar taxeando  después de las siete. Entonces nos pasó por el lado un motorizado, sin casco y sin placas a toda velocidad (10 de la mañana). Me hizo recordar  la campaña para  educar a los motorizados que había sido anunciada el año pasado. Empezaba con una “parte educativa”, con  refugios para motorizados, recomendaciones  para que tratasen bien a los peatones y a los choferes. Unos meses más tarde se anunció que pasaban a una fase más dura y que serían sancionados si no acataban las leyes. No los sancionaron nunca. Con eso, no pasó absolutamente nada. 

También me acuerdo  cuando se informó  que pasábamos al  uso del terminal de cédula para comprar alimentos. Garantizaron que aunque se comprase el martes, el miércoles o el fin de semana, siempre habría suministros. Vendrían además  las captahuellas para comprar y acabar con el bachaqueo. Eso fue hace seis meses. Aún no hay captahuellas (vienen la semana que viene, según  Sundde) y  la promesa de que habría siempre suministros cuando se fuera a comprar es absolutamente falsa. Siguen las  colas interminables en todas las ciudades de Venezuela, los acuerdos debajo de la mesa para vender  bienes a granel, sin cola y sin cédula. 

Hace más o menos un mes se produjeron  varias reuniones con industrias que habían hablado de su grave problema: iban a cerrar por falta de materiales. No poder importar materias primas porque el gobierno no les permitía cambiar sus bolívares en dólares para cambiar sus deudas, iba a repercutir en una recesión aún más grave: el cierre de plantas industriales puede lesionar el tejido social en el cual aparentemente basa su dominio político el chavismo, debido a la cesantía de miles de trabajadores. 

Ya ha pasado el mes y solamente la Ford ha anunciado ( y es parte de ese acuerdo ) que venderá sus autos en dólares.  Ni Simadi ha despegado, ni se ha permitido a los industriales de distinto tipo en Venezuela pagar sus deudas: hay escasez de repuestos para autos, de  envases para  alimentos, de plásticos, de fertilizantes, de medicinas para el ganado.

Todas estas situaciones que se dan hoy en Venezuela, tienen un denominador común. El gobierno proclama que una inflación desatada, escasez  y desorden social con la aparición  y/ o proliferación  de delitos ligados a la crisis,  como el bachaqueo, la venta de dólares negros, el método del raspacupo  o  la corrupción administrativa, tienen que ver con  un tema de control.  Hay que controlar todo: vendedores, compradores, salida y entrada de productos, redes sociales, comunicaciones. Es como las madres que piensan que prohibiendo a sus hijas salir de noche, van a impedir que salgan embarazadas. Como decía una amiga: mi mamá como que no sabe que también se puede tener sexo de  mañana o  a mediodía.

El problema es de concepto: más restricción no es siempre garantía de control. Siempre habrá un resquicio, sobre todo en el tema económico, donde se ha probado que la productividad es un asunto de promoción y estímulo, de control  y calidad por la competencia.

Con el aparentemente férreo control, lo que se logra es que todos digan sí, pero al final,  se obedezca por temor, se anule la creatividad,  se paralice  la producción o   se produzca el desbarajuste más temido: viendo que la oferta de socialismo o nada, termina en nada, todos terminan haciendo lo que les da la gana. Así han terminado socialismos duros en todo el mundo: colas, contrabando, corrupción, escasez y un inmenso resentimiento. 

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