No tan feliz regreso a clases

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A escasos días para que los niños de toda Venezuela deban volver a clases para iniciar un nuevo año escolar, nos encontramos que ese regreso no es tan feliz como debería.

Basta con tomar al azar algunas escuelas públicas nacionales o regionales y en algunos casos hasta municipales para darse cuenta del estado de nuestra infraestructura escolar. Áreas verdes y deportivas descuidadas, déficit de pupitres, mal estado de baños, paredes rayadas y sin pintura, problemas eléctricos, falta de material de trabajo y mucho más.

Por otro lado, no hay certeza en programas sociales gubernamentales que puedan garantizar a los alumnos la posibilidad de recibir uniformes escolares y los respectivos útiles, nos hemos encontrado en la calle con madres angustiadas ante la cercanía del inicio de clases sin haber podido comprar ni un simple cuaderno de una línea. La trágica hiperinflación que vivimos hace que hasta las tradicionales ferias escolares que se instalaban en estas fechas prácticamente hayan desaparecido.

Tampoco se habla de los programas de alimentación escolar, si algo debería tener prioridad por encima de cualquier otro gasto público es precisamente la alimentación de los niños venezolanos como un incentivo adicional para la asistencia a clases y una forma eficiente de combatir la deserción escolar.

Es un total contrasentido, que un régimen que alardea de su carácter solidario no le dé prioridad a los niños y su educación, sobre todo cuando algunos hermanos que se han ido a otros países nos cuentan que los gobiernos de los países a donde han emigrado sin alardear tanto pero con mayor responsabilidad y compromiso hacen entrega de útiles y uniformes además de asegurar la alimentación de todo el estudiantado.

Nuestros maestros son otro capítulo aparte, a ellos nuestro cariño y máximo respeto. Enfrentar ese reto de iniciar el año escolar en medio de tantas penurias, no es sólo el tener que trabajar en condiciones muy debajo de lo necesario para desarrollar los temas de clases, si no también no recibir un salario acorde a la responsabilidad y a los años de estudio, el no contar con un seguro médico que pueda ofrecer tranquilidad y todo tipo de dificultades socioeconómicas que son vencidas gracias a la gran vocación de nuestros docentes.

Son estas realidades las que deben cambiar y las que nos impulsan a seguir trabajando. El sueño de la mejor Venezuela es el sueño de todas las madres que hoy se desvelan anhelando un feliz regreso a clases para sus hijos.

@Afeolacruz
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