Columnistas del Día

Por un par de semanas el país ha tenido la suerte de escapar a las cadenas presidencialesque torturan a los venezolanos y nos contaminan espiritualmente. La Copa del mundo pudo más que cualquier discurso chavista u opositor y así hayamos politizado la Copa, y más de uno lo hace en función de la proximidad ideológica del prócer ilustrado con alguno de los equipos, a la hora de la verdad terminamos presenciando el mejor fútbol del mundo. Somos incapaces de transferir a la dimensión política la genialidad de algunos jugadores: la belleza del juego nos ilumina y a ratos, nos tranquiliza y vuelve mejores personas, diluye el odio, esa transfusión de bilis y resentimiento que el Gobierno se empeña en perfeccionar.

Pero hay otro evento que simboliza, aún más que Sudáfrica, la capacidad del ser humano para neutralizar su negatividad: el Tour de Francia. La cumbre del circuito del ciclismo profesional, al lado del Giro d´Italia y la Vuelta a España, nos muestra algunos cientos de atletas intentado forzar los límites de sus cuerpos. Michael Barry, compañero de Armstrong en el equipo U.S. Postal Service entre 2000 y 2005, afirmó que el sufrimiento experimentado por el ciclista es tan intenso que se vuelve espiritual. Un participante promedio deberá consumir diariamente más de nueve mil calorías para contrarrestar el agotamiento, cuatro veces la cantidad que un adulto normal. La esposa de un campeón decía que ella podía saber cuándo la carrera iba terminando: se le empezaban a ver sus órganos, la piel transparente, con menos de 3% de grasa corporalen la ya de por sí escuálida humanidad de los ciclistas profesionales.

Son varias las dimensiones del Tour del 2010. Por un lado la rivalidad entre Alberto Contador y Lance Armstrong, que intenta hacer lo que no pudieron lograr ni Michael Jordan en la NBA o George Foreman en el boxeo, quien abandonó su condición de letal máquina de pelea para transformarse en un vendedor de máquinas de hacer parrillas. Armstrong terminó tercero el año pasado, pero le será más difícil este año. Nunca antes había estado tan bajo en la clasificación general al terminar la primera semana, pero estamos en presencia de un hombre que ha dedicado su retorno al deporte a la causa de una lucha noble.Semi-retirado, casi como distracción, corrió el maratón de Nueva York dos veces con tiempos inferiores a las tres horas, así que tampoco hay que menospreciarlo. Y como uno ya tiene sus años, pues ni modo, vamos por el viejito.

El deporte profesional tiene algo que enseñarle a Venezuela. La vida de estos deportistas, Fausto Coppi, Miguel Indurain oEddy Merckx, nos enseña que la única posibilidad de éxito es la fuerza de voluntad, la determinación psicológica de vencer los obstáculos, los más importantes son de índole mental, y aferrarse a los logros como una conquista individual. El colectivo es importante en el ciclismo, que lo diga Johan Bruyneel, que conquistó nueve de los diez Tours donde participó como Director Técnico, así como dos Giros y dos Vueltas. Pero los triunfadores son individuos, la inmortalidad en este deporte proviene de la voluntad personal. El ciclismo es un juego de ajedrez con más de doscientas piezas, que cambia todos los días y dura tres semanas. Es más difícil que el dominó y un poquito más exigente desde el punto de vista atlético.Pero no haynada más ajeno al comunismo que montarse en una bicicleta y pedalear durante varias horas escalando montañas, a la hora de las chiquitas estás solo con tu conciencia.

aracal@gmail.com



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