Obama lleva su "doctrina del diálogo" a Panamá

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Ciudad de Panamá, 12 abril 2015.- Se marchó cuestionado por varios de sus colegas, pero Barack Obama se permitió llevar también a Panamá la "doctrina del diálogo" que lo ha conducido a entablar el diálogo con países hostiles como Irán o Cuba. 

El presidente de Estados Unidos abrió en la VII Cumbre de las Américas un nuevo capítulo en las relaciones entre Washington y América Latina y se erigió como el conciliador del continente. La promesa de su debut en Trinidad y Tobago en 2009, en cierta forma. 

Obama hizo historia al reunirse el sábado con su homólogo cubano, Raúl Castro, cuatro meses después de llegar a un acuerdo con él para restablecer relaciones bilaterales rotas en 1961. La última reunión cara a cara entre un presidente estadounidense y uno cubano fue la de Dwight Eisenhower y Fulgencio Batista en 1956 en Panamá. 

La nueva era escenificada con un apretón de manos entre Castro y Obama en Panamá marca, según el director para las Américas de Human Rights Watch José Miguel Vivanco, "un antes y un después en las relaciones de Estados Unidos con América Latina". 

Vivanco consideró que, desde su llegada a la Casa Blanca, Obama había mantenido una política exterior hacia América Latina "bastante insípida, irrelevante y sin mayor impacto", pero "el anuncio de un cambio de 180 grados de la política de Washington hacia Cuba refleja un manejo diplomático mucho más inteligente y audaz". 

El presidente desplegó en la cumbre la que se ha bautizado ya como la "doctrina Obama". Un tono dialogante y conciliador, que entierra la vieja doctrina Monroe ("América para los americanos"), que marcó durante décadas la política exterior intervencionista de Washington en la región. 

"La doctrina es: nos acercaremos pero preservaremos nuestras capacidades (de disuasión)", definió recientemente Obama en una entrevista publicada en "The New York Times" el enfoque de política exterior que lleva su firma. 

Obama consideraba en la charla que vale la pena intentar acercarse a Cuba después de que la política de aislamiento de medio siglo no haya dado frutos. "Si resulta que esto no lleva a mejores resultados, podemos ajustar nuestras políticas", aseguró. 

La cumbre de Panamá le ofreció la siguiente oportunidad. Obama apostó el viernes y sábado por el diálogo con las reuniones que mantuvo con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y con la jefa de Estado de Brasil, Dilma Rousseff, con los que había mantenido una relación bastante turbulenta en los últimos tiempos. 

"Me parece excelente que hayan conversado. Las cumbres son justamente para eso, para abrir posibilidades de reunirse y dialogar", dijo a dpa el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Jose Miguel Insulza, que a finales de mayo será sustituido en el puesto por el ex canciller uruguayo Luis Almagro. 

"Obama es el narrador de la historia", ensalzó al presidente norteamericano Héctor Schamis, profesor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Georgetown. 

Un tono conciliador, sin embargo, que a Obama le forzó a aguantar en la cumbre las críticas de varios de los presidentes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). 

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, criticó por ejemplo con dureza "los intervencionismos" de Estados Unidos al hablar ante los mandatarios del pleno. 

"Nuestros pueblos nunca más aceptarán la tutela, la injerencia ni la intervención", aseguró Correa aludiendo al rechazo que generó en la región el decreto de Washington emitiendo sanciones a siete funcionarios venezolanos. 

Obama contestó irónicamente a Correa diciendo que siempre disfruta de "las lecciones de historia" que recibe cada vez que acude a una Cumbre de las Américas. 

Vivanco considera que la administración Obama cometió "un grave error con el famoso decreto", pero antes de llegar a la cumbre "lo corrigió", al reconocer que Venezuela no es una amenaza para su país. Eso ayudó, a su juicio, a "desactivar la campaña montada por Maduro y el ALBA para atacar y colocar a Obama a la defensiva". 

A pesar de pedir a Obama que derogara el decreto y criticar públicamente la política intervencionista de Estados Unidos, Maduro finalmente se reunió con el presidente estadounidense en un breve encuentro en los márgenes de la cumbre. 

El venezolano, en cambio, puede ser visto como uno de los perdedores debido a su tono beligerante, consideran observadores. 

"Raúl Castro lo dejó sin argumentos, lo dejó sin piso al hacerle un homenaje público a Obama, al decir que Obama no tenía ninguna responsabilidad (en el embargo a la isla). Lo legitimó, lo convalidó, ante todos y nada menos que el jefe de la banda, Raúl Castro", sentenció Vivanco. 

 

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