Olvidos

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El pasado martes 25,   Valencia cumplió 459 años. En un extraño silencio que nos golpeó sordamente la memoria porque sentimos su pesado eco hasta en la prensa. 459 años, en este país de tantos pueblos jóvenes, ya es algo. Estamos muy lejos del hombre de Cromañón, de Tutankamón, de  Alejandro Magno y hasta de Cicerón y Catilina si vamos al caso, pero por aquí ya el pasado ha dejado huellas… pasaron, entre otros, Alejandro de Humboldt, aquel mozo llamado Simón Bolívar y el Catire Páez, de modo que sí merece  Valencia un recordatorio como cualquiera de los cumpleañeros que suelen llenar las páginas sociales mediáticas. Por ello, se hace necesario  pensar, fatalmente (esto dicho con el más estricto, objetivo y respetuoso cartesianismo) que ese silencio, esa indiferencia por el cumpleaños citadino es algo que no debemos calificar como un desaire de los periodistas y de los dueños de los medios, sino como un simple "daño colateral" consecuencia de la guerra en la que actualmente andan enredados capuletos, montescos, guarimberos y otros personajes de dudosa "ideología" o militancia, en  una guerra que no deja espacio libre en los periódicos y demás medios, porque guerra es guerra, y punto. 

Pero, acá entre nos: Hace falta el cariñito que Manuel Alcázar, Luis Eduardo Chávez, el Negro Mujica, Felipe Herrera  Vial, Manuel y Salvador Feo La Cruz y otro "montononón"  de poetas y personajes le dedicaban a Valencia, sobre todo  en los días de su aniversario  fundacional. Este año, gracias a Dios y a Nuestra Señora del Socorro, por lo menos tuvimos la suerte de leer el magnífico trabajo de Luis Cubillán Fonseca (sobre la fundación de Valencia), publicado en Notitarde el pasado día miércoles 26. Quizás, como escribió ese mismo día nuestro admirado amigo Vicente Lozano, esta vez Valencia tuvo  "un cumpleaños triste", porque el 25 de marzo "pasó como un día cualquiera del año".   Pero no hay que enojarse, como dice mi yerno Mario. Hay que darle tiempo al tiempo.  Los pueblos, como las procesiones, andan por dentro. Los Capuletos y los Montestos terminarán  bañándose en el mismo pozo. Y el pueblo, gracias a Dios, seguirá su camino  tranquilamente. Tigre come tigre, vale. 

A lo mejor el año próximo algún predestinado nos premia con un discurso estremecedor,  como el de Pocaterra en el Cuatricentenario. Así que por ahora es mejor ver, callar y esperar. Digo yo. 

 

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