Otro round perdido

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No fue una mala jugada, en la cual una parte de la MUD apoyó la abstención y otra asumió la utilidad del voto. En la discrepancia emergían dos visiones sobre cómo enfrentar al régimen. Pasado el 20 de mayo, habría que verificar si estas diferencias están configurando dos culturas en la oposición.

La partición de aguas tuvo varias consecuencias sobre las cuales hay que reflexionar. Cuatro al menos: 1) la MUD no es toda oposición, 2)la fragmentación de la MUD no es un hecho burocrático que pueda ser recompuesto con meras fórmulas organizativas, 3) la identificación partidista de la población con la oposición se está reduciendo, 4) Ha aparecido un malestar con la dirección opositora que aumenta la porción de venezolanos que no se siente expresado en la dinámica convencional gobierno y oposición.   

Se afirma que los resultados no sorprenden a nadie. Cada quien se contenta con comprobar que ellos ratifican sus creencias previas. Pero conviene problematizar las interpretaciones, porque las que se admitan fundamentarán las decisiones hacia el futuro.

Los comportamientos contradictorios surgen sin ninguna explicación. Un ejemplo es la presencia en Miraflores de los gobernadores de oposición, en gesto que no deja duda sobre quien tiene la caja de los machetes. Otro es que quienes hasta pocas semanas rechazaban las elecciones, ahora piden que se convoquen para diciembre, sin que se haya modificado ninguna de las condiciones que justificaron la abstención.

Se quiere desechar el análisis, con la buena intención de no continuar una refriega nociva, acerca de la abstención. Pero el debate sobre ella, como un comportamiento contemplado en las tecnologías de control y dominio que está aplicando el régimen, tiene una gran importancia para esclarecer cómo defender la democracia en un régimen cuya misión es liquidarla o qué papel puede jugar el voto, como mecanismo de absorción del sistema  o herramienta para debilitar y agrietar la hegemonía del poder. ¿Es posible participar en procesos en los que se impone el autoritarismo electoral o debe abandonarse la vía electoral?

El debate sobre el 20 es también una discusión acerca de las fortalezas y puntos débiles del régimen, sobre su carácter, la viabilidad de un quiebre en el sistema de poder o la sustentabilidad de una estrategia de acuerdos con sectores del gobierno en la perspectiva de una transición de la autocracia a la democracia.

El 20 el país perdió porque las fuerzas de cambio desaprovecharon plantar una confrontación que interesara al conjunto de la población y colocara al gobierno ante la eventualidad de pagar costos altos por sus conductas autoritarias en materia electoral. Perdió otro raund una oposición dividida en tres, al margen de tamaños que indican relaciones cuantitativas, pero no racionalidad política: la abstencionista, la abstencionista condicional y la participacionista. Esta última, aunque presentó con más claridad los objetivos, tuvo una débil base de partida y no pudo contener la ola abstencionista.

La situación está consolidando a la oposición como una reposición del mito de Sísifo.  Es urgente romper con esta inercia y explorar hasta dónde puede llegar la articulación entre las tres oposiciones. Para sobrevivir hay que innovar y para ganar hay que inventar una nueva visión sobre la unidad, si no, ¿vale la pena seguir en el ring?

@garciasim

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