Pasaron a cuchillo a toda una familia por un miserable kilo de queso (2409193)

Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

Uno de los casos que rebasaron todos los récords de altura por su bestialidad en tierras venezolanas fue precisamente el de una familia compuesta por un bebé de 18 meses de nacido, su madre y su padre de la etnia wayuu o guajira, quienes sin piedad fueron pasados a cuchillo por las garras desgraciadas de unos ladrones de poca monta devenidos en asesinos sangrientos.

Esta aterradora historia ocurrió la lúgubre madrugada del domingo 5 de abril y tuvo por escenario una humilde vivienda de indígenas, dentro de la finca Santa Ana, en el sector Barranquitas, municipio Rosario de Perijá, estado Zulia.

No hacía mucho que, proveniente de San José de Perijá, el cabeza de familia, señor Luis González, se había trasladado con su hijo pequeño (de su mismo nombre) y con su esposa a esta hacienda, porque le habían ofrecido el trabajo de cuidar la posesión, así como el ganado. Anhelaba una vida mejor para su familia, sin saber que lo único que encontraría serían barbarie y muerte.

Ese domingo, el señor Luis se había levantado muy temprano, porque aparte de estar a cargo de la finca, elaboraba quesos que luego vendía en el pueblo. Él no podía saberlo, pero en la zona había cuatro rateros de poca monta que cada vez que se metían una piedra de crack o cocaína por las narices, crecían su maldad y su irracional sed de sangre humana.

El merodeo de los hombres lobo

Los vecinos del pueblo cercano ya decían que estos delincuentes se  estaban pasando de la raya y habría que hacer algo para detener sus arremetidas que cada vez se hacían más audaces y peligrosas. Actuaban como lobos aullantes, merodeando la zona, escondiéndose en el monte y atacando a quien se descuidaba para luego huir a sus guaridas.

Esa madrugada en que el señor Luis hacía el queso, estos seres, transmutados en hombres lobo por la fuerza de toda la porquería que se habían metido por la nariz y la boca, merodeaban en el campo hasta que al final divisaron desde la lejanía la débil luz amarilla del bombillo encendido en la aislada casita de los González; y hacia allá enfilaron sus patas y sus pestilentes hocicos.

Monstruosa carnicería

Las bestias llegaron a los límites del patio de la casita. Resollando y babeando, clavaron sus ojos enrojecidos y ardientes en la espalda del señor Luis, quien ajeno al peligro que le acechaba, seguía en su tarea de la preparación de los quesos.

Luego de unos escalofriantes minutos, las bestias saltaron sobre Luis lanzando chillidos espantosos, cuyo eco retumbó en aquellas soledades. Aunque fue cogido por sorpresa, Luis, cuchillo en mano, se enfrentó con valentía a esos monstruos, cerrándoles el paso a la casita donde estaban su bebé y su esposa.

Desgraciadamente la lucha fue muy desigual y en un segundo, una de las bestias lo derribó de un palazo en la cabeza e invadieron el hogar. La señora González gritaba desesperadamente, pero también opuso una feroz resistencia pensando en que su angelito lloraba indefenso en su cunita, pero pronto fue reducida por los viles atacantes.

Tanto ella como su marido fueron amordazados y atados de pies y manos; echados a un rincón mientras los monstruos lo revolvían todo en busca de dinero y otras cosas de valor. Al no conseguir nada en esa humilde morada, los sádicos criminales montaron en abyecta cólera y aullando como las bestias que eran, perpetraron el barbárico acto.

Mientras la señora y el señor González los veían con ojos aterrorizados desde el rincón donde habían sido lanzados y trataban de invocar la fuerza sobrehumana capaz de detener a aquellos demonios, uno de estos últimos tomó el cuchillo y se lo clavó sin piedad al señor González. Su mujer fue sometida a ver cómo los espantosos chorros de sangre manchaban toda la estancia y cómo el asesino con su cuerpo chispeado de carmesí se relamía los corruptos labios y cómo se reía al pasar la hoja metálica por el cuello de Luis.

Llorando de miedo y rabia, la valiente mujer quiso incorporarse, pero las bestias la golpearon salvajemente y también le abrieron la garganta sin miramientos. Arrastraron los cadáveres hasta el patio, dejando un gran rastro de sangre, y ahí los lanzaron. Mientras todo eso ocurría, el bebé en la cuna no había parado de llorar, así que movido por el demonio que tenía en su cochina humanidad, una de las bestias regresó a la casa y& también lo degolló.

Luego de esa barbarie inhumana, las bestias se llevaron un kilo de queso que el señor Luis había elaborado con sus propias manos, una carretilla y una bombona de gas, sumergiéndose en las tinieblas que precedían la salida del sol.

Poblada con ánimos

de  tomar la Bastilla

A la mañana siguiente, lugareños que pasaban por la zona avistaron con terror los cuerpos mutilados de la familia González en el patio de la vivienda. La noticia se regó como pólvora y en pocas horas se conoció todo el tamaño de la atrocidad cometida no solo contra los esposos González, sino contra su criaturita y contra la humanidad misma.

De inmediato, algunos vecinos se reunieron en la plaza pública y el rumor de sus voces fue subiendo vertiginosamente de tono, hasta que se convirtió en gritos coléricos de venganza. Todos señalaban a un tal  Meleán de 24 años de edad y a sus compinches como los autores de aquella atrocidad, digna de los asesinos nazis de las SS de Hitler o de dementes como Idi Amin Dada.

En pocos segundos, estaban enardecidos, como dispuestos a emprender la toma de la Bastilla. Los ánimos se caldearon. La mayoría de los hombres y mujeres se armaron con palos, picos, machetes y hasta con escopetas, conformando una escalofriante partida de caza que iba a por las cabezas de los impíos asesinos.

Alguien contaría luego (aunque no es la versión oficial) que uno de los participantes en la monstruosa masacre, un colombiano apodado  El Tete , fue localizado mientras dormía bajo un árbol pasando los efectos de la cocaína.

A este  Tete la muchedumbre cruel le habría dado hasta  por debajo de la lengua . Lo mataron a palos, pedradas, golpes y machetazos mientras suplicaba la piedad que no tuvo con la familia González. Su cabeza cortada de cuajo y el resto del cadáver mutilado fueron supuestamente echados a los animales del monte y a los zamuros.

Lo que sí se sabe es que lo que vino a continuación fue una razzia tras los pellejos de  Meleán y otro de sus compinches conocido como  El Cheíto . Los pobladores fueron tras ellos como en la edad media se iba tras los supuestos hombres lobo para barrer su maldad de la faz de la tierra.

Tenían el queso, la carretilla

y la bombona

Al enterarse de que la Policía los buscaba, y peor aun, de que la poblada sedienta de venganza les pisaba los talones para  darles lo suyo , el cobarde  Meleán y  El Cheíto decidieron entregarse a las autoridades.

 El Meleán fue detenido ese mismo lunes en horas de la noche. A esta sabandija se le consiguieron el queso, la bombona de gas y la carretilla robados de la casa de los González. Por su parte,  El Cheíto se entregó el martes bien temprano. Este despreciable sujeto confesó a la Policía que él mismo había degollado al bebé con sus propias manos, pero  que no era su culpa, era un demonio que le decía que hiciera esas cosas .

Los funcionarios debieron hacer esfuerzos sobrehumanos para no partirle el alma ahí mismo y, sin tocarle un solo pelo, lo pusieron a la orden de la Fiscalía, como lo hicieron con  El Meleán .

Estos sujetos fueron imputados y enviados a una oscura y abarrotada celda de la cárcel de arrestos preventivos de El Marite, donde esperan a que la justicia de los hombres los condene por la aberración cometida contra los González y su inocente bebé.  Ellos creen que se libraron de una muerte atroz , según se cuenta dijo uno de los presos de esa cárcel, insinuando supuestamente que  El Meleán y  El Cheíto habrían entrado en la antesala del infierno. Al parecer, la Policía Científica aún busca a otro sujeto que participó en el sangriento exterminio de la familia González, pero sobre ese oscuro demonio se ha conocido que supuestamente huyó hacia Colombia.

Por su parte, los vecinos de la familia masacrada  echaron mil maldiciones a los asesinos que escaparon por los pelos de una espantosa venganza, pero que ahora deberán enfrentar nada más y nada menos que la Justicia Divina, que seguramente los condenará a los tormentos más espantosos en la quinta paila del infierno para toda la eternidad.

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
Compartir