Pedro Saturno: Fotógrafo de bodas

El anecdotario de Pedro es muy extenso. Justo cuando nos narraba que conoció a Ysley en una fiesta, recordó que de muchacho pedía al Altísimo: “¡Dios, yo quiero muchas novias!”, pero el Señor se las mandó en forma de clientas.

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Pedro Saturno
“Me gusta el desarrollo documental de las bodas. Es el inicio de la familia. Hay tantas emociones. La gente se compenetra con uno, a pesar de que solo lo conocen el día del trabajo, y establecen relaciones que en ocasiones superan los años. Foto

Notitarde.- Ysley es una de los satélites más importantes de Saturno. Su preponderancia es tal, que las 60 y pico de lunas de su homónimo espacial parecen no tener fuerza. Ella es quien coordina, la directora de la operación, la memoria orgánica del artista. Tal es su naturaleza, que si Miranda Priestly la hubiese conocido, Andrea Sachs habría quedado sin oportunidad en “El Diablo viste a la moda”.
No hay otra manera de presentar a Pedro Saturno. Él es uno de los mejores fotógrafos de Sociales en Carabobo. Su planetaria gentileza no tendría mareas sin el brillo de su astro más importante, Ysley Belisario: una esposa en posición de manager general, quien crea la atmósfera necesaria para que uno de los artistas más connotados de las fotos de bodas pueda trabajar.
Son muchas las novias en Valencia que se han comprometido, primero con Pedro Saturno y después con quienes terminan siendo sus esposos. La sana envidia que pasa de una mujer a otra se pasea por un álbum fotográfico hecho Pedro Saturno. Allí nace la conexión. Todas son hermosas y fotogénicas. Las familias fotografían de ensueño. Los suegros registran un color adorable. Cada fotograma captura algo que ni la luz ni los contrastes ofrecen: la felicidad de un instante.

Cómo se creó Saturno

Hace un tiempito atrás La Candelaria lo vio aparecer envuelto en una cobijita. Nació en el seno de una familia en la que por tema de conversación era recurrente hablar de la fotografía de Héctor Rondón Llovera.
Una copia de la imagen ganadora del premio Pulitzer 1962 entró en sus pupilas por años y tras desarrollar la habilidad del habla pasó a ser parte de los custodios del relato de la afamada imagen de “El Porteñazo”. ¿Y quién no piensa en ser fotógrafo con semejante energía?
Sin embargo, entre el “oportuno” reportero gráfico del diario La República y su familia no había lazo alguno, pero el sacerdote, la imagen piadosa que hace guarnición al plato fuerte de la muerte, pertenece a monseñor Tulio Ramírez Padilla, quien en línea ascendente es tío abuelo de Pedro José Saturno Padilla, el excepcional fotógrafo para quien guardamos estas líneas.
Y si los talentos no se llevan en la sangre, se pudiera decir que son contagiosos. A los 15 años ya Pedro José trabajaba en el oficio de “la luz y el cuarto oscuro” bajo la tutela de Esteban Molnar, un descendiente de húngaros que manejaba y transmitía con rigor las instrucciones técnicas para el uso de la reflex.

Una inquietud lo perturbó con precocidad, y salió a disiparla. Probó con la música, estudió dibujo. Buscó cómo conectar con lo que deseaba expresar. Así llegó a las playas de la escuela de fotografía Ramón Zapata, frente a la plaza Sucre.

Por un ratico hizo Sociales

Con temperamento de canciller y sonrisa de lama, Saturno recordó que su padrino en el mundo de las fotografías para la fuente de Sociales fue Pedrito Hernández Aguilera. Junto a él se dispuso un vaso comunicante que procreó la chance que le ofreció la periodista Audrone Surosas y que lo convirtió en el gráfico de la fuente. “Me programé para una estancia de dos años en Notitarde y se extendió a casi 12 años. Estuve entre Sociales y Sucesos”.
De la mano de una de las más denodadas redactoras de las familias valencianas, Pedro José debutó. Documentó con esmero cada uno de los eventos a los que fue asignado y aprendió a cuidar los detalles.
Durante esos lustros Saturno hizo amistades, creó familia, construyó nexos profesionales irrompibles y atesoró una reputación de esteticista que lo derivó a fotógrafo de bodas, vida y familia, actividad para la que vive y por la que despierta todos los días.
“Me gusta el desarrollo documental de las bodas. Es el inicio de la familia. Hay tantas emociones. La gente se compenetra con uno, a pesar de que solo lo conocen el día del trabajo, y establecen relaciones que en ocasiones superan los años. Uno como fotógrafo de bodas tiene que lograr sensibilizarse con cada uno de los personajes: los novios, los papás de los novios, la familia y los amigos de los que van a unir sus vidas ese día frente al altar”.
Con su emancipación Pedro creó una empresa familiar que lleva su firma. En ella han trabajado sus hijos y actualmente lo acompaña su esposa, Ysley Belisario. “Ella es más que una asistente. Es una gerente de evento y logística. Le ha tocado acomodar trajes de novia, colocar zarcillos. Está pendiente de eliminar vasos, de acomodar pajaritas y de mediar en esos pequeños conflictos que nacen de la ansiedad que se alumbra en las bodas”.

“¡Dios, yo quiero muchas novias!”

El anecdotario de Pedro es muy extenso. Justo cuando nos narraba que conoció a Ysley en una fiesta, recordó que de muchacho pedía al Altísimo: “¡Dios, yo quiero muchas novias!”, pero el Señor se las mandó en forma de clientas.
Las novias son personajes muy especiales. Tienen el alma de crisálidas que se guardan para la metamorfosis. La boda es un momento bello y único. Para ninguna es igual. “Todas viven ese instante con una mágica intensidad y yo estoy allí para retratarlo”.
Pedro nos explicó mucho sobre la naturaleza de su trabajo y la empatía necesaria para abordarlo: “Uno se compenetra tanto que se emociona y vive por instantes la existencia de los otros. Cada fotografía de la boda me impacta, me llega sentimentalmente. He aprendido a valorar más allá de lo que es el foco, la luz, la connotación sentimental que debo captar en cada toma”.
“Como anécdota poseo una que resuelve todo lo que es mi vida como fotógrafo de bodas. Tuve una novia de cuentos. Hicimos contrato, y ella poco después lo canceló. El matrimonio no se dio. Pero igualmente me mantuvo como opción. Es algo que solo pasa entre amigos. Yo supe de su ruptura. Luego me comentó que ya tenía nuevo novio, pero no sabía si se iban a casar. Después tuvo la fecha y creo que primero llamó a la mamá y luego a mí y me dijo: ‘Pedro, ya tengo al hombre’. Y desde ese momento les hice las fotos: Las del día del compromiso, las del matrimonio civil, las del eclesiástico, la sesión de embarazada. Ya van por el segundo hijo y ya hemos hecho bautizos”.
Pedro no se queda allí. Estudió cocina y actualmente tiene en planes abrir un café donde hibridará su estudio de fotografía con la gastronomía. Al parecer se va a amparar en el viejo modelo de negocios que se abriga en el aforismo: Amor con hambre no dura…
Mucha suerte.

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