Periodismo para entendernos

Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

“Como decíamos ayer” Fray Luis de León

La famosa frase de Fray Luis de León del epígrafe, intenta evocar no solamente que antes estuve aquí, sino que permanezco todavía en un decir que procura hablar con todos por el camino del medio, asumiendo las dificultades desde las convicciones y la buena voluntad. En efecto, hace años fui columnista semanal de este y otro diario regional. Una experiencia importante que afronto impulsado por la promesa de un cambio en la línea editorial de este diario.

 Aplaudo desde luego una línea editorial que permita darle cabida a otra visión del mundo político y de la cultura en general. La necesidad de que se amplíen y se pluralicen los espacios de participación en donde se debate lo público, trasciende incluso esa misma urgencia. Creo que más allá de lo local, el mundo contemporáneo vive una experiencia retrograda del pensamiento, impulsada en mayor parte por las diversas formas de beligerancia permanente en que se batallan los intereses de unos sobre otros. Quizás como anuncian apocalípticos y nihilistas, nada sea capaz ya de desviar la tendencia autodestructiva de la mayoría de las sociedades contemporáneas. Sin embargo, dejar de intentarlo es aún una mayor majadería. Asumir inerte la derrota del pensamiento además de cobarde es un suicidio que en su violencia arroja por la borda todo cuanto el humano ha sido y puede ser.

La continua banalización de la tragedia es en sí misma una catástrofe que opera a favor de la insensibilidad y en contra de la básica convivencia social. En una era cada vez más informática, la comunicación efectiva de humano a humano se hace igualmente cada vez más superficial. La invocada posmodernidad al declarar la muerte de las ideologías y de los discursos de la trascendencia (historia, Dios, la poesía), aplica nuevas formas de dominación mental y una sola plana ideología. Hoy mismo experimentamos en nuestro país la intensificación de la llamada “guerra de cuarta generación”, cuyos resultados no son del todo predecibles pero que de imponer su cometido, vulnerará la integridad del país de la misma manera como ya lo hace con la psique de sus ciudadanos.

     Entiendo que la invitación a publicar en un medio aplastantemente reactivo a cualquier otra expresión que no sea a la determinada por la llamada derecha política, no es precisamente, una concesión graciosa sino la necesidad que se impone desde el sentido común de apelar a una nueva racionalidad capaz de fracturar la idea de la inevitabilidad de una conflagración entre venezolanos, la cual por otra parte, es alentada persistentemente en lo interno por pequeños estamentos del fundamentalismo más atrasado, y externamente, por un poder hegemónico trasnacional, haciendo siempre balance a favor de sus intereses.

Un periodismo de paz como respuesta a la acentuada confrontación mediática de tantos años a que hemos sido sometidos, no es un invento peregrino y mucho menos ingenuo. Apelar con absoluta sinceridad a lo afirmativo venezolano va más allá de un interés circunstancial. Necesitamos que las palabras establezcan una auténtica alianza entre la razón y la emoción. No se trata de dejar de debatir sino de hacerlo desde el acuerdo básico que ofrece la Constitución y del instinto de vida de la misma inteligencia ante la rotundez de la realidad. 

No es menos cierto que la polarización política tiende a favorecer la ausencia de debate no solo entre las partes en pugna en una determinada sociedad, sino que en cierta forma se proscribe el disenso al interior de esos grupos y se enquisten pequeñas facciones de poder que suponen comprometidos sus liderazgos en un espacio  racional en que se logren ver cara a cara los demás integrantes del drama común que les afecta. Un periodismo de paz y solidario, en tanto oferta la prescripción informativa que nos convoca, debe escoger el centro porque el diálogo verdadero no puede ser promulgado sino que es consecuencia de un hacer entre individuos libres capaces de superar las presiones y los prejuicios a los que de manera inevitable son sometidos. Un diálogo sin cálculo político en el que el debate esté garantizado sin mediaciones de ninguna especie. Se pudiera partir de un hecho cultural  universal, como es el reconocimiento al lenguaje. Excluir las retóricas de la demagogia, y de la manipulación, tiene que ser un compromiso entre quienes intentan participar limpiamente en este desarme, pues incluso rechazando el academicismo engreído, la manera adquiere importancia capital ya que la forma no está vacía al expresar contenidos. 

Este periodismo hasta ahora sólo “prescriptivo”, debe, tiene que tomar en cuentas experiencias como la acopiada en el decálogo ético que elaboró la Unesco en 1983 con la participación de 400 mil periodistas del mundo. Aspectos que son analizados por Vicente Romano en el contexto de su obra La violencia mediática, los cuales están establecidos así: I. El derecho de la gente a la información veraz. 2. La dedicación del periodista a la realidad objetiva. 3. La responsabilidad social del periodista. 4. La integridad profesional del periodista. 5. Acceso público y participación. 6. Respeto a la intimidad y a la dignidad humana. 7. Respeto al interés público. 8. Respeto por los valores universales y la diversidad de culturas. 9. Eliminación de la guerra y de otros grandes males que enfrenta la humanidad. 10. Promoción de un nuevo orden de información y de comunicación mundial.

Momentos muy difíciles han puesto a prueba la voluntad de ahondar en la participación democrática de la sociedad. Quienes apuestan por el fratricidio bélico entre venezolanos pueden y serán derrotados con el auxilio de los venezolanos y de la buena voluntad de aquellos que han experimentado el indescriptible horror de la guerra. Me uno al duelo por la muerte de un niño y por la pérdida de la juventud del muchacho que cegó esa vida. Pienso en los instigadores de la violencia criminal y de la necrofilia. (Om mani pegme hung).

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
Compartir