La pesada carga de la deuda china

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La visita a Venezuela del presidente de la República Comunista China, Xi Jinping, dejó una preocupante estela en el país. 

Se dice de que los incontables milmillonarios préstamos que China ha dado en estos últimos años al gobierno de la revolución, casi todos pagaderos con venta de petróleo a futuro, constituyen una entrega de la soberanía del país a la dictadura china. La foto de Jinping con una banda presidencial terciada por su dorso que circuló en la prensa nacional, abona a esa premisa.

Lo primero que llama la atención es que, dentro de toda la parafernalia que acompañó la visita – esta vez – los chinos no fueron tan generosos para con Venezuela. Se informa que el gobierno aspiraba a hasta $15 millardos en nuevos préstamos y lo que consiguió fue la segunda renovación del préstamo original, del Fondo Cuba-Venezuela, por tan solo $4,0 millardos.

Lo segundo que preocupa es la actitud aparentemente alegre del gobierno hacia sus gigantescas obligaciones ante todo el mundo, incluyendo a China.
Dentro de la ilógica revolucionaria, Nicolás Maduro, Rafael Ramírez, presidente de PDVSA, y Ricardo Menéndez, ministro de Planificación, defienden el endeudamiento creciente y sostenido con China, aduciendo un sin fin de beneficios no tangibles. 

Es más, el mismo Nicolás Maduro tuvo el tupé de decir que las deudas no pesan, pues "se pagan con petróleo". La realidad es que las "ventas" a China ya van por los 540.000 b/d (más del 25% de las exportaciones) y se habla de llevar esto al millón de barriles por día (=la mitad de las exportaciones).
"Ventas" que no necesariamente le convienen al país ya que una alta proporción (no se sabe cuánto) es precisamente para pagar deudas, en vez de generar ingresos en efectivo. 

Tampoco se sabe a ciencia cierta que ha hecho el gobierno con los más de $40 millardos recibidos hasta la fecha. (Se informa que más o menos la mitad ya ha sido cancelado, pero eso tampoco está claro ante la falta de información oficial.)

Evidentemente, una buena porción de lo recibido se ha perdido, por ineficiencia o corrupción o mala planificación, aunque sí ha habido aplicaciones constructivas. 
Una cosa es la construcción de un ferrocarril o la recuperación de una planta de aluminio, pero otra sería la importación de autobuses que se hubiesen podido ensamblar en el país a un costo mucho menor en términos de las divisas utilizadas, con el beneficio adicional del empleo generado para trabajadores venezolanos. Ni hablar de la construcción de viviendas con trabajadores chinos.

Menos cuestionamientos tendría esta línea crediticia infinita que ha tornado a Venezuela dependiente a China, si se estuviesen produciendo los seis millones de barriles diarios, que era la meta fijada por la "PDVSA vieja" para 2005. DE haber sido así, ahora se tendrían barriles suficientes para seguir vendiendo al contado a los mercados naturales como los EE.UU., con fletes más baratos por su cercanía – y pagos chin chin. Hoy Venezuela vende escasamente 800 mil barriles diarios a los EE UU, la mitad de lo que otrora destinaba.

Lo cierto es que digan lo que digan los revolucionarios en el gobierno, la deuda con China sí es una carga de peso para la nación, debido a que los convenios y las condiciones que la rodean son en extremo opacos. Y redobla su peso cuando el destino se va a gastos ordinarios sin retorno, a ayudas externas a amigos del "proceso", a gastos proselitistas para sostener a la revolución y al inmenso goteo de la corrupción de los bolivarianos.

Como dijo Jinping hay que "mantener el mismo espíritu para avanzar en busca del próximo gol" que – entre líneas – se puede interpretar como una alerta que el gobierno se tendrá que enseriar en el uso de esos préstamos, si es que espera que los chinos lo sigan apoyando.

 

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