Pocaterra y Valencia (2368795)

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Dedicado al amigo Orman Parra

Estuve cerca de José Rafael Pocaterra, cuando dijo su discurso a la ciudad que le había visto nacer, era el 25 de marzo de 1955, al mes supimos de su fallecimiento,- que no muerte,- porque los hombres como Pocaterra no mueren jamás.

Pocaterra era un muchacho, cuando la dictadura de Cipriano Castro, y en su periódico llamado Caín, criticó duramente al déspota, no tardó la policia en llevárselo a su primer carcelazo, duró un año entre rejas. Nos cuenta Pocaterra, que una vez conspiró junto con el Dr. Alejo Zuloaga, el fundador de la Universidad de Valencia, hoy de Carabobo, según Pocaterra, (citó de memoria) el Doctor Zuloaga había alquilado una casa que lindaba pared por medio de la cárcel, el proyecto era abrir un bloquete para que los presos políticos tuvieran la libertad. Los espíritus elevados, se juntan para las grandes obras.

De allí en adelante, alertarían entre cargos públicos y carcelazos, acompaño al General Román Delgado Chalbaud, en la expedición del Falke, al fracasar, lanzó el armamento al mar. La civilidad de Pocaterra y su odio a las tiranías, no pudieron callarlo jamás. Su corazón vibró intensamente aquella mañana valenciana de marzo de 1955, fue presentado por Teodoro Gubaira, Presidente del Consejo Municipal, su amigo quien lo había invitado, y fue magnifico anfitrión.

Luego Pocaterra dijo:  Con una especie de terror sagrado, creo ver incorporarse en la penumbras de este recinto (el Consejo Municipal hoy existente) aquellas figuras que sobre la historia, la anécdota y con mente atormentada, cruzan severos y erguidos estos ámbitos y prendieron un instante en el cielo de la Republica que nacía en el trecho azul de la paz de la nueva bandera& pasa el mestizo de la Portuguesa (Páez) con sus ojos claros, y su clara ambición; retumba el eco de la grita en la plaza y el tropel militar se precipita escaleras abajo hacia el Poder& en un ángulo solitario, cercados con las pupilas cobardes de los eternos sicofantes y por el hostil relampaguear de los hombres de presa, un Peñarver aislado, insigne palidece en su impasible civilidad .

Frente a frente con el dictador militar Marco Pérez Jiménez, Pocaterra dijo:  A mi viejo pueblo valenciano no le pido sino un silencio más -¡Ya es pedirle demasiado!- Para que oigan con el recogimiento austero que lo inspiró, este canto de los siglos, a cuyo agobio aún tiene las alas tensas en demanda de un porvenir mejor .

Pocaterra falleció solo un mes después de haberle cantado a Valencia. Dice la afectota que Pérez Jiménez no quería darle la entrada a Venezuela, pero el Dr. Vallenilla Lanz. Lo convencio diciendole que sería el canto del cisne, y no se equivocó, a los días falleció el recio venezolano.

Quiera Dios, que alguien con poder, en nombre de los carabobeños, solicite al Presidente de la República, el traslado de los restos del valenciano al Panteón Nacional. Nuestro querido amigo el Dr. Enrique Casal (Qepd) siendo Senador de la República, solicitó para el valenciano los honores en el Panteón, y se los acordaron por unanimidad. La fecha de Valencia, sería la indicada. ¡Pocaterra es patrimonio de la carabobeñidad de todos los tiempos!

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