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Hogar Palestino: templo de oraciones
Un templo construido para todos en suelo carabobeño no ha impedido
que la Comunidad Palestina perpetúe sus creencias y consagre su vida
a seguir siendo el ejemplo de su "tierra bendita".
La historia del Pueblo Palestino está signada por la tragedia,
porque cuando todos los países de la zona se emancipaban y obtenían
sus independencias, Palestina era dividida por una decisión de las
Naciones Unidas, dando nacimiento al Estado de Israel y, adosando el resto,
al reino hachemita de Jordania. La Comunidad Arabe Palestina es de las emigraciones
del Medio Oriente más recientes en Venezuela.
Mezquita de Jerusalén, templo sagrado de la oración musulmana
A muchos kilómetros de distancia, se divisa la cúpula de
la mezquita del Hogar Arabe Palestino, ubicado en el callejón Mañongo,
su sede desde el año 85, donde apartados del ruido de la ciudad,
sus 250 miembros -todos de religión musulmana- se reúnen cinco
veces al día para orar, en los horarios comprendidos entre las 6:00
de la mañana, 1:00 de la tarde, 3:30 de la tarde, 7:00 y 8:00 de
la noche, dirigidos por el Cheg, sacerdote musulmán. Este Club Palestino,
es la gran casa de esa comunidad, ahí se celebran bodas y fiestas;
reuniones donde se conversa y se discute acerca del futuro de Palestina.
Los domingos es cuando se agrupa la mayoría de la comunidad palestina,
disfrutando de una parrilla en un amplio terreno de 7 hectáreas,
mientras que sus hijos juegan.
La religión musulmana contempla ritos que han perdurado a través
de la historia y que, a pesar de que ya no están en su tierra mística,
los celebran con mucha devoción; uno de ellos es el ritual del funeral
musulmán, que consiste en llevar el cuerpo de la persona al Hogar
Palestino, ahí se encargan de bañarlo, rezarle y vestirlo
con una sábana blanca para luego trasladarlo al cementerio y enterrarlo
(según las normas que contempla la religión), sin urna. Además
de un mes de ayuno, que ellos denominan el Mes del Ramadán (este
año se celebra el 20 de diciembre), a partir de las seis de la mañana
hasta que se oculte el sol, no pueden ingerir alimentos ni bebidas y luego,
en la noche, pueden disponerse a comer.
La Comunidad Palestina se dedica la mayor parte del día a rezar,
los que pueden hacen un alto en sus ocupaciones, porque ésa es la
manera como se identifican con el dolor ajeno y, para ellos orar, significa
una vía de ayuda a sus semejantes.
Los musulmanes llevan un estilo de vida sereno, es difícil encontrar
alguno que haya tomado costumbres típicas venezolanas, porque el
respeto hacia su religión va más allá de sus raíces.
No consumen bebidas alcohólicas y el plato preferido es el Mansag,
una divina mezcla de arroz, suero y carne. Su diversión en las fiestas
es el Dabque, baile en grupo, similar al de sus países hermanos.
El Hogar Palestino representa el templo sagrado donde, en el silencio
latente, se escuchan los rezos de una comunidad devota por naturaleza, que
los hace fiel representantes de una región que pasó muchos
años de angustias y tristezas.

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