Una comunidad fiel a su religión

Rusia, sinónimo de espiritualidad

Sentarse a conversar con un hijo de Rusia con raíces en Venezuela; adentrarse en lo más íntimo de sus costumbres, gustos, gastronomía, tradiciones, y por supuesto, sus marcadas creencias religiosas, es -por experiencia propia- lo más cercano a sentirse "extranjero" en nuestra propia tierra. Y es un sentimiento que llena, que permite transportarnos por un instante a una nación que a pesar de ubicarse geográficamente lejos, está más cerca de lo que imaginamos.

Estos inmigrantes -venidos hace más de 50 años a esta tierra latinoamericana- han sabido conservar los valores más puros y representativos de su querida Rusia, haciendo un "huequito" en sus corazones para dejar entrar a una segunda patria: Venezuela.

Este grato encuentro con Rusia sin salir de Valencia, fue posible gracias al valioso apoyo de un grupo de personas nativas de esta nación, quienes con las manos abiertas nos recibieron amablemente en la casa de la señora María Nazarewsky de Leiva. Se encontraban presentes el reverendo Sergey Gutzalenko, Konstantin Schadan, Vera Maximovitch de Schadan, Tatiana Kelecic, Antonina de Turalich, Irene de Medvediev, Miguel Zeuss, Víctor Tikhonov, y la familia Leiva Nazarewsky.

 

Un gran salto: desde Europa para América

 

El escenario para la migración rusa a Venezuela en este siglo fue el fin de la Segunda Guerra Mundial. En esa época -mediados de los años 40- muchos europeos se vieron en la necesidad -y en la obligación- de abandonar sus hogares en busca de la libertad. En 1947 el gobierno venezolano, bajo el mando del general Marcos Pérez Jiménez, abrió las fronteras del país y recibió una oleada de inmigrantes políticos provenientes del este europeo, entre rusos, ucranianos, serbios, búlgaros y rumanos, quienes viajaron hasta Venezuela a bordo del barco "General Sturgis", de bandera norteamericana. Otra parte importante cruzó el mar en avión. Según cuentan algunos, este barco luego del tercer viaje y en su retorno a Europa, se hundió. La travesía duraba un mes.

Estas personas, ansiosas de un mundo nuevo, tenían una característica que los distinguía: la mayoría eran profesionales de diferentes áreas, incluyendo artesanos y agricultores, quienes lejos de llegar con ansias de enriquecerse, venían con deseos de trabajar y de aportarle sus conocimientos a un país con pocas señales de industrialización.

Eran los tiempos de la Venezuela tranquila, sin violencia ni delincuencia aguardando en las esquinas, convirtiéndose en el suelo perfecto para olvidar la guerra y para sembrar sus raíces humanas. Algunos llegaron a poblaciones como Guasdualito, en el estado Apure, y luego se fueron ubicando en las ciudades que les han servido de hogar hasta estos días.

De Rusia trajeron muchas cosas: su música, su comida, su artesanía, sus festividades y, principalmente su fe religiosa.

 

Rusia a través de sus ojos

 

Los rusos tienen una manera muy particular de darle la bienvenida a sus invitados. En la residencia Leiva Nazarewsky, una joven ataviada con un "sarafán", traje bordado con piedras preciosas usado por su madre el día de su matrimonio, aguardaba en la puerta. En sus manos una bandeja de plata, y sobre ella un pan redondo y una pequeña vasija con sal, que significa la disposición al recién llegado de todo lo que está dentro del hogar; dicho en otras palabras "mi casa es tu casa". De esta manera, desde los bienes materiales hasta la comida están a la orden del visitante.

Originalmente la colonia rusa en Valencia era muy numerosa, pero con el pasar de los años se fue dispersando hacia otras latitudes. Es de resaltar que los primeros signos de cambio en este aspecto se remontan a la época de la caída de Pérez Jiménez, situación que despertó incertidumbre entre algunos inmigrantes, que decidieron trasladarse hasta Estados Unidos y Canadá. Quienes aún viven en Carabobo son los que desde el primer momento fijaron aquí su residencia.

Con el cambio de "Rusia" a "Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas", URSS, los inmigrantes en Venezuela se convirtieron en "apátridas", pues se quedaron sin nacionalidad. Esto los hizo acelerar el proceso de obtener la identidad venezolana.

Al pasar de los años los lazos con nuestro país se fortalecieron, siendo los hijos y nietos de estos inmigrantes la mejor prueba de su apego hacia esta tierra.

 

Iglesia Cristiana Ortodoxa en Valencia

 

En el estado Carabobo la colonia rusa se mantiene muy unida. Pese a que no es una comunidad numerosa en comparación con otras, quienes aquí habitan están siempre en contacto, congregándose "sin falta" semana a semana en la Iglesia Cristiana Ortodoxa de la Santísima Virgen María, ubicada en la calle Arvelo de Santa Rosa, Valencia.

A diferencia de otras colonias extranjeras que han edificado clubes sociales en la ciudad como sitio de reunión, los rusos cuentan desde hace 50 años con su iglesia, que constituye para esta comunidad el mejor lugar para -como ellos mismos dicen- "tranquilizar sus almas".

Quizás muchas personas han pasado frente a esta iglesia y no se han percatado de su existencia; esta discreción religiosa se corresponde con la sutileza con que los rusos advierten su presencia.

En Venezuela funcionan cinco iglesias ortodoxas, siendo la de Valencia la más antigua. Su fecha de fundación data del 7 de agosto de 1948, y cuenta con la bendición de Su Excelencia del Metropolito Anastacio, jefe de la Iglesia Cristiana Ortodoxa en el extranjero, y confirmado por el Arzobispo Feodocio de Brasil.

Para la colonia rusa, lo primero es su iglesia. Actualmente el reverendo Sergey Gutzalenko es el encargado de oficiar los actos religiosos. Existe también un Comité de Parroquia, y el primero de éstos fue presidido por el reverendo Ioann Baumanis. Lo integraban además K.B. Maximovitch, N.N. Pupynin, A.D. Balevitch y L.V. Oljovsky. Actualmente, el comité lo conforman G.E. Makujina, M.G. Zeus, L.Z. Basov, A.F. Turalich, M.K. Leiva, A.P. Dubovsky y T.F. Duvoskaya.

Recuerdan con especial atención los miembros de esta iglesia la visita en 1953 del Arzobispo John Maximovitch, quien fuera canonizado posteriormente en San Francisco, Estados Unidos. Actualmente sus restos reposan en la catedral rusa de esa ciudad, sin ningún tipo de protección artificial.

 

Dogmas y doctrinas ortodoxas

 

El cristianismo ortodoxo es extremadamente espiritual, y por ende la elevación espiritual de sus integrantes es primordial.

Señalar desigualdades entre la iglesia cristiana ortodoxa y la clásica, obliga la mención de diferencias doctrinales, sacramentales, dogmáticas, rituales y hasta políticas.

Entre muchas, existe un dogma de la iglesia católica que establece que su cabeza es el Papa. Para los ortodoxos, el Papa es el obispo de Roma, como lo determinó su título original, pero no como superior de todas las iglesias del mundo.

Otra diferencia es que los reverendos ortodoxos pueden contraer matrimonio una sola vez en su vida. Los feligreses reciben su misa totalmente de pie, pese a que la duración de la misma puede superar las dos horas. La liturgia del domingo, donde los ortodoxos reciben la comunión, debe ser antecedida por una misa el sábado, como víspera a dicha liturgia.

La iglesia católica acepta la Inmaculada Concepción como dogma, mientras que los ortodoxos no. Para ellos, el Espíritu Santo deriva del Padre nada más, mientras que el Hijo fue añadido hace mil años, y fue uno de los motivos fundamentales para la separación.

Algo muy importante es que los ortodoxos adoran los íconos de sus santos. Otra de las misiones de esta iglesia, además de divulgar el evangelio y de propiciar la satisfacción espiritual a los ortodoxos, es mantener las tradiciones tal y como eran antes de suscitarse la revolución comunista, en la que hubo muchos ataques contra la religión.

 

Aportes y tradiciones de la colonia rusa

 

Los aportes son muchos. Desde el punto de vista profesional, destaca la contribución a la docencia universitaria venezolana, con la incorporación de matemáticos, ingenieros, médicos, investigadores y científicos rusos que han ofrecido lo mejor de sus conocimientos.

Desde el punto de vista humano, tenemos el surgimiento de escuelas de ballet clásico y ruso, donde se han formado destacadas figuras venezolanas. La actividad teatral ha llenado espacios importantes, pese a que en los últimos años se ha visto un poco mermada.

Fuera del ámbito cultural, la gastronomía rusa, rica en vegetales y verduras, constituye un verdadero banquete al momento de ir a la mesa. Antes de ingerir alimento: el infaltable "vodka", cuya pureza debe ser primordial para preparar el estómago. Eso si, a la boca directo del congelador.

El té ruso tiene un puesto importante en cada casa, en la que por tradición existe una tetera -antes de carbón, ahora eléctrica- en la que la infusión debe estar lista para ser servida en cualquier momento del día.

De la artesanía, sobresalen las muñecas o "matrioskas" rusas, que guardan en su interior imágenes semejantes a escalas más pequeñas, que simbolizan el cuidado de una madre a sus hijos.

Otra de las tradiciones rusas consiste en la entrega de huevos pintados el Domingo de Resurrección, durante la Semana Santa. Las familias acostumbran llevar estos huevos de Pascua a las misas y cuando el acto religioso culmina son intercambiados al momento de la felicitación.

Un consejo: cuando un amigo ruso lo invite a almorzar, váyase dispuesto a pasar un buen rato en su casa, pues la sobremesa puede durar hasta altas horas de la noche.

 

 
 
 
 

 

EDICION XXIII ANIVERSARIO