Pocos pero buenos
Entre empanadas, curanto y pastel de choclo
vive el alma chilena
Pese a no ser muy numerosa, ni tener una organización civil que
los agrupe oficialmente, la Comunidad de Chilenos residente en Valencia
ha luchado por mantenerse unida, no sólo para celebrar los aniversarios
de su país, sino para recordar viejos tiempos, comer humitas o unos
porotos granados y, sobre todo, para hablar de fútbol, del Colo Colo
o Universidad de Chile, dos grandes equipos que se disputan las preferencias
de los hinchas "rotos".
Una representante del país mapucho, afincada en Valencia, es Margarita
Tello de Cantillán, quien llegó hace 21 años y decidió
quedarse en lo que ella considera "El Paraíso".
"Mi esposo Eduardo Cantillán llegó un año antes
que yo, luego, cuando yo lo alcancé, decidimos quedarnos a vivir
aquí. Nos gustó el calor, la comida, el trato de la gente,
la receptividad, todo".
Ambos esposos naturalizados, se dedican al comercio en el área
textil y
trabajan muy duro para darles lo que se merecen a sus tres hijos nacidos
en este país.
Juan Rodríguez, nació en Los Angeles, Chile y también
llegó cargado de ilusiones a Venezuela hace 22 años.
"Salí en busca de nuevos horizontes, ya que las cosas no
estaban muy bien en mi país. Mi esposa María Angélica
y yo, elegimos este país, debido a que aquí se vivía
una buena época y, era donde cualquier persona que quisiera trabajar,
era bienvenida".
"Aquí tenemos tres hijos y nos dedicamos al comercio, principalmente
a la elaboración de dulces chilenos y empanadas, los que distribuimos
entre la colonia sureña".
Juan Rodríguez, se naturalizó porque considera que Venezuela
es el país que eligió para quedarse a vivir y, en el que ha
encontrado comprensión, afecto y sobre todo, solidaridad.
"Por todo eso es que decidimos mi esposa y yo adoptar la nacionalidad
venezolana, para poder retribuir con algo de nuestro esfuerzo, ese cariño
con que esta prodigiosa tierra nos acunó".
Mauricio López, es una de esas personas que busca mantener el
cordón umbilical con sus raíces, su cultura, su propia fuente
natural.
Llegó a Venezuela hace 22 largos años. Como muchos chilenos,
tuvo que elegir entre quedarse en su país y permanecer en las cárceles,
por el simple hecho de disentir de una forma de gobierno o, salvar la vida
y la de su familia.
Así fue que conoció Caracas, donde realizó diversos
trabajos, hasta que hace 18 años encontró en Valencia, la
posibilidad de surgir con fuerza propia, montando una pequeña empresa,
la misma que hoy se ha convertido en una de las líderes de su rama,
a base de esfuerzo, tesón y, mucha confianza en el futuro del país.
Casado con Olivia Letelier y con dos hijos, Mauricio López mantiene
una estrecha relación con su comunidad, lo que le ha permitido conocer
a los casi dos mil paisanos que viven en Carabobo.
"Me siento absolutamente venezolano porque, yo elegí quedarme
en este país. Pude haber optado por cualquier otro, pero mi corazón
y el de mi esposa quisieron que echáramos anclas en esta tierra,
maravilla de la naturaleza".
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