WILLIE HORTON

Tenía que ser brujo! Valencia vivió bajo su hechizo y no quería despertar del sueño. Desde Estados Unidos había llegado Willie Horton como jardinero del equipo Navegantes del Magallanes y por los sorpresivos giros que da el destino terminó siendo capitán de la nave turca. Iluminado por la Diosa Fortuna condujo con tino, condimentado con mucha suerte, al equipo carabobeño hasta el sitial de honor, nada menos que campeón de la Serie del Caribe en 1979.

Por segunda vez Magallanes logra el título entre los campeones que representan a los países bañados por las aguas caribeñas; era el único equipo venezolano que había logrado tal hazaña... y por dos veces. Inobjetable.

Tan popular como la arepa, Magallanes contaba con fanáticos a lo largo y ancho de toda la geografía nacional, seguidores de un conjunto que poseía un estelar cuerpo de lanzadores, hombres de poder al bate y un mánager-jugador que había embrujado a todos: Willie Horton.

Aplicaba controversiales métodos en el desarrollo de la estrategia en un partido de beisbol y contra todos los pronósticos, acertaba; como tocado por la divinidad, diseñaba audaces esquemas que violentaban las tradicionales reglas del juego y por suerte de encanto, obtenía la victoria.

Se planteaba retos que a diario reivindicaban su nombre, el cual fue desplazado por el apodo de "El Brujo", verdaderamente había embrujado a todos.