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MONSEÑOR LUIS EDUARDO HENRIQUEZ
El personaje del año 1987 es, sin
lugar a dudas, el Arzobispo de Valencia y encargado de la Diócesis
de Maracay, Monseñor Luis Eduardo Henríquez. En ese año
celebró sus Bodas de Plata y la Universidad de Carabobo le otorgó
el Doctorado Honoris Causa, se destaca la capacidad de entrega de Monseñor
Henríquez, su dedicación a la misión evangelizadora,
su vocación docente. El pastor, poeta y maestro recibió también
la Orden Libertador. Monseñor Luis Eduardo Henríquez pone
de manifiesto su profunda humildad, su capacidad crítica, su vocación
para el amor y su conocimiento esencial y profundo del oficio del poeta.
Este hombre que supo valorar los destinos del conocimiento humano, que defendió a la Universidad y se comportó siempre como un universitario, que buscó la conciliación en los territorios más áridos y desencantados, queda en la memoria de Valencia como una figura paradigmática e iluminadora.
Y llegó el cierre de la cortina.
Y creo que hasta aquí nos llevó el tren. Deberíamos montar en un vagón principal a Monseñor Henríquez, a Amelia Hernández y su tablero de ajedrez, a Petra Palacios y sus peleas por la mujer, a Rafael Elino Martínez y Nelson Rodríguez defendiendo a Puerto Cabello, a Teodoro Gubaira, a Carlos Zerpa, al Maestro Alvarez y al periodista Laurentzi Santos, y a ¿cuántos más?
Por ese año tenemos Terminal de Autobuses nuevo, Aeropuerto Arturo Michelena, Mercado Periférico en Naguanagua y Gimnasio con Velódromo también huelgas, paros, intoxicaciones y otras cosas, así es la vida de este país, unas son de cal y otras de gloria.