EDICION 26 ANIVERSARIO
Valencia, 9 de Agosto de 2002

 
Portada de la
Edición Aniversaria

Eduardo Fernández


Editorial
Notitarde
C.A.


Encender una luz de esperanza
Venezuela está atravesando una crisis muy profunda. El acceso al poder de Hugo Chávez es un reflejo de la crisis, Chávez no inventó la crisis, la crisis lo produjo a él. êl llegó al poder porque la mayoría de los electores venezolanos pensaron que él era el hombre indicado para resolver la crisis. Lamentablemente, la evidencia demuestra que lejos de resolver los problemas acumulados desde hace unos cuantos lustros, el gobierno de Hugo Chávez ha contribuido a agravar y a exacerbar esos mismos problemas que prometió resolver.

El 5 de julio de 1987, en la más alta tribuna de la República, en la sesión solemne del Congreso Nacional convocada para celebrar el Día de la Independencia y en la presencia de las más altas autoridades del Estado, dije: "El pueblo está bravo" y expresé las razones que explicaban el malestar popular y señalé caminos para dar respuesta a la exigencia de cambio que se hacía presente con mucha fuerza en el ánimo colectivo. Dije entonces que la historia de nuestro país demostraba, y sigue demostrando, que cada treinta años se producen cambios fundamentales en la vida del país y argumenté que generalmente esos cambios venían acompañados por la violencia. Apelé con toda la elocuencia posible porque en esta coyuntura, los venezolanos de esta generación, hiciéramos los cambios pacífica y civilizadamente, como fruto de la razón, de la inteligencia y del patriotismo. Algunos de los cambios que entonces propusimos se hicieron, pero creo que fueron muy pocos y muy tarde. Menos de dos años habían transcurrido cuando se hizo presente de nuevo en la vida de Venezuela el fenómeno recurrente de la violencia: el Caracazo en febrero de 1989 puso en evidencia la profundidad del descontento popular y después vinieron los intentos de golpe de estado en el año 92 que fueron recibidos con insólita simpatía por sectores muy amplios, mayoritarios me atrevería a decir, de la población venezolana.

El segundo gobierno de Pérez, el breve interinato de Ramón Velásquez y la segunda administración de Caldera, no supieron o no pudieron enfrentar la gravedad de la crisis y para completar el cuadro, los grandes partidos democráticos del país presentaron plataformas electorales igualmente insólitas que dejaron el camino abierto para el triunfo electoral de una especie de "vengador errante" montado en un programa delirante de populismo, demagogia y odio.

Dice un viejo refrán castellano que "la culpa no la tiene el loco sino el que le da el garrote". No contentos con todos los errores cometidos en el pasado más reciente, distinguidos integrantes de la elite del país entre los cuales se cuentan figuras muy representativas de la política, de la academia y de la vida intelectual, contribuyeron a darle al nuevo caudillo plenos poderes al facilitarle la convocatoria de un Proceso Constituyente que nada bueno tendría que dejarle al país. No es posible imaginar que los distinguidos venezolanos que integraron la llamada Comisión Constituyente, cuyos nombres prefiero omitir dado que ahora todos lucen arrepentidos de lo que hicieron, no hayan tenido presente la larga y dolorosa experiencia histórica de Venezuela que nos enseña que detrás de cada caudillo, de cada salvador de la patria con ínfulas mesiánicas ha venido un proceso constituyente dirigido a concentrar todo el poder en las manos del nuevo jefe. Hoy, todos los venezolanos estamos padeciendo las consecuencias de aquel desatino. Hoy nos angustia no encontrar soluciones civiles y pacíficas a la crisis y no encontramos esas salidas por culpa del proceso constituyente que con tan buena fe como ingenuidad facilitaron algunos compatriotas.

Venezuela está fracturada como consecuencia de un proceso de equivocaciones acumuladas en los últimos 20 ó 25 años y que se manifiesta en lo que he llamado la PENTA-CRISIS, es decir, una crisis que tiene cinco expresiones bien evidentes:

 

1. Crisis Política, que se reconoce en la pérdida de legitimidad de todas las instituciones comenzando por la Jefatura del Estado y terminando por los partidos políticos.

 

2. Crisis Económica, que se expresa en el colapso del modelo rentista petrolero sin que el país haya tenido capacidad para sustituir aquel modelo fracasado por una economía moderna productiva y competitiva.

 

3. Crisis Social, que se pone de relieve al constatar el proceso de empobrecimiento creciente de la población. Es un escándalo que un país con los ingresos que ha tenido Venezuela en los últimos años haya llegado a la situación de que bastante más de la mitad de su población viva la situación de pobreza o de pobreza extrema. Como todos los problemas, éste de la pobreza tampoco lo inventó Chávez, pero también éste lo ha exacerbado y agravado como consecuencia de su populismo, de su demagogia y de la monumental incompetencia de su gestión.

4. El cuarto lado de la crisis lo representa la crisis cultural, los venezolanos seguimos creyendo que somos ciudadanos de un país rico, que nuestra riqueza la administra el Estado y que por tanto el Estado debe ocuparse de resolvernos los problemas desde la cuna hasta la tumba. La cultura del paternalismo estatal no ha sido sustituida por la cultura de la responsabilidad, del estudio, del trabajo y de la disciplina.

 

5. Finalmente, el país tiene una profunda crisis ética, una crisis de valores, una crisis moral. Todavía sigue prevaleciendo la visión del coronel Carujo "El mundo es de los valientes" por encima del criterio civilista del doctor José María Vargas "El mundo es del hombre justo y honrado". La corrupción está presente en todos los órdenes de la vida nacional y no hay que ponerle apellido porque no se trata solamente de la corrupción administrativa sino de la corrupción que se manifiesta en la conducta personal o en la familia, o en la empresa o en el sindicato o en la política.

El once de abril ocurrió que se puso de manifiesto que frente al fracaso del gobierno no existía una alternativa democrática seria, madura y confiable. El once de abril un amplio movimiento nacional que tuvo como protagonistas principales a los ciudadanos, a los medios de comunicación social, a la Iglesia, a los empresarios y a los sindicatos, demostró la fragilidad del gobierno, pero no logró construir una alternativa viable que pudiera sustituir a un régimen que ha perdido todas las batallas pero que, por cierto, sigue representando la esperanza y la ilusión de un significativo porcentaje de la población y esto que acabo de decir fue un dato que también omitió la oposición en su acción.

En relación a lo que viene, confieso que soy pesimista. No estoy seguro de que el país haya aprendido la lección. Seguimos esperando la aparición de un nuevo mesías, de un nuevo salvador de la patria, de un nuevo caudillo.

Seguimos respondiendo a los mismos criterios culturales propios del rentismo, del populismo y del estatismo. Sigo observando un gobierno que fracasa aparatosamente frente al cual no termino de encontrar una alternativa democrática seria que merezca la confianza de los ciudadanos, entre otros de este ciudadano que escribe estas líneas.

Como hace tiempo aprendí que nada ganamos con "maldecir la oscuridad" y que mucho más positivo es "encender una luz de esperanza y de cambio", me dedico, con un grupo de amigos preocupados por el destino de Venezuela, a preparar un "Programa de País", unos conceptos básicos para la tarea de reconstruir la vida democrática, con propuestas bien pensadas en lo económico, en lo institucional, en lo social, en lo cultural y en lo moral.

Venezuela tiene futuro. No abrigo ninguna duda en que algún día seremos capaces de construir en nuestro país una democracia verdadera con una economía productiva y con equidad social en un clima de elevación cultural y moral. Para eso hay que salir de la Venezuela fracturada y construir una Venezuela integrada. Ello supone convocar la unidad nacional detrás de una visión compartida de país. En esa dirección estamos trabajando.

 

 

 

 

 



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