EDICION 26 ANIVERSARIO
Valencia, 9 de Agosto de 2002

 
Portada de la
Edición Aniversaria

Emeterio Gómez
Economista/
Miembro del Comité Académico de Cedice


Editorial
Notitarde
C.A.


Un esfuerzo ético para Venezuela

No vamos a analizar aquí las causas que produjeron esta dramática fractura, esta explosiva confrontación política y social que estremece a Venezuela. No vamos a discutir si la produjo Chávez o si tiene orígenes más complejos y profundos, como podría inferirse de la notoria semejanza con la tragedia que vive casi toda América Latina. Con Brasil y Argentina a la cabeza. Esa incapacidad radical de nuestro subcontinente para enfrentar la pobreza! Ni vamos a culpar por ella -por dicha incapacidad- al ancestral rechazo de Latinoamérica por el mercado, la modernidad y el capitalismo. Tampoco intentaremos descargarnos contra el populismo, el marxismo, el paternalismo o el socialismo.

Concentraremos, más bien, nuestra atención en tres problemas: 1) La reafirmación de la profundidad de la mencionada fractura. 2) Su carácter esencialmente ético, más que político, económico o simplemente social. Y 3) el objetivo básico de este artículo: la mención de algunos elementos que cabría tomar en cuenta a la hora de desarrollar el inmenso Esfuerzo êtico que se requiere para sacar a Venezuela de las garras de la barbarie.

 

1. Somos en realidad dos sociedades en una

Usamos, todavía, con frecuencia, la hermosa expresión "nuestro pueblo" o "el pueblo venezolano". Y mucha gente, con la más absoluta buena fe, habla de "los valores del venezolano". Porque hay, en realidad, algunos hábitos y costumbres que definitivamente los dos segmentos de la sociedad comparten: la viveza criolla, la impuntualidad, la evasión de responsabilidades, la búsqueda perseverante del paternalismo estatal, la bonachonería, la excesiva familiaridad, etc.

Más allá de estos "valores compartidos" por "nuestro pueblo", asoma otra realidad mucho más profunda: la existencia de dos países claramente diferenciados viviendo -que no conviviendo!- en un mismo territorio. Una realidad amenazante que se define no sólo en términos económicos de pobres y ricos, del "30% más pobre que sólo capta el 5% del ingreso nacional, contra el 5% más rico que capta el 30%"; sino que se define básicamente en términos culturales, educativos, sociológicos, antropológicos y, sobre todo, éticos.

Son dos países que no se integraron en la Colonia, ni en el siglo XIX, ni aún con los inmensos esfuerzos desarrollados durante los primeros 15 años de la Democracia Puntofijista. Dos culturas, dos niveles de vida material groseramente distintos, dos sociedades que comparten un territorio pero no unos valores.

 

2. El carácter esencialmente moral de la confrontación política que está destruyendo a Venezuela

Mientras seguimos hablando de ficciones hermosas como "el pueblo venezolano" o "los valores que los venezolanos compartimos", la segmentación radical de la sociedad en dos bandos nos acerca peligrosamente a la posibilidad de una guerra civil. Una posibilidad cuya sola mención -o cuya sola existencia- indica claramente la profundidad de la fractura. Chávez no tendría ningún chance de jugar a la guerra, de promoverla conscientemente como lo hace, si la sociedad venezolana no llevase en su seno esa dualidad profunda.

Esa fractura tan nítida que divide a la sociedad en dos mitades cuasi-irreconciliables tiene, como ya vimos, componentes muy diversos: económicos, educativos, culturales, sanitarios, habitacionales, etc. Pero es esencialmente un problema moral! Las diferencias dramáticas entre una pobreza extrema y una riqueza ofensiva; entre una clase culta, educada y técnicamente preparada, por un lado, y una ignorancia abismal por el otro, reafirman -por supuesto- una diferenciación radical entre los dos sectores. Pero no constituyen el núcleo esencial del problema.

Dos sociedades, o dos sectores sociales, pueden no compartir valores, pero si hay entre ellos un proceso de interacción humana y espiritual que permita ir generándolos paulatinamente, todo se reducirá a una cuestión de tiempo. Terminarán necesariamente compartiéndolos! Por muy profundas que hoy sean las diferencias éticas entre hindúes, pakistaníes, africanos, árabes, alemanes, haitianos, norteamericanos y paraguayos, el proceso de globalización, en 50 ó 100 años, producirá unos valores básicos compartidos.

El problema esencial que Venezuela confronta no es que los dos bandos que hoy se enfrentan agresivamente no tengan una moral común, una estructura de valores compartida, el problema es que no está en marcha -ni estuvo nunca en marcha en los últimos 30 años!-, un proceso de interacción, de profundo intercambio humano y espiritual, capaz de generar una ética compartida. Algo bien distinto de las tramposas, apresuradas y espasmódicas "mesas de diálogo" que hoy se nos proponen.

La Democracia Puntofijista, en sus primeros 15 años, hizo esfuerzos significativos para integrar la sociedad venezolana (de la época) en un sistema de valores compartidos. Pero el problema entonces era manejable!: se trataba de integrar, en los planos económico, político y social, a una masa de pobres -producto de la sociedad tradicional- que ya compartía una cierta estructura de valores con los otros sectores sociales! La marginalidad masiva y excluida estaba apenas cobrando cuerpo.

Se trataba en efecto de integrar económica, política y socialmente a los pobres -que podríamos llamar "tradicionales"-; no a la masa marginal y excluida que se ha conformado en los últimos 40 ó 50 años! En este caso -es decir, en este proceso aluvional masivo que ha volcado el campo, más las migraciones de países vecinos, sobre nuestras ciudades- no se ha generado, o, más exactamente no hicimos nada para que se generase! un proceso de interacción espiritual capaz de producir una moral compartida, un sistema de valores comunes para el conjunto de la sociedad. Se requería de una gran fuerza moral por parte nuestra.

 

3. Aportes breves al inmenso Esfuerzo êtico que debe hacer Venezuela para escapar de la barbarie.

Nuestra única posibilidad de escapar de la barbarie es, entonces, integrar en una sola estructura de valores, al "pueblo chavista" y al "no-chavista". Un proceso que, dicho sea de paso, sólo podrá intentarse una vez que Chávez haya terminado de caerse. O, en un sentido más general, que sólo podrá intentarse desde la perspectiva del no-chavismo. Simplemente porque para el Comandante es absolutamente impensable una integración ética con aquellos a los que considera sus enemigos de clase.

Pero si la iniciativa de tender puentes para integrar estos dos sectores radicalmente enfrentados debe partir de nosotros, los no-chavistas, y si aceptamos que dicha integración es básicamente un problema y un proceso ético, entonces tendremos que revisar apresuradamente nuestra concepción de la moral!! Porque ella no tiene la solidez que se requiere para emprender la inmensa tarea que nos espera. Y porque ése es el terreno en el que se dará la batalla decisiva... por más que la lucha contra la pobreza sea un asunto esencialmente económico y por más que la educación, la salud y la vivienda, cuenten.

Venezuela necesita urgentemente un sueño por el cual luchar, pero necesita también hacer un ingente Esfuerzo êtico para escapar de la barbarie. O, más exactamente, los que nos oponemos a Chávez tenemos que hacer un gran Esfuerzo êtico si queremos sacar al país de la barbarie. Y es entonces cuando -desde lo más profundo de las cosas- saltan preguntas lacerantes: ¿La visión de la moral que tenemos los no-chavistas, será la adecuada para enfrentar el reto de integrarnos éticamente con la mitad chavista del país? Que no importa si apoya a Chávez, o si dejará de apoyarlo en el futuro; porque de todas formas tenemos la mitad de la población excluida! ¿Poseemos los "escuálidos" una visión de la moral que nos permita enfrentar el Esfuerzo êtico que se requiere para fundirnos en "un solo pueblo" con el chavismo?

No nos asalta la menor duda al responder con un rotundo NO a esa pregunta. E intentaremos con el tiempo sustentar esta hipótesis, fundamentar ese NO tan drástico. Por los momentos -y por las limitaciones de espacio- mencionamos tan sólo dos de las muchas deficiencias que confronta la visión tradicional, o convencional, de la ética en Venezuela, y que determinan el tamaño del esfuerzo que deberemos hacer.

a) La ética no es un problema individual, sino social, público... colectivo.

Tenemos profundamente sembrada en nuestra mente, y en nuestra cultura, la idea de que la moral pertenece a la esfera de lo individual y no a la de la sociedad en su conjunto. Es una herencia clarísima de las concepciones dominantes en el siglo XVIII. De una visión del hombre y de la sociedad centrada en la persona, la libertad y la responsabilidad del individuo y, sobre todo, en la autonomía de la conciencia individual. Es la pretensión ilusa de que el ser humano se fundamente en su Yo, su conciencia o su espíritu.

A principios del siglo XIX hubo un esfuerzo para disociar los términos "moral" y "ética"; reservando este último para la vida pública, para la presión que la sociedad ejerce sobre la libertad individual. Pero ni la diferenciación entre ambos vocablos, ni la pretensión de asumir a la ética como un fenómeno social prosperaron... y nos quedamos con la idea fija de que ambos atañen tan sólo al individuo. Compartimos valores, es decir, los compartimos socialmente, pero ello es posible -dice la creencia dieciochesca- porque cada ser humano descubre en sí mismo valores que son universales.

Los siglos XIX y XX han puesto en evidencia que, ciertamente, la ética tiene un componente individual poderoso, que ella se funda sin duda en la libertad individual. Pero han puesto también en evidencia que existe un poderoso componente social, sin el cual la moral se trueca en moralina. Todos los miembros de una sociedad, absolutamente todos, podrían desplegar una ética -individual- sólida, todos podrían estar "en paz con su conciencia" y hasta competir entre sí para elegir al más virtuoso; cada uno podría -en lo personal- preocuparse por el Bien Común, profesarle un intenso amor a cuanto prójimo se encontrasen... y, sin embargo, dicha sociedad podría estar hundiéndose en la miseria.

Porque los procesos sociales tienen dinámicas que abiertamente escapan de la esfera de lo personal. La economía, la política, el derecho, la tecnología, la psicología social y la cultura de masas, desarrollan procesos globales frente a cuya fuerza, la moral individual resulta ampliamente insuficiente. Basta que las tasas reales de interés sean negativas, que las expectativas inflacionarias o devaluacionistas sean incontenibles, que un sector político pretenda erigirse en totalitarismo o que la defensa de los derechos humanos se torne irracional; basta cualquiera de esas circunstancias, y muchas otras más, para que la moral individual -y la concepción de la moral como un proceso individual- se tambaleen.

b) Los principios y valores morales son universales, tan sólo en un sentido muy general o abstracto.

Un prominente hombre público venezolano, ex-colaborador de Chávez, general retirado altamente respetable, con una sólida experiencia en gerencia pública, un gran respeto por el pueblo chavista y una buena posibilidad de regir los destinos de este país, en algún momento del futuro ha dicho en un artículo de prensa:

"La fortaleza de una sociedad moderna radica en la armonía que genera para compartir y practicar un conjunto de valores orientados por principios rectores. Los principios son conceptos fundamentales que rigen la conducta humana y los valores son la representación objetiva e instrumental de los principios. êstos, sin distingo de religiones, razas o culturas, son de aceptación universal. El respeto, la integridad, la honestidad, el honor, la justicia y la lealtad, son reconocidos como la más poderosa fuente para desarrollar los códigos de conducta de las instituciones y de sus integrantes y para establecer los valores que les identifican".

Son opiniones respetables que tienen un inmenso peso, y una gran acogida, en la sociedad venezolana. Entre otras cosas porque son compartidas por la aplastante mayoría de nuestra gente culta y de nuestras elites, por la casi totalidad de los pocos políticos que se plantean explícitamente el problema moral, por los profesionales, intelectuales, empresarios y altos ejecutivos: Hay valores "de aceptación universal" "que rigen la conducta humana"!

Verdades de una incuestionable validez... Pero al mismo tiempo, de una validez absolutamente general y abstracta! "Todo el mundo", "sin distinción de religiones, razas o culturas", estará dispuesto a aceptar que "la fortaleza de una sociedad -moderna, antigua, primitiva o espacial- radica en compartir y practicar un conjunto de valores orientados por principios rectores".

Todo el mundo acepta -y "sabe"- que es necesario practicar la justicia, la integridad, el honor, la lealtad, el altruismo, etc. En general y en abstracto, todo ello es absolutamente incuestionable. El único pequeño problema es que a la hora de determinar -en las realidades específicas- qué es lo justo, lo íntegro, lo leal o lo honorable, cada dos personas podrían tener opiniones distintas y hasta encontradas! Y no hay -en el plano de la ética- ninguna forma de demostrar quién "tiene la razón", es decir, quién "está en lo justo"!

Se sobreentiende que nos estamos refiriendo a aquellos casos en los que privan entre los seres humanos enfrentamientos, intereses opuestos, rencores, ofensas, venganzas, "querellas", desavenencias, rencillas o... posibilidades de guerra civil. Que son los casos en los que la justicia y en general los valores cuentan. Porque si las relaciones entre los hombres son armoniosas, si se rigen por los sentimientos, la amistad, la compasión o el amor al prójimo, entonces la moral sale sobrando! Y si el amable lector no está de acuerdo con lo que decimos, piense por un instante en Jerusalén o en la confrontación que actualmente se produce en Venezuela. ¿A cuál "valor", o a cuál ética, podemos apelar para convencer a alguna furibunda diputada emeverrista de que nosotros "tenemos la razón"?

Nos estamos refiriendo también a los procesos en los que no se han constituido todavía entre los hombres valores y principios compartidos. La moral tiene que ver fundamentalmente con esos procesos, con la interacción espiritual en la que los valores se constituyen. De nuevo, por ejemplo, a la confrontación entre chavistas y no-chavistas. Porque cuando "el trabajo ya está hecho", cuando se comparten valores, el problema pasa del terreno de la ética al de la racionalidad: dado que compartimos tal o cual valor, dado que concebimos la justicia de manera idéntica (el principio básico de la racionalidad, la identidad de las premisas), se deduce entonces rigurosamente que en el plano de la moral debemos comportarnos de tal o cual manera.

El pequeño problema es -repetimos- que no hay ninguna forma, en el plano de la ética, de poner de acuerdo a dos hombres que disienten acerca de qué es lo justo en una situación concreta! No lo justo en general, y en abstracto, sino en los casos particulares y específicos. Hay una noción general y universal de qué es la justicia, pero ella sólo tiene validez cuando no es necesaria!, cuando los seres humanos se hermanan por la vía afectiva... o se identifican gracias a la cultura. Cuando están enfrentados, la ética es desplazada por el derecho. Hay que nombrar un juez que imponga coercitivamente los valores universales! Y un aparato policial-represivo para que "garantice" dichos valores.

 

 

 

 

 



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