Notitarde C.A. |
La primera señal clara de división expresada por este gobierno se tradujo en los esfuerzos del Ejecutivo por acaparar todos los espacios de participación y de toma de decisiones dentro de un sistema democrático. Es así como instituciones como el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General de la República, la Contraloría General de la República y la Defensoría del Pueblo se constituyeron como extremidades del partido de gobierno. Otro de los elementos que han contribuido en gran medida a la crisis moral descansa en el hecho de buscar dividir la sociedad, evitando desde todo punto de vista su reconciliación. En función de ello las acciones gubernamentales se han destinado a reivindicar un solo sector de Venezuela en función del odio generado a otro grupo de compatriotas. Teniendo en cuenta el hecho de que es imposible pensar que un país pueda subsistir basado en la división, la fractura y el odio, la actual gestión gubernamental ha necesitado caer en la profundización de la mentira como estrategia de Estado para continuar con el poder. Es precisamente la mentira el caldo de cultivo de los hechos violentos que todos presenciamos el 11 de abril. Es la misma mentira la que ha marcado la investigación y el no esclarecimiento de estos hechos. No obstante, el 11 de abril deberá ser recordado por todos nosotros porque ese día la esperanza, la alegría, las sonrisas y la fe se transformaron en tragedia alrededor del centro de Caracas. En esa fecha, y bajo la consigna de "ni un paso atrás", miles de personas se dispusieron a arriesgar su vida por la defensa de la democracia, y por sobre todo la defensa de la posibilidad de vivir en un país justo. En pocas palabras, por defender la posibilidad de construir una Venezuela en donde quepamos todos sus ciudadanos en paz. Fue el 11 de abril cuando de manera espontánea, masiva, cívica, democrática, un enorme grupo de venezolanos se aventuró a las calles de Caracas para protestar, teniendo como únicas armas pitos, pancartas y banderas de Venezuela. Ese día los habitantes de este país presenciamos cómo -por primera vez, en nuestra historia contemporánea- estábamos al borde de una guerra civil. El 11 de abril los ojos del mundo se quedaron atónitos al ver cómo venezolanos dispararon a mansalva contra sus hermanos civiles por razones políticas, en lo que se constituyó como el punto de mayor inflexión y profundización de la crisis venezolana.
Sin embargo, tres meses después, vemos que no hay ningún tipo de prueba que apunte a nuestra policía, ni a ningún ciudadano que no sea militante de los defensores de la llamada revolución, ubicados ese día en el Puente Llaguno. A pesar de todas las lecturas manipuladas que se le han querido dar al 11 de abril, nadie puede negar que en esa fecha ocurrió un hecho que profundiza la fractura en Venezuela, que no es más que la certeza de que los venezolanos demostraron que existe un país que desea justicia y dignidad, en contraposición de otro sector que aparenta querer continuar con la falsedad y la mentira para reivindicar una supuesta revolución. Esta verdad también se mostró el pasado 11 de julio - tan importante como el 11 de abril-, fecha en la que un enorme grupo de personas superó las expectativas de participación a pesar del miedo y la intimidación que dejó la masacre de Puente Llaguno, y se apresuró a las calles para manifestar democráticamente su descontento.
La participación de la gente, que se ha venido profundizando y se ha hecho evidente en las marchas, es necesaria para reivindicar la democracia. Esa participación debe estar acompañada de manera paralela con la estabilidad y la independencia de los poderes públicos, lo cual es un sustento imprescindible para las libertades. Es por ello que la decisión del Tribunal denota la manipulación de los poderes públicos por parte del Ejecutivo, el cual ha sumado esfuerzos para continuar aplicando su inyección de cinismo. El mismo cinismo que presenciamos el 11 de abril cuando el Jefe del Estado se tomaba un café mientras masacraban a un grupo de venezolanos en los alrededores de Miraflores.
DERECHO, RESPETO E IGUALDAD El derecho a la vida es el respeto a la justicia. Nosotros en Venezuela tenemos entre 80 y 100 muertos a la semana producto de la violencia. Esas muertes no son reivindicadas y la justicia nunca llega a los hogares que sufren dichas pérdidas. Todo por un sistema de justicia que sencillamente no funciona porque está oxidado y es rico en el componente político. Prueba de esto es la libertad plena otorgada a los protagonistas de Puente Llaguno, uno de ellos militante del MVR y poseedor del suficiente descaro para decir ante las cámaras del mundo que "volvería a hacer exactamente lo mismo que hizo el 11 de abril". De esta manera el ciudadano común se pregunta: ¿Qué es lo que está diciendo un ciudadano como éste a los Tribunales?, ¿qué es lo que está diciendo el Gobierno al país?, sobre todo cuando respalda a un militante del MVR indiciado de matar a sus compatriotas bajo el alegato de la defensa de sus ideas políticas. La respuesta es lamentable, porque lo que aquí estamos viendo es que el Gobierno está otorgando claramente una licencia para matar a todas aquellas personas que quieran defender esta llamada "revolución".
¿Cuál es la salida?, ¿a dónde vamos?, ¿dónde está la luz al final del túnel? êstas son las preguntas más difíciles que podemos hacernos todos. La luz al final del túnel está en la reconstrucción de una democracia y sus instituciones, pero ¿cómo hacemos eso? Lo primero es buscar el cambio de este gobierno, porque nosotros no podemos crecer como país con la base moral de un gobierno que se sustenta en el odio, la división y el resentimiento. Es por ello que debemos hacer votos y ejecutar acciones democráticas, tendentes a la salida de este gobierno, siempre y cuando ella sea institucional y por la vía pacífica. Lo que sí debe quedar muy claro es que no podemos confundir una salida institucional, democrática y constitucional con quedarnos en nuestras casas, porque hay gente que pretende que no salgamos a la calle alegando que ello representa una actitud golpista. En este punto los alcaldes juegan un papel fundamental porque a la par de darles respuestas a los problemas que son de su competencia, en áreas como salud, educación, seguridad, infraestructura y desarrollo social, las autoridades locales representan los intereses de una comunidad y por ello deben dar la cara frente a los hechos que están pasando en Venezuela. Ello se traduce en que las figuras locales deben estar presentes en la discusión política que se está dando en el país, porque este debate es para la construcción de una Venezuela libre, en paz y con un alto nivel de justicia. Ese modelo debe comenzar en todo caso por la construcción de municipios que funcionen como base de una democracia real y más cercana a la gente. Si estas líneas sirvieran para enviar un mensaje, simplemente le pediría a la gente que no pierda la calma ni la fe, porque nadie nos podrá quitar el empeño que tenemos para forjar una Nación distinta a la que estamos viviendo... o como decimos en Chacao... Construir la Venezuela que queremos.
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