Notitarde C.A. |
Ello ha exacerbado el clima de conflictividad con los medios de comunicación, la Iglesia, los empresarios, la CTV, las regiones, el estamento castrense y los partidos políticos, vale decir que en los últimos tiempos casi ningún sector ha escapado de la controversia. No sólo el discurso presidencial ha sido determinante, sino en su génesis la aprobación de la Carta Magna en forma precipitada y sin el debido debate -recuérdese el carpetazo en la ANC- con lo cual pese a la legalidad del referéndum aprobatorio, no se alcanzó la legitimidad suficiente en cambios de tanto fondo, siendo un hecho que aún hoy existen varios textos constitucionales y que se abusó del concepto de transitoriedad para la designación de los miembros de los órganos del Poder Público, generando aún hoy mucha controversia. Con posterioridad, la aprobación de leyes y políticas en forma inconsulta y sin la participación ciudadana produjo nuevas reacciones, en especial los Decretos-Leyes derivados de la Ley Habilitante, origen de la suspensión del diálogo con el sector privado y del masivo paro cívico de protesta del día 10 de diciembre de 2001. Otro factor a considerar en relación con la crisis guarda relación con la grave situación económica nacional prevaleciente, pues continúa acentuándose la dependencia respecto al sector petrolero por la caída sostenida de la inversión pública y privada, en medio de un debilitamiento estructural de la economía y la parálisis de la economía real, lo cual restringe la capacidad de la economía para generar nuevos puestos de trabajo en el elevado número requerido. El nivel de desempleo bordea el 20% y la economía informal el 56%. Pero además es claro que no obstante los ingresos petroleros de que ha dispuesto el gobierno, los resultados de la gestión son exiguos, que la crisis fiscal se ha profundizado y con ello los problemas sociales, de infraestructura y servicios públicos, incluyendo los subsistemas de seguridad social, los cuales siguen sin aprobarse en la Asamblea Nacional, postergando ya por cuatro años la organización de instituciones esenciales para la población más necesitada. Tampoco se deciden políticas que estimulen la inversión en sectores como la minería, electricidad, turismo, metalurgia, fondos de pensiones, petroquímica, construcción, industria y agricultura, en tanto que en el sector energético, mientras prevalezca la rigidez introducida por la nueva Ley de Hidrocarburos, será imposible que fluyan las inversiones que el país requiere para mantener su condición de exportador de energía en los volúmenes crecientes que demanda el mercado. El problema es de confianza, de coherencia de políticas y de incapacidad de desarrollo de un potencial que existe, pero que requiere gerencia y reglas del juego. Por su parte, el problema de la pobreza no puede ser visto bajo la óptica populista del reparto, sino de la generación de empleo, lo cual exige que se capte inversión privada en el orden de los US$ 20 millardos anuales y que se creen muchas empresas formales, ello comparado con las exiguas cifras que se registran actualmente, como ocurre también con el tema de la competitividad, en lo cual Venezuela exhibe índices internacionales vergonzosos.
Otro factor que concurrió en los hechos de abril fue el desacertado manejo de la crisis de Pdvsa. La designación de la Directiva presidida por Gastón Parra llevó a la convicción nacional de que no sólo se estaba vulnerando la meritocracia en Pdvsa, sino que se atentaba contra su autonomía operativa y que se tendía a politizar la corporación energética de todos los venezolanos, que ocupa el segundo lugar en importancia en el mundo. El día 3 de marzo solicité en nombre de Fedecámaras la renuncia de la Directiva de dicha empresa como salida honorable a la crisis y en ello insistí posteriormente, advirtiendo los riesgos y costos para el país, pero la respuesta fue de endurecimiento de posiciones, remoción de funcionarios y represalias, hechos que contribuyeron a la alta motivación de la marcha del día 11 de abril y al desencadenamiento de los hechos posteriores. Al final, el día 14 de abril el Presidente Chávez aceptó la renuncia de la Directiva, pero el mal estaba hecho, la fractura y las pérdidas se habían provocado y había ocurrido la crisis que provocó la caída y resurrección del gobierno.
En cuanto al Acta de constitución del régimen provisional, se le critica como expresión de un acto inconstitucional. La verdad es que el día 11 A se habían producido hechos de extrema gravedad que habían deslegitimado al régimen, en particular por la violación de derechos humanos, todo lo cual configuraba las premisas del Artículo 350 de la Constitución para llamar a la relegitimación de los poderes por la vía de comicios rápidos y transparentes. La primera elección, la de la Asamblea Nacional, iba a ser convocada en julio y la presidencial en diciembre, una vez que la Asamblea electa hubiese discutido algunas enmiendas a la Constitución, en particular la incorporación de la doble vuelta electoral, el retorno al carácter no deliberante de la Fuerza Armada, el restablecimiento del período presidencial en cinco años y la restitución del nombre República de Venezuela. Era difícil imaginar que la maquinaria oficialista pudiese haber conducido una transición tan compleja, siendo que el país aún hoy plantea la necesidad de convocar a elecciones e introducir profundos cambios como salida a la crisis. En cuanto a la integración del gabinete, muchos nombres no llegaron a conocerse, pero el hecho cierto es que el equipo elegido era representativo, de centro, plural y calificado, e incluía a importantes luchadores sociales, mientras que el alto mando militar a anunciarse respetaba la meritocracia, jerarquía y antigüedad. No obstante, faltó una mayor base de apoyo, hubo inconsistencias militares y civiles y matrices de opinión que deliberadamente se difundieron para descalificar al gobierno transitorio, entre otros de parte de algunos comunicadores y analistas que no concedieron el beneficio de tan sólo unas horas para disponer de una visión más integral y equilibrada.
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