EDICION 26 ANIVERSARIO
Valencia, 9 de Agosto de 2002

 
Portada de la
Edición Aniversaria

Carolina Jaimes Branger
Ingeniero. Miembro de la Red de Veedores.
Miembro fundador de las Asambleas de Ciudadanos de Aragua y Carabobo.


Editorial
Notitarde
C.A.


Ayer, hoy y mañana de la Sociedad Civil en Venezuela

El siglo XXI será el siglo de la Sociedad Civil en Venezuela. No me cabe la menor duda

EL AYER

"Civiles" fue el término que originalmente se usó para distinguir a aquellas personas que no eran ni militares ni eclesiásticos. La palabra "civil" viene del latín civilis que significa "propio del ciudadano, político". Político, a su vez, en griego, es todo lo relativo a la ciudad. Y aquí se inserta el concepto de ciudadanía.

Lo que los griegos llamaban "ciudadano" no era el grueso de la población. Eran personas que por cada derecho tenían un deber para con la sociedad. Con toda injusticia, los esclavos, por ejemplo, no tenían derechos. Sólo tenían deberes. Un ciudadano, para los griegos, era la persona que tenía, a la vez, derechos y deberes.

Ese concepto de "ciudadano" se repitió en Roma, casi idénticamente que en Grecia. Pero luego de la caída del Imperio Romano, se fue diluyendo, y durante la Edad Media, la estructura del sistema feudal impidió que se ejerciera la ciudadanía como se había ejercido en Grecia y Roma.

En la Edad Moderna, y específicamente en Francia y Holanda, los conceptos del Iluminismo y la Ilustración vuelven a poner en la palestra el tema de los ciudadanos y la ciudadanía, que alcanzan su epítome en la Revolución Francesa. Pero, nuevamente, estructuras e instituciones con los mismos vicios del pasado acaban con las reivindicaciones alcanzadas por los ciudadanos.

La Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica es un hito en la historia de la sociedad civil. El siglo XIX, tanto en Europa como en los Estados Unidos, es testigo de cómo el concepto del ciudadano de los griegos y los romanos se robustece cada día más. Se multiplican las Academias que habían nacido durante la Ilustración. Se fundan colegios profesionales. Se robustecen las universidades. Instituciones de civiles, reunidos en la búsqueda de un bien propio.

Hacia el final del siglo XIX y en los albores del siglo XX, hay un cambio significativo, pues se conforma lo que hoy en día conocemos como "Sociedad Civil": es la sociedad que se reúne, no para buscar un bien propio, sino el bien de personas o cosas fuera de su ámbito. Ejemplos de estas organizaciones son los movimientos ecologistas y los de defensa de los derechos humanos. Estas organizaciones no gubernamentales, una vez fortalecidas, dieron origen a los partidos políticos. En otras palabras, en los países desarrollados, los partidos políticos surgieron de organizaciones de la sociedad civil políticamente maduras y económicamente organizadas.

El caso de Venezuela fue distinto. Nuestro país pasa la primera mitad del siglo XX con una población en su mayoría analfabeta, por lo que era imposible que esa población formara algún tipo de agrupación, menos aun un partido político, que requería de razón de ser e ideología.

Los partidos políticos venezolanos los fundaron elites de intelectuales, que luego salieron en busca de partidarios que se sintieran identificados, no tanto con sus ideas como con sus líderes y propuestas.

Este comienzo atípico tenía que revertirse en algún momento. Y ese momento llegó con el fin del siglo XX.

 

EL HOY

Con el tiempo, el deterioro que sufrieron los partidos políticos venezolanos, la corrupción de muchos de sus militantes, la falta de coherencia en su ideología y su acción, y el fracaso de no seguir ofreciéndole al país una salida a sus problemas, fueron terreno fértil para la llegada de un artífice de la demagogia como Hugo Chávez.

Pero ya sabemos que Chávez ha sido incapaz de ir más allá de sus promesas, y que, en cambio, ha tratado de instaurar un proceso "revolucionario", que no ha sido otra cosa que el exacerbamiento de los vicios de los últimos años de la democracia bipartidista, con prácticamente ninguno de sus aciertos.

Ante este panorama, miles de personas que jamás se habían involucrado en nada que tuviera que ver con los gobiernos, empezaron a asumir su cuota de responsabilidad en el desastre al que éstos nos habían conducido. Y se preguntaron qué podían hacer por su país.

Los partidos políticos estaban en el suelo. ¿Qué hacer? ¿Adónde concurrir?

Comenzaron a proliferar las llamadas "organizaciones no gubernamentales", que ofrecían a las personas un espacio en el que ejercer su ciudadanía y purgar, en parte, su "pecado de omisión".

Y con ellas, nació la Sociedad Civil venezolana.

Muchas de estas organizaciones han ocupado el lugar que naturalmente les toca a los partidos políticos. Han actuado como entes veedores, contralores y de oposición. Pero la Sociedad Civil no debe seguir ocupando el puesto de los partidos políticos. Muchos de los integrantes de la Sociedad Civil, eventualmente, se integrarán a los partidos, si quieren ser parte de la vida política del país. La Sociedad Civil debe permanecer con la convicción de que bajo ninguna circunstancia, en condiciones normales, debe jugar un rol distinto al que le toca. Digo en "circunstancias normales", pues la coyuntura actual ha trastocado todos los papeles y funciones de los actores de la sociedad.

Hay que aclarar que no todas las organizaciones de la Sociedad Civil son "puras y buenas". Hay una tendencia en la sociedad, tal vez debida a que el descrédito del Presidente de la República ha ido a mayor velocidad que el proceso de depuración de los partidos políticos, a pensar que todo lo que no es gobierno u oposición partidista es necesariamente ejemplar. Esta creencia no es verdad. Siempre hay gente que busca pescar en río revuelto, y los espacios de la muy bien acreditada Sociedad Civil les ofrecen un lugar propicio desde donde actuar.

Pero cuando pase la coyuntura, todo volverá a su cauce, y los actores asumirán el papel que les corresponderá actuar.

 

EL FUTURO

Durante estos años de la pasantía de Hugo Chávez por la Presidencia de la República, hemos aprendido dos cosas buenas: la primera es que hoy sabemos cuánto nos duele el país, y que no podemos volver a dejar nuestros destinos en manos de improvisados, por decir lo menos. Adquirimos la convicción de que un país se construye con el concurso de todos, no sólo de algunos.

La segunda cosa buena es que cada vez estamos más conscientes de la deuda social que debemos saldar con ese gran porcentaje de la población que vive en la pobreza. Tenemos que insistir en que los próximos gobiernos se aboquen a realizar inversiones que pongan a funcionar el aparato productivo, y a que le den el enfoque que requiere la educación, como instrumento para que los pobres aprendan a dejar de ser pobres.

El futuro dependerá, en buena manera, de cómo los miembros de la Sociedad Civil asuman su papel de ciudadanos en ejercicio.

Si entendemos que por cada derecho tenemos un deber con el país, lograremos que nuestra Venezuela se enrumbe de una vez por todas en el camino del desarrollo y el bienestar, dentro de un contexto mundial integrado.

Entonces, el siglo XXI será con pleno derecho, el siglo de la Sociedad Civil venezolana.

 

 

 

 

 



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