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Por
Antonio Sánchez García/Foto: Harold Escalona
Vladimiro
Mujica
Entre la ciencia y la política
"El fenómeno más
notable ha sido expresar anhelos, rechazos, emociones y sentimientos comunes
a varias generaciones que no imaginan su vida sin libertad, tolerancia y
justicia"
Tiempos
de graves crisis como los que estamos atravesando, conflictos profundos
que desencajan la rutina y subvierten todos nuestros hábitos y quehaceres
habituales, suelen politizar todas las esferas de la vida social e irrumpir
como una tromba en nuestra cotidianidad. Venezuela se ha convertido en un
gigantesco escenario de enfrentamiento político: nada escapa a la
preocupación por la conducción y gestión de los asuntos
públicos, nadie puede sustraerse a la presión por intervenir
en los enfrentamientos sociales o participar de una u otra manera en la
toma de decisiones colectivas. Estamos sufriendo la dictadura de lo político.
Un momento histórico que marca un hito fundamental en nuestro desarrollo
como nación.
El fenómeno más notable de esta politización
extrema y general de nuestra sociedad se manifiesta en el despertar de esos
millones de seres armados de pitos, gorras, franelas y banderas que han
decidido dar un paso al frente, asumir el protagonismo en esta definitiva
lucha política y expresar los anhelos, los rechazos, las emociones
y los sentimientos comunes a varias generaciones que no imaginan su vida
en sociedad sin el disfrute de la libertad, la tolerancia y la justicia.
Pero también es un síntoma de esta altísima politización
la emergencia de figuras que abandonan el teatro, el periodismo, la cátedra,
la empresa o el laboratorio en el que se habían desempeñado
hasta ahora para convertírsenos en líderes comunitarios, en
agitadores de masas, en luchadores vecinales y en dirigentes políticos.
Vladimiro Mujica es el caso extremo de lo que siguiendo
la nomenclatura eclesiástica podríamos llamar un científico
"in partibus infidelis". Químico de profesión, este
caraqueño nacido en 1954 no había hecho otra cosa durante
su fructífera carrera que dedicarse a tiempo completo a la investigación
científica: licenciado en 1979 en la UCV con una tesis acerca de
las relaciones entre la teoría de los fragmentos moleculares y el
teorema de Hohenberg-Kohn, continúa su formación científica
en la Universidad de Uppsala, Suecia, graduándose en 1985 con un
trabajo doctoral cuyo título pareciera arrancado de una novela de
ciencia ficción: "Two broken symmetries in Quantum Chemistry:
Localized excitations in two-electron ions and polyenes"[1]. Continuando
sus estudios de postgrado en la Escuela de Química de la Universidad
de Tel-Aviv, en Israel. Desde entonces su vida transcurrió entre
seminarios, laboratorios, conferencias, congresos y aulas de clases de las
Universidades de Uppsala, de la Northwestern University, en Evanston, Illinois,
de la Universidad de Tel-Aviv y de la Universidad Central de Venezuela.
Ha sido investigador en el Ivic, profesor invitado en el Instituto Fritz
Haber, de Berlín, miembro de destacadas organizaciones científicas
del mundo entero, como la American Association for the Advancement of Science,
la New York Academy of Sciences, la American Physical Society y la American
Chemical Society, entre muchas otras grandes sociedades científicas
de Europa y los Estados Unidos, habiendo publicado más de un centenar
de artículos y monografías, así como obras de divulgación
científica en el campo de sus auténticas preocupaciones: la
química teórica. Su curriculum es tan extenso, que no cabría
en esta página.
¿Qué o quién tuvo el poder para sacar
de su intensa actividad científica e intelectual a este venezolano
honrado con los más importantes premios científicos nacionales
e internacionales y lanzarlo a la palestra de la lucha política?
De sangre le viene al galgo: octavo entre once hermanos, todos ellos hijos
de Guillermo Mujica, viejo luchador social y fundador del Partido Comunista,
compartió la atmósfera de una familia de izquierdas criada
en La Pastora y profundamente vinculada a las luchas populares venezolanas.
Era apenas un niño cuando el levantamiento popular del 23 de enero
de 1958, pero su vida quedaría marcada para siempre por la alegría
que desbordaría las calles de su parroquia y el patio de su casa
ante la caída del dictador. Es, por ello, el típico venezolano
criado en democracia y alérgico a los caudillismos que lastraran
a nuestra prehistoria. Sus hermanos Pedro Juan y Felipe militarían
como él en las juventudes comunistas para pasar luego al Partido
y fundar posteriormente el Movimiento Al Socialismo, del que Felipe es hoy
su presidente en ejercicio. Aunque su vinculación con el MAS no trascendería
del movimiento universitario: sería presidente del Centro de Alumnos
de la Escuela de Química y delegado a la Facultad en tiempos en que
la fascinación por el Mayo francés conduciría a la
conformación del llamado Poder Joven.
Desde entonces y hasta marzo de 2001 su vida no abandonaría
la investigación ni la gerencia científica. Su última
actividad: ser director del Conicit durante el segundo gobierno de Rafael
Caldera y continuar en ese cargo durante el primer año del gobierno
de Hugo Chávez. Niega rotundamente haberle dado el voto. Cuenta,
en cambio, la advertencia que jura haberle hecho a su hermano Felipe en
medio del fragor de la campaña presidencial de 1998: "Ustedes
en el MAS lamentarán el gigantesco error en que incurren respaldando
a Chávez". No se equivocó. Y aunque el desastre que intuyera
entonces presagiaba un salto cualitativo en su vida, un accidente terminaría
de arrancarlo de cuajo del mundo sereno y apacible de la ciencia para lanzarlo
a la tromba del activismo político: la toma de la Sala de Sesiones
del Consejo Universitario por el talibanismo universitario chavista. Con
una lucidez anticipatoria descartó las posibilidades de llegar a
algún entendimiento con el chavismo a través de su operador
político, Luis Miquilena, al que apostaba el rector Gianetto, y concluyó
que "el asalto a la Universidad" - el término es de su
autoría - hacía absolutamente imposible cualquier entendimiento.
La lucha era a muerte y ya estaba declarada. De la decisión de pasar
al activismo político no logró disuadirlo ni siquiera el Premio
Lorenzo Mendoza Fleury, que le otorgara la Fundación Polar por su
excelencia científica por esos mismos meses.
Lo demás es historia: miembro de la Asamblea de
Ciudadanos junto a personalidades del mundo universitario, intelectual y
científico como Manuel Caballero, Maxim Ross, María Sol Pérez
Schael, Leonardo Carvajal y Américo Martín, se incorpora a
la Coordinadora Democrática, de cuyo Comité Operativo es actualmente
miembro en representación de las organizaciones de la sociedad civil
conjuntamente con Jaime Parra. Lo hemos visto destacar en el análisis
sereno y profundo de las complejas situaciones políticas por las
que hemos atravesado en estos últimos meses, uniendo su capacidad
teórica con su entusiasmo por resolver los problemas prácticos
de la lucha cotidiana. Se siente en esa maravillosa encrucijada descrita
por Antonio Gramsci cuando destacaba el conflicto de todo gran político:
fluctuar entre el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia.
¿Ganará el combate el voluntarioso hombre
de acción que ofrece su vida por la Venezuela del futuro? Lo acompaña
la ventaja de un lúcido y sereno pesimismo. Se perfila en él
uno de nuestros grandes líderes de mañana.
[1] Dos simetrías rotas en la química cuántica.
Excitaciones localizadas en iones bielectrónicos y polienos.

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