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Por
Leonor Mendoza/Foto: Carlos Balza
Ricardo
Maldonado
Batuta en mano
Declararía en emergencia el
aparato educativo, desde el preescolar hasta la universidad, buscando su
financiamiento
Duró
dos meses ininterrumpidos, día y noche, instalado en el rectorado,
resteado, dispuesto a todo, con tal de lograr los objetivos propuestos en
ese momento. Estaba en plena virulencia su sarampión socialista y,
junto a su grupo de luchas izquierdistas, se sentía con la fuerza
de cambiar el mundo, sintiendo en lo más profundo de su ser que era
capaz de hacer realidad las teorías del marxismo - leninismo diseminado
por el globo terráqueo.
La policía y el ejército del primer gobierno
de Rafael Caldera, cercaron durante ocho días las inmediaciones de
la Universidad de Carabobo, mientras las emisoras reseñaban la valentía
de los estudiantes tomistas, quienes transidos de hambre se mantenían
en pie de lucha. Al término del cerco, fueron a estrenar las celdas
de la recién construida cárcel de Puerto Cabello. Con ellos,
se llevaron los 19 camiones cargados de comida, que el pueblo solidario
les había llevado a las puertas del recinto universitario que fue
allanado en búsqueda de armas que no encontraron, porque era una
lucha con ideas que bullían en las universidades, lideradas por jóvenes
que pensaban arreglar el mundo, con gritos y consignas, sin disparar un
arma, a través del "Poder Joven" que tuvo su gestación
en Francia y se extendió a todos los países.
La formación de líder de Ricardo Maldonado
González, hoy rector de la Universidad de Carabobo, donde sigue impartiendo
clases, se remonta a la adolescencia, frescas las enseñanzas salesianas
en el Santo Tomás de Aquino y el liceo Rafael Rangel, en su natal
Valera, (Trujillo). A los 15 años se trasladó a Valencia a
estudiar en la universidad donde su hermano José Luis había
sido seleccionado en la Escuela de Medicina. Hoy es un "trujillano
de Carabobo" con voz y voto como ciudadano y formador de juventudes.
Compartió su infancia entre los estudios y el fútbol.
Se inscribió en el partido Copei cuando cursaba quinto año.
Al llegar a Valencia se incorpora a la Juventud Revolucionaria Copeyana.
Seis meses después pasa al Movimiento Radical Izquierda Cristiana,
que seguía al cura colombiano Camilo Torres y abogaba un Jesucristo
más al lado de los pobres. Luego de tres años se declara independiente.
Reconoce que los años de militancia y el participar en luchas estudiantiles,
le permitieron, aparte de su vocación por la docencia, la formación
suficiente para que una vez graduado -Contador Público-, ocupando
el primer lugar de su promoción, lugar que repitió con honor
en el postgrado en Estados Unidos, siguiera pensando en esos grandes ideales
para el país.
La conversación con el Rector de la Universidad
de Carabobo se desarrolló en su despacho, en un ambiente de paz,
rodeados de obras de arte, luz tenue y portarretratos, en perfecta armonía
con el mobiliario, que reflejan momentos vividos en familia, con su esposa
María Luisa de Maldonado y sus cuatro hijos. Hay otros dos que los
muestra con el Papa Juan Pablo II en Roma, con Monseñor Jorge Urosa
Savino. Llama la atención una pieza en cerámica, sobre la
cual está escrito el Salmo 23.
Hurgando en los recuerdos nos cuenta que en plena efervescencia
socialista, junto a su hermano José Luis Maldonado, eminente cirujano,
presidente de la Clínica La Viña y otros estudiantes, fundaron
14 barrios en dos años, al sur de Valencia. Unas personas que habían
sido desalojadas de unos terrenos, fueron a buscarlos a la universidad.
Acudieron al sitio y acordaron con la Alcaldía de Valencia que ellos
harían las mediciones, el censo, trazado de calles, reuniones con
los vecinos y dispensarios. Fundaron La Castrera, Ruiz Pineda, La Fe, Simón
Bolívar y otros sectores. Su hermano José Luis, en quinto
año de Medicina, se mudó a un rancho de tabla durante año
y medio, hasta que se graduó, atendiendo a la gente de la zona.
- Esa fue una época bonita, porque logramos ligar
el trabajo universitario con el comunitario. La gente nos quería
mucho.
Hoy está convencido de que la gran falla de este
gobierno es que no tiene un proyecto de país y por no haber ideas
de cómo hacer las cosas nos encontramos empantanados de una situación
difícil. Advierte que los que vendrán después de Chávez
deben entender que se necesita una visión compartida, donde la educación
y la salud sean la cara del debate.
Este líder natural, cuya pasión es la educación
y el fútbol - fue fundador de Valencia Fútbol Club-, ¿estará
preparado para asumir la responsabilidad que la patria le exija? ¿Cómo?
Con un grupo de expertos economistas y sociólogos,
establecería un plan económico y social para 15 ó 20
años, montado sobre el trabajo, que es lo único que reivindica
a un pueblo. Declararía en emergencia el aparato educativo, desde
el preescolar hasta la universidad, buscando mecanismos para financiarlo
e involucrando a todos los sectores. Por otra parte, reconstruirá
el aparato de salud pública. La salud privada es muy buena, pero
hay que volverle a meter recursos a hospitales y ambulatorios.
Hay dos columnas básicas para este rescate del país:
Educación y Salud y sobre ellas, el aparato económico. Debemos
buscar una sociedad que no sea ni el capitalismo salvaje donde el dinero
lo es todo, ni un socialismo planificado donde el Estado es el señor
de todo. Serán los mecanismos de la democracia los que dirán
si los que están gobernando deben seguir o no. Los pueblos cuando
llega el momento de la verdad ven surgir a los líderes y este país
tiene gente preparada y lo que se requiere son hombres con conciencia de
país, de unidad y con muchos proyectos para salir adelante.
En cuanto al liderazgo, dice que hay que esperar el momento
preciso: Cuando los sandinistas colmaron la paciencia en Nicaragua salió
Violeta Chamorro de la cocina de su casa y se convirtió en Presidenta
de la República.
Este admirador de Gabriel García Márquez,
Carlos Fuentes, de la poesía de Mario Benedetti, del Papa Juan Pablo
II y las aventuras de El Fantasma, confiesa que encuentra su máxima
felicidad cuando está frente a sus cien alumnos, todos los días
a las 7 de la mañana en Faces, a quienes habla con un diminuto parlante.
Jamás ha dejado de dar clases ni en los momentos más difíciles
que ha tocado como decano o como rector. Le da a cada quien la parte que
le corresponde.
- Enseñar es como una orquesta, si el director no
lleva el compás, la orquesta no funciona. Hay que tratar de corregir
las fallas de uno para que la orquesta siga tocando. Así piensa aquel
niño que jugaba fútbol en Valera con unos kilos menos. Sigue,
batuta en mano, enseñando este deporte a mil niños de Naguanagua
desde hace cuatro años cuando fundó la Escuela de Fútbol
Infantil para la UC, cuyo equipo es campeón en todas las categorías.

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