Valencia, 7 de Agosto de 2003

Editorial
Notitarde
C.A

Por Janet Yucra M./Foto: Harold Escalona


Gerardo Blyde

Control social

"El único proyecto que nos sacará de la crisis debe incluirnos a todos"

Cuando Gerardo Blyde Pérez interviene en la plenaria de la Asamblea Nacional, hay que poner atención y no porque se caracterice por su discurso político, sino porque siempre dicta una cátedra de Derecho, con conceptos precisos que demuestran sus profundos conocimientos y manejo de la materia legal y en especial la que se relaciona con la Constitución.

Cuando él habla en la Cámara, casi nunca es rebatido por sus adversarios del oficialismo y arranca aplausos por parte de sus compañeros de la oposición.

Así es este abogado, egresado de la Ucab, especializado en Derecho Constitucional y prestado a la política desde hace cuatro años, quien con su apariencia de "muchacho", forma parte de la bancada de Primero Justicia. Nació el 23 de marzo de 1964, en el asiento trasero del carro de su padre, rumbo a la clínica Santiago de León, en Caracas. Es el segundo de cinco hermanos, hijos de una bibliotecóloga y un ingeniero, descendiente de holandeses. Dice orgulloso que recibió de sus padres la mejor formación para su desarrollo profesional, para su desempeño como ciudadano y como ser humano, formación que fue reforzada por los padres maristas del Colegio Champagnat de Caracas, quienes eran muy libres con la enseñanza y le permitieron explotar sus cualidades.

Desde que definió que lo suyo era el Derecho, no ha parado de aprender, de estudiar ni de enseñar esta disciplina.

 

LE GANO DOS A CHAVEZ

Fue en febrero de 1999, luego que Hugo Chávez dictó el decreto presidencial, convocando a referéndum consultivo para la Constituyente, que el nombre de Gerardo Blyde se hizo famoso, pues demandó por inconstitucionalidad, ante el Tribunal Supremo de Justicia, la segunda pregunta de la consulta y ganó, al igual que lo hizo con la demanda que entabló para que Chávez se ajustara a las reglas de la Ley Orgánica del Sufragio, en cuanto a la campaña electoral para la Constituyente.

Para él, estos hechos le cambiaron la vida. No solamente porque le dieron a conocer, sino porque despertaron su vena de servidor público. Fue así como le convencieron y ayudaron para que presentara su candidatura como constituyente, que no logró por apenas unos votos. "Me lancé como independiente, solito. Pero conocí a una gran mujer, a Soledad Morillo, quien me ayudó a organizarme con la campaña y los viajes y el manejo de los medios".

Sin embargo, a partir de allí ya no pudo parar y luego de pensarlo bien, decidió acercarse a los líderes de Primero Justicia y unirse a este partido. Confiesa que no conocía personalmente a Julio Borges, ni a los alcaldes Henrique Capriles y Leopoldo López, pero sentía que compartían maneras de pensar, ver y buscar soluciones a los problemas del país. Así las cosas, decidió lanzarse como candidato a diputado y ganó con una de las votaciones más altas.

 

ESTE PARLAMENTO ES TRISTE

Desde agosto de 2000, Gerardo Blyde se ha dedicado a su labor como parlamentario y destaca que una de las mejores cosas que le ha pasado en estos años, es poder conocer y tener como amiga y maestra a Liliana Hernández, a quien respeta como política, como persona y como parlamentaria.

Lamenta que en la Asamblea no se cumpla con las labores básicas de esta institución, como son legislar, controlar y debatir. "Esta Asamblea da tristeza". Sin embargo, considera que ha aprendido mucho y está seguro que se quedará como diputado, salvo que la salida a la crisis que vive el país amerite la renuncia. "Si es necesario que renunciemos para contarnos todos, lo haría".

Siente que tiene un compromiso con todos aquellos que confían en él, aunque no se cree un líder. "Soy un ser normal, común y corriente, que me tocó asumir un papel en un momento determinado. Estoy en la política de tránsito".

 

UN PAIS QUE NECESITA DIRIGENCIA

Blyde no se ve con un cargo ejecutivo en un eventual gobierno de transición, pero sí estará dispuesto a colaborar con su conocimientos "a devolverle a Venezuela su régimen de libertades". Cree que al país le hacen falta dirigentes, que dejen atrás sus aspiraciones personales y son precisamente estas personas las que deberían asumir la transición hasta el 2006. "Ese presidente de la transición no debe aspirar a ser reelecto en el 2006, porque su única función es llevar el buque a puerto, y eso se traduce en llevarnos a un proceso electoral sano".

Le parece "extraordinario" como la gente se ha dado cuenta que no puede seguir indiferente ante los problemas del país, por lo que afirma que el mejor control del ejercicio de la función pública "es el control social y eso no se debe perder".

Está convencido de que la reconciliación entre los venezolanos será una realidad, "porque los violentos, los que odian, serán aislados". En consecuencia, "el único proyecto que nos sacará de la crisis es la que no incluya a todos, también a los que tiene su corazón chavista".

Considera necesaria "una profunda reforma en la Constitución, porque nos dibuja un país extremadamente estatista, presidencialista y militarista".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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