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Por
Domingo Alfonso Bacalao/Foto: Carlos Balza
Julio
Borges
La estantería de la justicia
"Hacer partidos políticos
en América Latina -en pleno desarrollo de la descentralización-
y después de la guerra fría, es un tema complicado, un fenómeno
sobre el cual nos estamos inaugurando todos"
La
provincia que llevamos en la sangre no impidió ver Caracas menos
ruinosa ese día de cielos grises y bajos que nos ponía finalmente
cara a cara con Julio Andrés Borges, allá en el subterráneo
del Centro Comercial Chacaíto. De camisa doblada en pliegues hasta
el ángulo de los brazos, una corbata accidentada y sin poses, nos
recibió, jovial, en sus treinta y tres años que lucen más,
hasta que cualquier mohín típico de las escasas decenas hace
estampa. El compacto grupo de nuestra Casa Editora debatió pronto
y ligero el tema del retrato a este caraqueño, abogado (UCAB), con
maestrías en Filosofía Política y Social en el Boston
College, y en Políticas Públicas y Estudios de América
Latina en la Universidad de Oxford. ¿Dónde hacerlas? En la
librería Lectura! Quimérica una mejor locación.
Lector puntual de Mario Briceño Iragorry y de Jorge
Luis Borges, preocupado por el aspecto ideológico del partido que
entre otros ayudó a fundar, así también por las fajinas
pendientes que los lleven a ser, más allá de la semántica,
algo inédito en cuanto a actitud política, soporta: "Hacer
partidos políticos en América Latina -en pleno desarrollo
de la descentralización- y después de la guerra fría,
es un tema complicado, un fenómeno sobre el cual nos estamos inaugurando
todos".
Le comentamos que sigue pendiente la definición
ideológica, ¿o acaso continuarán manejándose
en el campo de las realidades políticas?: "Estamos en ese proceso
enriquecedor de ir construyendo nuestra visión ideológica,
yo siempre digo que no somos un partido de extrema derecha ni de extrema
izquierda, sino de extremo centro, interesados en traducir la justicia como
justicia social".
Un cuarto con arquitectura encapsulada hacía rato
nos alojaba, una mesa oval servida de café y té, para las
pausas, le enmarca en su extremo derecho. Atrás ha quedado un autógrafo
firmado al vuelo, la breve peregrinación y el testimonio digital.
A estas alturas tenemos clara la importancia que Borges asigna a la formidable
realización de un partido de ideas, así como convertir la
disposición organizativa de Primero Justicia en una estructura que
al final sea una gran prestadora de servicios a la comunidad. "Nuestra
crisis, la de nuestras democracias y en ese contexto, no es una crisis de
cultura democrática, sino una crisis de partidos políticos
como mecanismo".
Su juventud no le hace confiado, sabe las luchas que se
avecinan, insiste en que Primero Justicia es un partido que trascenderá
esta generación, más aún, sin pleonasmos, un partido
con vocación histórica.
Quienes conocen a Julio lo narran reflexivo, como su padre
Elías, persistente, como su madre Rosa, y afectuoso, de flamante
labranza por su esposa Daniela Matheus. Pronto nos sentimos en confianza,
ciertas analogías a manera de chanza sobre el colesterol elevadísimo
de la nación nos convencen de su buen genio. La conversación
mana, se han incorporado algunos consultivos del diputado, básicamente
su gente de medios. Los temas internacionales dan vueltas desde el inicio,
lechuguina, nos intercepta una arista de la administración Bush en
el subcontinente, comenta: "Colombia es el tercer recibidor de cooperación
internacional del mundo en el caso de los Estados Unidos, para ellos no
es un tema cualquiera, es el más importante en materia estratégica.
En cuanto al Plan Colombia, se ha podido llamar el plan para la paz o el
plan para el combate del narcotráfico, pero haber atado el nombre
del país al plan entero, fue el primer error que cometieron".
Del menú foráneo nos hemos saltado, por razones
temporales, la cultura guerrerista, de la que somos contrarios, y el antiamericanismo,
esa coartada para la irresponsabilidad, como apunta Jean Franáois
Revel. "En pleno siglo XXI los temas de la política internacional
venezolana deberían estar signados por el intercambio comercial,
la integración económica y política. La retórica
actual está llena de esos elementos, pero en la práctica Venezuela
nunca ha sido tan sancionada como en este momento en la Comunidad Andina
de Naciones".
El grabador circula inquieto, son muchos los temas a tocar
para el comprimido, finalmente el futuro aparece, planea, quietamente, sobre
decisiones arduas: "Acceder a la Presidencia de la República,
en el caso de Primero Justicia, implica que podamos consolidarnos y bien,
sin repetir patrones o anacronismos".
Ha llovido mucho sobre el fracaso de las Repúblicas
recientes, y más allá de eso no hay muchos que se estén
esforzando por explicarle al país un modelo teórico de Estado,
no será cosa fácil, adicionamos: "Venezuela nunca pudo
superar el Estado gomecista, en sus fuerzas armadas, en su hacienda pública,
en su concepción centralista de lo que significa el manejo del poder.
El proceso descentralizador es un rasgo ideologizante, en él cohabitan
distintas formas de hacer política, y ha sido un paso, pero todavía
estamos en pañales. Nos gustaría debatir sobre la posibilidad
de descentralizar la justicia a nivel municipal, y parlamentarizar crecidamente
nuestro sistema presidencialista, para no tener una especie de emperador
en la presidencia de la República".
Inferimos el ánimo de Borges para el debate, y teniendo
por comillas la legitimidad de origen y el alcance del mandato, planteamos
las carencias en el de Allende para transformar la sociedad chilena, no
sin antes deslizar que a juzgar por los resultados electorales, tenía
el Presidente Chávez el precepto para cambiar el sistema venezolano.
"Pensar que democráticamente se le dé a alguien el mandato
para desmantelar la democracia, es una contradicción en sus propios
términos". Convenimos necesario revisar la institucionalidad
y sus ausencias, como causas en las superabundancias y excesos de la democracia,
las instituciones son los amortiguadores de la sociedad, existen para armonizar
la sociedad y la justicia, esto debe ser entendido. "Las instituciones
son estructuras invisibles que nos rodean, no las vemos, no las tocamos,
no las sentimos, pero están ahí y son las reglas del juego".
Convencido sobre la actualidad de esa querella, construir ciudadanía,
expone con carácter pedagógico que no puede haber sociedad
civil sin ciudadanía, y para que haya ciudadanía deben existir
dispositivos que permitan a la gente conformar sus derechos, a eso y no
a otra cosa se reseña una relación sana con el Estado.

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