Valencia, 7 de Agosto de 2003

Editorial
Notitarde
C.A

Por Domingo Alfonso Bacalao/Foto: Carlos Balza


Julio Borges

La estantería de la justicia

"Hacer partidos políticos en América Latina -en pleno desarrollo de la descentralización- y después de la guerra fría, es un tema complicado, un fenómeno sobre el cual nos estamos inaugurando todos"

La provincia que llevamos en la sangre no impidió ver Caracas menos ruinosa ese día de cielos grises y bajos que nos ponía finalmente cara a cara con Julio Andrés Borges, allá en el subterráneo del Centro Comercial Chacaíto. De camisa doblada en pliegues hasta el ángulo de los brazos, una corbata accidentada y sin poses, nos recibió, jovial, en sus treinta y tres años que lucen más, hasta que cualquier mohín típico de las escasas decenas hace estampa. El compacto grupo de nuestra Casa Editora debatió pronto y ligero el tema del retrato a este caraqueño, abogado (UCAB), con maestrías en Filosofía Política y Social en el Boston College, y en Políticas Públicas y Estudios de América Latina en la Universidad de Oxford. ¿Dónde hacerlas? En la librería Lectura! Quimérica una mejor locación.

Lector puntual de Mario Briceño Iragorry y de Jorge Luis Borges, preocupado por el aspecto ideológico del partido que entre otros ayudó a fundar, así también por las fajinas pendientes que los lleven a ser, más allá de la semántica, algo inédito en cuanto a actitud política, soporta: "Hacer partidos políticos en América Latina -en pleno desarrollo de la descentralización- y después de la guerra fría, es un tema complicado, un fenómeno sobre el cual nos estamos inaugurando todos".

Le comentamos que sigue pendiente la definición ideológica, ¿o acaso continuarán manejándose en el campo de las realidades políticas?: "Estamos en ese proceso enriquecedor de ir construyendo nuestra visión ideológica, yo siempre digo que no somos un partido de extrema derecha ni de extrema izquierda, sino de extremo centro, interesados en traducir la justicia como justicia social".

Un cuarto con arquitectura encapsulada hacía rato nos alojaba, una mesa oval servida de café y té, para las pausas, le enmarca en su extremo derecho. Atrás ha quedado un autógrafo firmado al vuelo, la breve peregrinación y el testimonio digital. A estas alturas tenemos clara la importancia que Borges asigna a la formidable realización de un partido de ideas, así como convertir la disposición organizativa de Primero Justicia en una estructura que al final sea una gran prestadora de servicios a la comunidad. "Nuestra crisis, la de nuestras democracias y en ese contexto, no es una crisis de cultura democrática, sino una crisis de partidos políticos como mecanismo".

Su juventud no le hace confiado, sabe las luchas que se avecinan, insiste en que Primero Justicia es un partido que trascenderá esta generación, más aún, sin pleonasmos, un partido con vocación histórica.

Quienes conocen a Julio lo narran reflexivo, como su padre Elías, persistente, como su madre Rosa, y afectuoso, de flamante labranza por su esposa Daniela Matheus. Pronto nos sentimos en confianza, ciertas analogías a manera de chanza sobre el colesterol elevadísimo de la nación nos convencen de su buen genio. La conversación mana, se han incorporado algunos consultivos del diputado, básicamente su gente de medios. Los temas internacionales dan vueltas desde el inicio, lechuguina, nos intercepta una arista de la administración Bush en el subcontinente, comenta: "Colombia es el tercer recibidor de cooperación internacional del mundo en el caso de los Estados Unidos, para ellos no es un tema cualquiera, es el más importante en materia estratégica. En cuanto al Plan Colombia, se ha podido llamar el plan para la paz o el plan para el combate del narcotráfico, pero haber atado el nombre del país al plan entero, fue el primer error que cometieron".

Del menú foráneo nos hemos saltado, por razones temporales, la cultura guerrerista, de la que somos contrarios, y el antiamericanismo, esa coartada para la irresponsabilidad, como apunta Jean Franáois Revel. "En pleno siglo XXI los temas de la política internacional venezolana deberían estar signados por el intercambio comercial, la integración económica y política. La retórica actual está llena de esos elementos, pero en la práctica Venezuela nunca ha sido tan sancionada como en este momento en la Comunidad Andina de Naciones".

El grabador circula inquieto, son muchos los temas a tocar para el comprimido, finalmente el futuro aparece, planea, quietamente, sobre decisiones arduas: "Acceder a la Presidencia de la República, en el caso de Primero Justicia, implica que podamos consolidarnos y bien, sin repetir patrones o anacronismos".

Ha llovido mucho sobre el fracaso de las Repúblicas recientes, y más allá de eso no hay muchos que se estén esforzando por explicarle al país un modelo teórico de Estado, no será cosa fácil, adicionamos: "Venezuela nunca pudo superar el Estado gomecista, en sus fuerzas armadas, en su hacienda pública, en su concepción centralista de lo que significa el manejo del poder. El proceso descentralizador es un rasgo ideologizante, en él cohabitan distintas formas de hacer política, y ha sido un paso, pero todavía estamos en pañales. Nos gustaría debatir sobre la posibilidad de descentralizar la justicia a nivel municipal, y parlamentarizar crecidamente nuestro sistema presidencialista, para no tener una especie de emperador en la presidencia de la República".

Inferimos el ánimo de Borges para el debate, y teniendo por comillas la legitimidad de origen y el alcance del mandato, planteamos las carencias en el de Allende para transformar la sociedad chilena, no sin antes deslizar que a juzgar por los resultados electorales, tenía el Presidente Chávez el precepto para cambiar el sistema venezolano. "Pensar que democráticamente se le dé a alguien el mandato para desmantelar la democracia, es una contradicción en sus propios términos". Convenimos necesario revisar la institucionalidad y sus ausencias, como causas en las superabundancias y excesos de la democracia, las instituciones son los amortiguadores de la sociedad, existen para armonizar la sociedad y la justicia, esto debe ser entendido. "Las instituciones son estructuras invisibles que nos rodean, no las vemos, no las tocamos, no las sentimos, pero están ahí y son las reglas del juego". Convencido sobre la actualidad de esa querella, construir ciudadanía, expone con carácter pedagógico que no puede haber sociedad civil sin ciudadanía, y para que haya ciudadanía deben existir dispositivos que permitan a la gente conformar sus derechos, a eso y no a otra cosa se reseña una relación sana con el Estado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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