Cuentan
que José Antonio Páez era muy bien visto por las mujeres...
"Buscando las raíces de esa simpatía -escribió
un estudioso de la vida y obra del Centauro-, es posible localizarla en
ciertas cualidades populares, maneras de ser de buen criollo... Llaneza
en el trato. Gentileza en el modo de ser. Modestia en sus relaciones personales.
Y su condición de artista, trovero de buenas coplas, amigo de fiestas
y devoto de serenatas... Tenía 57 años cuando la campaña
contra Rangel, y a la luz de alguna candileja le vieron los villacuranos
ofreciendo serenatas frente a no pocas ventanas. Buen cantor con su voz
de tenor. Músico que gustaba rasguear la guitarra, pulsar el arco
del violín..." (Ramón J. Velásquez).
Cuentan también que cuando estuvo prisionero en un calabozo valenciano
(era el año 1849 y agosto todavía), las mujeres hacían
cola para visitarlo, llevándole dulces y pañuelos bordados
y el consuelo de la amistad. Y que igual aconteció durante su reclusión
en el castillo de San Antonio de Cumaná; con el agregado de que al
salir hacia el exilio, una guardia de honor integrada por cumanesas lo acompañó
desde la prisión hasta el embarcadero.
("Es de rostro hermoso y varonil, con cabellos espesos, negros y
crespos. Tiene buena musculación, buenas formas y posee admirable
fuerza y agilidad...", escribió de él un oficial inglés).
De manera que podemos suponerlo querido de mujeres... Que fueron muchas,
a no dudar...Y que a pesar de lo numeroso, para esta corta historia traeremos
sólo la presencia de sus más caros motivos: la esposa, la
amante, la novia...
DOMINGA fue la esposa...
Casó con José Antonio en 1810,
cuando ella tenía dieciocho y él diecinueve años de
edad. De recia estirpe barinesa (natural de Camaguán), nació
de Francisco de Paula Ortiz en el vientre de Micaela Orzúa. El tiempo
de la unión fue la misma década de los sobresaltos de la Guerra
Magna. Procrearon dos hijos: Manuel Antonio y María del Rosario.
No quedó pintura ni dibujo de la esposa llanera, pero sí
una imagen literaria que el capitán Richard Vawell estableciera en
la descripción de "Doña Rosaura", la compañera
de Páez en la novela Las sabanas de Barinas. Realizó el legionario
inglés un retrato moral de una mujer benevolente, "... por quien
los llaneros mostraban siempre una extremada consideración. Ella
no debía semejante deferencia al solo hecho de ser la esposa favorita
de su jefe, sino a que, poseyendo una educación muy superior a los
de todos los que la rodeaban, mostrábase al propio tiempo tan modesta
y bondadosa con cada uno, que aquéllos le profesaban indecible respeto
y admiración". Sustituida en el afecto de Páez por Barbarita
Nieves, fallecida ésta, lo acompañará en los sinsabores
de la prisión cumanesa (1850); y en el comienzo de su exilio, rumbo
a la isla danesa de Saint Thomas.
Esposa desairada, será ejemplo de una nobleza extrema...
BARBARA fue la amante...
Concubina aceptada en los círculos sociales de la época,
y justificada su presencia en la vida del héroe. A ella se atribuyen
todas las cosas buenas que harán de Páez un personaje de alta
cultura, ejemplo de superación, motivo de asombro por su crecimiento
intelectual... La Nieves estará a su lado desde que Carabobo coloca
sobre sus sienes los laureles, y ya en noviembre de 1823 la adulancia en
Puerto Cabello cambiará el nombre del antiguo baluarte El Príncipe
por el de Barbarita, inmediatamente después de que el hispano arría
la bandera oriflama del asta del castillo San Felipe. Será de sus
labios que el Centauro en cesantía escuche lecturas sobre la vida
y obra de artistas, políticos, literatos, científicos...:
Cervantes, Lamartine y Rousseau le serán voces familiares. Cantarán
a dúo -ella soprano, él tenor- trozos de óperas. La
mujer sensibiliza el espíritu creativo del guerrero. Habrá
quien la compare con Diana de Poitiers, favorita de Enrique II en la corte
de París; y con Manuela Sáenz, la libertadora del Libertador.
En la unión concubinaria de más de veintiséis años,
se procrearon dos hijas: Juana y Ursula.
El cónsul británico Sir Robert Ker Porter, autor de un
extraordinario retrato de Páez en el año 1824, pintará
igualmente el rostro de la amante, en una obra lamentablemente extraviada.
Quedará sin embargo el retrato literario de Barbarita, plasmado por
la culta pluma del inglés en su Diario diplomático: "Trigueña,
con hermosos ojos y cabello azabache..., muy caritativa y compasiva".
Barbarita morirá en Maracay, lugar donde la pareja residía,
el 14 de diciembre de 1847. Cómo sería el amor hasta su muerte,
cuánto el deslumbramiento, que el Centauro señaló haber
sufrido un cambio en su existencia, por "... el vacío que ha
dejado en mi casa su eterna ausencia". Por ese tiempo aseguró
en carta a un buen amigo que con la muerte de la amada había "comenzado
el declinar de su buena estrella".
VALENCIA fue la novia...
Desde que en la luz tardecina del 24 de junio
de 1821 caracoleó sobre el empedrado "un hermoso caballo blanco
que se encabritaba con frecuencia", las calles percibieron a un personaje
"cubierto de alamares de oro, con un gran penacho blanco en el sombrero",
a quien Valencia mostraba sus artes seductoras:
- Una linfa sonora que escurría su caudal bajo los arcos de un
majestuoso puente de cal y canto, levantado sobre esfuerzos de patriotas
cautivos, y que poseía una glorieta donde pescar azules en los atardeceres.
- Una plaza mayor donde la luna llena se mostraba cercana, como un farol
colgante capaz de contagiar de plenilunio al más rudo varón
que osara caminar sobre su enladrillado.
- Un amarillo dorado de naranjas maduras que la perimetraba; y de azahares
una tan grande floración, que hizo escribir a un poeta de tiempos
posteriores (Andrés Eloy Blanco):
"En Valencia hay azahares
para que el mundo se case.
Si para las once mil vírgenes
llegan once mil galanes,
bastará que un abanico
les guiña a los naranjales,
y para las once mil vírgenes
sobrarán los azahares".
Pero además de río, naranjas y azahares, Valencia tenía
el adorno de un lago cual bufanda... Y pájaros suficientes como para,
en un vuelo único, emplumar de bruma la tarde... Y mujeres tan bellas,
que era la urbe un tropical santuario de Atenea.
Pero sobre todo estaba la gente... Mostró la ciudad mano abierta,
y una bondad sin límites, y usanza de valenciana estirpe; y un querer
y una lealtad y un todo dar, como pocas veces había acontecido, cuando
de seducir a un recién llegado se trataba.
En Valencia tendrá José Antonio Páez solar conocido...
Poseerá casa en Barinas, en Maracay, "La Viñeta"
en Caracas, la antigua sede de la Compañía Guipuzcoana en
Puerto Cabello, pero será la valenciana su residencia preferida.
A partir del mes de enero de 1824, toda ella será un arcón
que guarda sus recuerdos...
En el lar carabobeño comienza y culmina un segundo capítulo
de su vida. La vieja mansión neoclásica se llena con el eco
de que su voz lanzara al aire en alguna antigua romanza, o en el ensayo
de canciones y recitación de poemas. La música que tocan al
piano o a la guitarra o al violín sus curtidas manos de becerrero
del hato "La Calzada" ambienta el color de una rosa que lleva
su nombre. Bajo los aleros de la casona lugareña se quedan anclados
los murmullos proceros de los hombres creadores de la Cuarta República,
que dieron a Venezuela una nueva independencia con la ruptura del pacto
colombiano. Allí se fragua la patria definitiva de los venezolanos...
Entre los años 1824 a 1829 la pasión artística del
guerrero, que en la paz social encuentra cauce, transforma la vieja mansión
en una fragua de cultura. Allí recibirá clases de baile y
música, inglés y francés, botánica, economía...
En 1829, bajo la dirección de un actor dramático español
de paso por la ciudad, se improvisó un teatro en el patio trasero
de la casa, y sobre las tablas se escenificó la tragedia Otelo, de
Shakespeare.
Valencia fue también la fragua del
estadista que halló cuerpo en José Antonio Páez...
En momentos en los cuales tomaba Venezuela decisiones trascendentes, el
cotidiano ámbito de color y poesía que era su mansión
valenciana, y el ambiente propicio de toda la ciudad, rodearon al principal
actor de los sucesos. La suerte de la patria estará en manos de un
hombre crecido espiritualmente, forjado en ambiente de cultura. Su conducta
será siempre la de un magistrado amante y defensor de las leyes,
que impulsa la codificación de las normas jurídicas nacionales.
La de un estadista que se preocupa cotidianamente por la educación
de la juventud, por estimular la libertad de cultos y de expresión,
la venida de inmigrantes, el reconocimiento por España y otros países
de la Venezuela independiente. La de un gobernante que apoya la difusión
de la música, que crea la Biblioteca Nacional, y abre las puertas
de su casa para convivir con los artistas. La de un personaje a quien la
tradición representa semianalfabeto hasta su juventud, y que concluye
en interlocutor de intelectuales y poetas; en traductor del francés
y comentarista de las Máximas de Napoleón sobre el arte de
la guerra; en impulsor de la edición de libros fundamentales, como
la Historia de Venezuela, de Rafael María Baralt y Ramón Díaz;
el de igual tema de Feliciano Montenegro y Colón; y la Geografía
escrita por su edecán Agustín Codazzi. Que a fin de cuentas
es un cultor de sus memorias, en un libro -Autobiografía- de agradable
lectura y reconfortante prueba de empresa literaria.
El crisol donde toma cuerpo este personaje consciente de su papel histórico
en la vida nacional, este hombre nuevo de elevada vocación intelectual,
será Valencia...
Lo de Valencia y el Centauro fue una verdadera simbiosis de amor...
Ella le brindó paz, y amistad, y un ambiente propicio. Pero sobre
todo, lealtad...!
El luchó al lado de ella por la capitalidad de la República,
por convertirla en el eje de la nación. Pero sobre todo, le ofreció
y le garantizó lealtad...!
Fue un pacto de por vida... Pareciera que el Centauro nació en
la ribera de un río, que en vez de llamarse Curpa se llamaba Cabriales.
Su actividad fue tan intensa, tan vinculada al ser valenciano, que en la
ciudad aparenta haber vivido varias vidas.
Muchos ejemplos pueden presentarse de ese delirio a dos. Veamos...
- La primera prueba de puro amor, de fidelidad incondicional, de pasión
desmedida por José Antonio Páez, la dio Valencia durante los
sucesos que se conocen bajo el nombre de "La Cosiata" (El 27 de
abril de 1826 la municipalidad valenciana manifestaba su desagrado por la
destitución de Páez cual comandante general del Departamento
de Venezuela, cargo ejercido desde los meses posteriores a la batalla de
Carabobo. Tres días después desconocía abiertamente
al Gobierno de Bogotá, y restituía a Páez en el mando.
Valencia será sede [29 de junio] de una asamblea de municipalidades,
que formalmente solicitó al Gobierno colombiano el adelanto de la
Gran Convención [estaba prevista para el 2 de enero de 1830], para
dirimir problemas unionistas y plantear reformas constitucionales. Los sucesos
valencianos culminaron en Caracas con una asamblea celebrada en la iglesia
de San Francisco [7 de noviembre], donde se aprobó la convocatoria
de una Constituyente propia para independizar a Venezuela).
- Nunca se nucleó Valencia en torno a un hombre ni a un proyecto,
como cuando tomó cuerpo el movimiento separatista que restituyera
a la patria su independencia (noviembre 1829 a mayo 1830).
- Ciudad amiga, a ella dirigirá sus pasos cuando el golpe militar
del 8 de julio de 1835 -que derroca al presidente José María
Vargas- encienda los fuegos de la Revolución de las Reformas. Frente
al morro valenciano detendrá el veintitrés de julio sus lanceros,
y convencerá de viva voz a su antiguo compañero en el Ejército
de Apure, general de División José Laurencio Silva, de que
debía sumarse a la lucha por la constitucionalidad.
- Eran los tiempos de la Revolución de Marzo (1858), que derrocó
a José Tadeo Monagas y permitió el regreso del exiliado José
Antonio Páez...
Los festejos para el recibimiento después de una década
de ostracismo comenzaron la noche misma del último día del
año mil ochocientos cincuenta y ocho, cuando desembarcó en
Puerto Cabello proveniente de Cumaná, y de más lejos aun,
desde Nueva York. Cinco días después y con las luces del alba,
se vino hasta Valencia en cómodo coche por la carretera iniciada
durante su gobierno. Fueron miles los recibidores... La ciudad era entonces
(producto del proceso revolucionario) sede de los poderes públicos
nacionales. Para tomarle el pulso al país, en Valencia permanecerá
varios meses, convertido de nuevo en el eje gravitacional de una inmensa
esfera, objeto de las más diversas manifestaciones de cariño
y amistad.
- Un tumulto valenciano fue el estallido popular del 18 de agosto de
1861, para protestar contra el gobierno del vicepresidente Pedro Gual, por
haber solicitado la renuncia al jefe de los Ejércitos de la República,
cargo ejercido por José Antonio Páez en el furor de la Guerra
Federal. A treinta y cinco años distante del abril de 1826 (y a treinta
años del proceso separatista), Valencia contribuía con una
nueva "Cosiata", a colocar a Páez en el ápice del
poder. En Valencia se hallaba alojado en la casa de su gran amiga Dolores
Travieso, y allí fueron a buscarlo los de la multitud.
En Valencia se dio el grito de insurrección contra el Gobierno...
Crisis que resolvió el sable conservador del coronel José
Echezuría, quien en el amanecer del día veintinueve de agosto
depuso al doctor Pedro Gual, y proclamó la "dictadura ilustrada"
de José Antonio Páez.
- Siempre que el Centauro anunció su llegada, la ciudad desbordó
su alegría.
Inmediatamente después de establecida la dictadura, se le concedió
a la paz una oportunidad... El lugar para discutir el tratado fue la aldea
de Tocuyito y su vecino Campo de Carabobo.
A Puerto Cabello llegó el anciano dictador a bordo del vapor "Venezuela"
el 29 de noviembre (1861). La ciudad lo recibió sólo cordialmente,
opuesta como era a la dictadura.
Pero en Valencia sería distinto... Alojado en la casa que frente
a la plaza Bolívar poseía el poeta Rafael Arvelo, recibió
de los valencianos espléndidas manifestaciones de solidaridad y afecto.
A Naguanagua fueron a recibirlo los altos dignatarios y jefes militares,
y desde que la caravana del recibimiento asomó en Camoruco, una salva
de veintiún cañonazos manifestó su rugir... La ciudad
se iluminó por tres días... Se promovió una suscripción,
que alcanzó hasta ochocientos pesos, para al héroe regalar
una medalla, "...confiada su elaboración a un artista europeo".
Valencia respondió siempre como lo que siempre fue para el Centauro:
La eterna novia... La pequeña gran patria de su corazón.
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