"Hay
tantos árboles y jardines alrededor de Valencia, que ésta
permanece casi invisible hasta que uno comienza a entrar en ella. Sin embargo,
y largo trecho antes de la ciudad, comenzamos a ver grupos de lindas damas
criollas que se paseaban o estaban sentadas para tomar el fresco, frente
a posadas semejantes a los tea-gardens de Inglaterra".
Recoge la visión anterior una imagen que considerábamos
reciente, esto es, de ahora, de este tiempo, que hacía de Valencia
un lugar de naranjas dulces y mujeres bellas. El verdor era una característica,
y la hermosura de las valencianas un blasón. Pero sucede que quien
escribió lo anterior fue un viajero inglés caminante del mundo,
nada más ni nada menos que hace ciento cuarenta años, un siglo
y cuatro décadas, veintiocho lustros, como si dijéramos: ayer!
Edward Backhouse Eastwick llegó a Venezuela a comienzos del mes
de julio de 1864, y a Valencia el trece de Agosto de ese mismo año.
Autor de crónicas y libros de viajes, periodista, diplomático,
vino al país en representación de la General Credit Company,
grupo financiero inglés que contrataría un empréstito
con el gobierno recién instalado por la triunfante Revolución
Federal (léase general Juan Crisóstomo Falcón). Valencia
lo cautivó para siempre...: "Es la perla de las ciudades venezolanas",
escribió. Y agregaría conceptos enaltecedores sobre sus habitantes:
"La gente de Valencia es la más gallarda, bondadosa y hospitalaria
que pueda imaginarse. Estoy obligado a hablar de los valencianos en elogiosos
términos, pues en ninguna otra parte recibí jamás mayores
atenciones".
Cuatro años después de realizar su viaje, apareció
en Londres, bajo el sello editorial: "Champan & Hall", el
libro que recogería su visión viajera: Venezuela o Apuntes
sobre la Vida de una República Sudamericana.
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