Cuando
se habla de los orígenes de Valencia, las referencias siempre conducen
al período "fundacional oficial" con la llegada de los
españoles. Pero la historia precolombina es un capítulo casi
inexistente, ignorado u olvidado, cuando es rico en información y
revelaciones de nuestras raíces ancestrales.
En la década del setenta se realizaron excavaciones alrededor
del lago de Valencia, cercanas al río de Guacara, donde se halló
material paleontológico con una antigüedad de 16.000 años
a.C. Los fósiles corresponden a mastodon (semejante al elefante),
megatherium (cercano a una pereza) y glyptodon (parecido al actual armadillo),
todos mamíferos de grandes dimensiones. La cabeza del mastodon podía
medir un metro de largo, y un ejemplar de los megatherium encontrados con
una dimensión de 6 metros. Esta megafauna es lo que se podría
denominar como nuestra prehistoria, y coincide con una serie de hallazgos
localizados en estados cercanos como Falcón y Lara.
La huella más antigua del hombre en
Valencia fue localizada durante la construcción de la fábrica
de las Industrias Palmolive en la Urbanización Michelena. Aunque
la mayor parte de los ejemplares fueron conservados por quienes realizaron
los hallazgos, el arqueólogo José María Cruxent pudo
trasladarse al lugar y rescatar algunos objetos con destino al Museo de
Ciencias: una piedra de moler, dos manos de mortero, tres hachas. Estos
objetos fueron ubicados cronológicamente dentro del complejo Michelena
(IV milenio antes de Cristo) y que se engloba dentro de la literatura antropológica
como la etapa de los cazadores-recolectores: grupos dedicados a la recolecta
de moluscos marinos y terrestres, práctica de caza menor y formas
experimentales de domesticación de plantas.
En la zona de Bejuma -perteneciente a la esfera de interacción
valencioide- se encontró una punta lítica dentro de la hacienda
"Capa", la cual determina la presencia del hombre en Carabobo,
todavía en un período más antiguo. Aunque este descubrimiento
no fue acompañado de las respectivas muestras para el análisis
del carbono 14, ha sido identificado por analogía con la punta de
proyectil tipo Yuma-Folsom, de la cual su antigüedad ha sido identificada
con la era del paleoindio por estar asociada con restos óseos de
animales extintos como el mamut.
Este hallazgo junto con los de la fauna pleistocénica, de esqueletos
de mastodontes en la zona de Guacara, inmersos en depósitos aluviales
de un antiguo fondo lacustre y los localizados en la zona de Tucacas en
el estado Falcón reforzarían la teoría de una ruta
humana durante esta época caracterizada por la caza y la recolección.
POBLAMIENTO
Por ahora se han establecido dos grandes poblamientos en tiempos prehispánicos
para la cuenca del lago de Valencia. El primero ocurrió cercano al
200 hasta el 1000 de nuestra era, pues existen evidencias arqueológicas
de la existencia de poblaciones tribales, cuya subsistencia se fundamenta
en el control de plantas y cultivos, así como la manufactura de recipientes
cerámicos. El primer poblamiento se denomina fase La Cabrera por
el lugar donde fue encontrado el primer material cerámico. Lo interesante
del resultado de las investigaciones que realizaron los arqueólogos
norteamericanos Alfred Kidder y Cornelius Osgood en la década del
treinta del siglo XX, es que estos habitantes provienen a partir de las
poblaciones de Barrancas del Bajo Orinoco, lo cual fue identificado por
la similitud en las formas de las vasijas y estilo decorativo; sin embargo,
la cultura material de Barrancas del Orinoco es más antigua y no
se han encontrado en ella las pipas realizadas en arcilla, las cuales en
Valencia son muy numerosas. Esta primera población habitaba en pueblos
palafíticos en la orilla del lago, e inhumaban los cadáveres
en el interior de las viviendas. Hay abundancia de adornos corporales y
anzuelos elaborados a partir de conchas marinas que provenían de
la costa.
La segunda población, denominada como serie valencioide, se origina
de una invasión o migración arauquinoide también proveniente
del Orinoco, alrededor del primer milenio después de Cristo. Esto
se traduce por la nueva decoración producida en la cerámica:
dibujos punteados-incisos formados por líneas oblicuas separadas
por puntos, así como la construcción de montículos,
los cuales pudieron haber sido difundidos a partir de los Llanos hasta llegar
al área de Valencia, probablemente por medio del camino de Portuguesa
a El Pao y a El Paíto. Esta población valencioide responde
a una sociedad de cacicazgo, pues la cultura material encontrada demuestra
un modo de vida donde aparecen status especiales y diferenciados que se
explica por el desarrollo considerable que alcanzaron en la producción
agrícola, la construcción de áreas de montículos
artificiales de tierra que varían de uno a tres metros de altura
y de forma hemisférica. También por las estructuras y muros
de piedras, artefactos de oro, entierros en urnas funerarias de grandes
y pequeñas dimensiones, acompañadas de ofrendas compuestas
por collares de piedra, hueso, conchas marinas, recipientes de arcilla y
las figurinas. Estas últimas ocupan un lugar especial, conocidas
popularmente como las Venus de Tacarigua, muy vinculadas al desarrollo de
ceremonialismo, pues en ninguna parte de Venezuela han aparecido tal variedad
de figuras femeninas hechas con arcilla, casi todas de sexo femenino o asexuadas.
Son miles los artefactos provenientes de la serie valencioide, tan sólo
en un solo yacimiento se encontraron 3.400 especímenes en arcilla,
concha, piedra, hueso y en metal, lo que demuestra una intensificación
de la agricultura y una producción controlada de los alimentos, donde
existía un trabajo social centralizado y especializado, el cual permitía
a la sociedad generar plusproductos capaces de sustentar a grupos crecientes.
Este tipo de cacicazgo se ve reforzado por la práctica de la gente
valencioide en la realización de las deformaciones craneales intencionales
que aparecen tanto en algunos cráneos excavados en la necrópolis
del lago de Valencia como representadas en las figuras femeninas fabricadas
en cerámica.
La segunda población de Valencia considerada como de la familia
lingüística caribe tuvo una expansión geográfica
hacia los estados Carabobo, Aragua, Yaracuy, los islotes caribeños,
parte de Miranda y el actual Distrito Federal, lo cual se denomina como
Esfera de interacción valencioide y jugó un rol protagónico
en la fundación de Venezuela.
DEL OBJETO ARQUEOLOGICO A LA COLECCION DE UN MUSEO
La primera excavación realizada en el lago de Valencia, y en toda
Venezuela, ocurrió en 1877, financiada por Antonio Guzmán
Blanco y encabezada por Vicente Marcano. Los objetos de estas excavaciones
terminaron en la colección del Museo del Hombre en París y
publicada por Gaspar Marcano bajo el título de Ethnographie précolombienne
du Vénézuéla.
Al Museo Etnográfico de Berlín también fueron destinados
objetos arqueológicos del lago de Valencia, esta vez por encargo.
El doctor Alfredo Jahn en 1903 realizó excavaciones cerca del lago,
y aunque no logró publicar su investigación, el doctor Von
den Steinen presentó un informe de estas excavaciones ante el Congreso
Internacional de Americanistas reunido en Stuttgart.
Para 1874 se formaliza la creación del Museo Nacional, el cual
funcionaba en un salón de la Universidad Central de Venezuela. Desde
1880 tenemos noticias del ingreso de objetos provenientes de Valencia. Esta
colección pasó a formar parte del patrimonio del actual Museo
de Ciencias de Caracas.
En 1914, Luis Oramas realiza excavaciones en el lago de Valencia, publica
los resultados en II Congreso Panamericano de Washington, y el Estado le
adquiere gran parte de la colección en 1938 por un monto de veinte
mil bolívares. Hoy ni siquiera forman parte del inventario del Museo
de Ciencias.
El primer tratamiento museológico en Venezuela sobre los objetos
arqueológicos del lago de Valencia se lo debemos al impulso del doctor
Rafael Requena, al conformar "su museo particular" compuesto por
más de tres mil objetos, producto de las excavaciones realizadas
en el lago de Valencia, apoyadas por el general Gómez y publicadas
con el nombre de Vestigios de la Atlántida, pues creía que
los hallazgos del lago de Valencia estaban vinculados con la ciudad perdida.
En 1935 decide donar dos mil piezas de su colección al Museo de Ciencias.
En el inventario realizado por el museo en 1996, sólo quedaban 836
objetos. Por si fuera poco, en Brasil se encuentran piezas valencioides
producto de la venta del asistente de Requena, Mario del Castillo.
Debido a la opinión que generó la teoría de la Atlántida
y los nexos establecidos a raíz de las negociaciones petroleras con
Estados Unidos, vinieron en la década del 30 arqueólogos norteamericanos
al lago de Valencia a realizar las primeras excavaciones sistemáticas
en Venezuela. Ellos fueron Wendell Bennet, Alfred Kidder y Cornelius Osgood.
Los resultados fueron publicados dentro del contexto de sus instituciones
y las colecciones están hoy en el Museo Peabody de la Universidad
de Yale y el Museo de Historia Natural de Nueva York. Tanto sus investigaciones
como el embalaje y traslado de las piezas fueron financiados por el Gobierno
de Venezuela.
Una vez inaugurada la actual sede del Museo de Ciencias en Caracas (por
cierto llamado Museo de Historia Natural y Arqueología), Walter Dupouy
y José María Cruxent comenzaron a realizar excavaciones en
la esfera de interacción de Valencia, cuyas colecciones debieran
estar dentro de esta institución. Durante las décadas de los
40 y 50 del siglo XX se hicieron diversas exposiciones con estos objetos
de Valencia.
A partir de 1963 hasta 2003, todas las excavaciones que se han realizado
en el lago de Valencia fueron hechas por la antropóloga Henriqueta
Peñalver bajo la figura de la Fundación Lisandro Alvarado,
actualmente con las sedes del Museo de Antropología e Historia de
Maracay y el Museo de Arte e Historia Casa de los Celis en Valencia, donde
se encuentran sendas colecciones; sin embargo, carecen de inventario, hay
ausencia de investigaciones y de publicaciones de carácter científico,
además de que los objetos no reciben la conservación ni restauración
adecuadas.
El Instituto del Patrimonio Cultural, como órgano rector sobre
la materia, recibe frecuentemente notificaciones de hallazgos arqueológicos
ubicados a lo largo del país. De los estados Aragua y Carabobo ha
recibido numerosas comunicaciones, y siguen apareciendo tal como el ocurrido
recientemente en el municipio Los Guayos, donde se encontró un cementerio
indígena en el patio de una casa, y el cual fue remitido a la Brigada
Contra Homicidios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales
y Criminalísticas. El Estado venezolano no ha establecido todavía
los procedimientos, presupuesto, ni las instituciones, que deben encargarse
cuando suceden tales hallazgos.
Al rescate de la arqueología de Valencia
Debido al mal estado en que se encontraba
la colección del Museo Arqueológico Parque Recreacional Sur,
el Instituto del Patrimonio Cultural decidió ceder la colección
en guarda y custodia a la Fundación para la Cultura de la Ciudad
de Valencia. Durante el tiempo que el referido instituto demoraba en redactar
la resolución, la Fundación Lisandro Alvarado mudó
gran parte de la colección (sin las normas de conservación
preventivas, ni registro, y sin los trámites necesarios ante el Instituto
de Patrimonio Cultural de la Nación) al Museo de Arte e Historia
Casa los Celis, o quizás a la sede en Maracay, u otro lugar. En realidad,
no se sabe a ciencia cierta, pues no se realizó ningún tipo
de registro, por lo cual actualmente esta colección se encuentra
dividida, y se pueden observar algunas piezas en las vitrinas del Museo
de Arte e Historia Casa los Celis en Valencia.
A partir de octubre de 2001 la Fundación para Cultura de la Ciudad
de Valencia contrató a antropólogos especializados y se comienza
a ordenar e inventariar la colección situada en el Parque Recrecional
Sur. Toda esta información actualmente se está vaciando en
formato digital, con el objeto de estar disponible en la web a finales de
año, y preparar el primer escenario para su futura y primera documentación
y exposición en un orden científico y museológico.
Además, se está trabajando en una publicación para
dar a conocer el contenido de esta colección con acceso para toda
la comunidad valenciana, y cuyos resultados ya arrojan más de 266.555
fragmentos entre los cuales se encuentran material paleontológico,
restos humanos, urnas cerámicas, objetos de la vida cotidiana y religiosa:
figurinas, tapa sexo, flautas, collares, recipientes de cerámica,
instrumentos de trabajo en hueso, concha, jade, cuarzo y otras piedras.
Uno de los aspectos más importantes de este rescate patrimonial es
la presencia en la colección de gran cantidad de restos humanos,
más de 500 cajas con restos de varios individuos cada una, procedentes
de yacimientos de montículos que aparentemente servían de
habitación y a la vez de cementerio. A través del estudio
de este material se podrá reconstruir la forma de organización,
costumbres religiosas y vida de estos habitantes de la historia prehispánica
de Valencia.
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