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Un acercamiento a nuestra prehistoria

La huella más antigua del hombre en Valencia

  Natalia Díaz Peña

Cuando se habla de los orígenes de Valencia, las referencias siempre conducen al período "fundacional oficial" con la llegada de los españoles. Pero la historia precolombina es un capítulo casi inexistente, ignorado u olvidado, cuando es rico en información y revelaciones de nuestras raíces ancestrales.

En la década del setenta se realizaron excavaciones alrededor del lago de Valencia, cercanas al río de Guacara, donde se halló material paleontológico con una antigüedad de 16.000 años a.C. Los fósiles corresponden a mastodon (semejante al elefante), megatherium (cercano a una pereza) y glyptodon (parecido al actual armadillo), todos mamíferos de grandes dimensiones. La cabeza del mastodon podía medir un metro de largo, y un ejemplar de los megatherium encontrados con una dimensión de 6 metros. Esta megafauna es lo que se podría denominar como nuestra prehistoria, y coincide con una serie de hallazgos localizados en estados cercanos como Falcón y Lara.

La huella más antigua del hombre en Valencia fue localizada durante la construcción de la fábrica de las Industrias Palmolive en la Urbanización Michelena. Aunque la mayor parte de los ejemplares fueron conservados por quienes realizaron los hallazgos, el arqueólogo José María Cruxent pudo trasladarse al lugar y rescatar algunos objetos con destino al Museo de Ciencias: una piedra de moler, dos manos de mortero, tres hachas. Estos objetos fueron ubicados cronológicamente dentro del complejo Michelena (IV milenio antes de Cristo) y que se engloba dentro de la literatura antropológica como la etapa de los cazadores-recolectores: grupos dedicados a la recolecta de moluscos marinos y terrestres, práctica de caza menor y formas experimentales de domesticación de plantas.

En la zona de Bejuma -perteneciente a la esfera de interacción valencioide- se encontró una punta lítica dentro de la hacienda "Capa", la cual determina la presencia del hombre en Carabobo, todavía en un período más antiguo. Aunque este descubrimiento no fue acompañado de las respectivas muestras para el análisis del carbono 14, ha sido identificado por analogía con la punta de proyectil tipo Yuma-Folsom, de la cual su antigüedad ha sido identificada con la era del paleoindio por estar asociada con restos óseos de animales extintos como el mamut.

Este hallazgo junto con los de la fauna pleistocénica, de esqueletos de mastodontes en la zona de Guacara, inmersos en depósitos aluviales de un antiguo fondo lacustre y los localizados en la zona de Tucacas en el estado Falcón reforzarían la teoría de una ruta humana durante esta época caracterizada por la caza y la recolección.

 

POBLAMIENTO

Por ahora se han establecido dos grandes poblamientos en tiempos prehispánicos para la cuenca del lago de Valencia. El primero ocurrió cercano al 200 hasta el 1000 de nuestra era, pues existen evidencias arqueológicas de la existencia de poblaciones tribales, cuya subsistencia se fundamenta en el control de plantas y cultivos, así como la manufactura de recipientes cerámicos. El primer poblamiento se denomina fase La Cabrera por el lugar donde fue encontrado el primer material cerámico. Lo interesante del resultado de las investigaciones que realizaron los arqueólogos norteamericanos Alfred Kidder y Cornelius Osgood en la década del treinta del siglo XX, es que estos habitantes provienen a partir de las poblaciones de Barrancas del Bajo Orinoco, lo cual fue identificado por la similitud en las formas de las vasijas y estilo decorativo; sin embargo, la cultura material de Barrancas del Orinoco es más antigua y no se han encontrado en ella las pipas realizadas en arcilla, las cuales en Valencia son muy numerosas. Esta primera población habitaba en pueblos palafíticos en la orilla del lago, e inhumaban los cadáveres en el interior de las viviendas. Hay abundancia de adornos corporales y anzuelos elaborados a partir de conchas marinas que provenían de la costa.

La segunda población, denominada como serie valencioide, se origina de una invasión o migración arauquinoide también proveniente del Orinoco, alrededor del primer milenio después de Cristo. Esto se traduce por la nueva decoración producida en la cerámica: dibujos punteados-incisos formados por líneas oblicuas separadas por puntos, así como la construcción de montículos, los cuales pudieron haber sido difundidos a partir de los Llanos hasta llegar al área de Valencia, probablemente por medio del camino de Portuguesa a El Pao y a El Paíto. Esta población valencioide responde a una sociedad de cacicazgo, pues la cultura material encontrada demuestra un modo de vida donde aparecen status especiales y diferenciados que se explica por el desarrollo considerable que alcanzaron en la producción agrícola, la construcción de áreas de montículos artificiales de tierra que varían de uno a tres metros de altura y de forma hemisférica. También por las estructuras y muros de piedras, artefactos de oro, entierros en urnas funerarias de grandes y pequeñas dimensiones, acompañadas de ofrendas compuestas por collares de piedra, hueso, conchas marinas, recipientes de arcilla y las figurinas. Estas últimas ocupan un lugar especial, conocidas popularmente como las Venus de Tacarigua, muy vinculadas al desarrollo de ceremonialismo, pues en ninguna parte de Venezuela han aparecido tal variedad de figuras femeninas hechas con arcilla, casi todas de sexo femenino o asexuadas.

Son miles los artefactos provenientes de la serie valencioide, tan sólo en un solo yacimiento se encontraron 3.400 especímenes en arcilla, concha, piedra, hueso y en metal, lo que demuestra una intensificación de la agricultura y una producción controlada de los alimentos, donde existía un trabajo social centralizado y especializado, el cual permitía a la sociedad generar plusproductos capaces de sustentar a grupos crecientes. Este tipo de cacicazgo se ve reforzado por la práctica de la gente valencioide en la realización de las deformaciones craneales intencionales que aparecen tanto en algunos cráneos excavados en la necrópolis del lago de Valencia como representadas en las figuras femeninas fabricadas en cerámica.

La segunda población de Valencia considerada como de la familia lingüística caribe tuvo una expansión geográfica hacia los estados Carabobo, Aragua, Yaracuy, los islotes caribeños, parte de Miranda y el actual Distrito Federal, lo cual se denomina como Esfera de interacción valencioide y jugó un rol protagónico en la fundación de Venezuela.

 

DEL OBJETO ARQUEOLOGICO A LA COLECCION DE UN MUSEO

La primera excavación realizada en el lago de Valencia, y en toda Venezuela, ocurrió en 1877, financiada por Antonio Guzmán Blanco y encabezada por Vicente Marcano. Los objetos de estas excavaciones terminaron en la colección del Museo del Hombre en París y publicada por Gaspar Marcano bajo el título de Ethnographie précolombienne du Vénézuéla.

Al Museo Etnográfico de Berlín también fueron destinados objetos arqueológicos del lago de Valencia, esta vez por encargo. El doctor Alfredo Jahn en 1903 realizó excavaciones cerca del lago, y aunque no logró publicar su investigación, el doctor Von den Steinen presentó un informe de estas excavaciones ante el Congreso Internacional de Americanistas reunido en Stuttgart.

Para 1874 se formaliza la creación del Museo Nacional, el cual funcionaba en un salón de la Universidad Central de Venezuela. Desde 1880 tenemos noticias del ingreso de objetos provenientes de Valencia. Esta colección pasó a formar parte del patrimonio del actual Museo de Ciencias de Caracas.

En 1914, Luis Oramas realiza excavaciones en el lago de Valencia, publica los resultados en II Congreso Panamericano de Washington, y el Estado le adquiere gran parte de la colección en 1938 por un monto de veinte mil bolívares. Hoy ni siquiera forman parte del inventario del Museo de Ciencias.

El primer tratamiento museológico en Venezuela sobre los objetos arqueológicos del lago de Valencia se lo debemos al impulso del doctor Rafael Requena, al conformar "su museo particular" compuesto por más de tres mil objetos, producto de las excavaciones realizadas en el lago de Valencia, apoyadas por el general Gómez y publicadas con el nombre de Vestigios de la Atlántida, pues creía que los hallazgos del lago de Valencia estaban vinculados con la ciudad perdida. En 1935 decide donar dos mil piezas de su colección al Museo de Ciencias. En el inventario realizado por el museo en 1996, sólo quedaban 836 objetos. Por si fuera poco, en Brasil se encuentran piezas valencioides producto de la venta del asistente de Requena, Mario del Castillo.

Debido a la opinión que generó la teoría de la Atlántida y los nexos establecidos a raíz de las negociaciones petroleras con Estados Unidos, vinieron en la década del 30 arqueólogos norteamericanos al lago de Valencia a realizar las primeras excavaciones sistemáticas en Venezuela. Ellos fueron Wendell Bennet, Alfred Kidder y Cornelius Osgood. Los resultados fueron publicados dentro del contexto de sus instituciones y las colecciones están hoy en el Museo Peabody de la Universidad de Yale y el Museo de Historia Natural de Nueva York. Tanto sus investigaciones como el embalaje y traslado de las piezas fueron financiados por el Gobierno de Venezuela.

Una vez inaugurada la actual sede del Museo de Ciencias en Caracas (por cierto llamado Museo de Historia Natural y Arqueología), Walter Dupouy y José María Cruxent comenzaron a realizar excavaciones en la esfera de interacción de Valencia, cuyas colecciones debieran estar dentro de esta institución. Durante las décadas de los 40 y 50 del siglo XX se hicieron diversas exposiciones con estos objetos de Valencia.

A partir de 1963 hasta 2003, todas las excavaciones que se han realizado en el lago de Valencia fueron hechas por la antropóloga Henriqueta Peñalver bajo la figura de la Fundación Lisandro Alvarado, actualmente con las sedes del Museo de Antropología e Historia de Maracay y el Museo de Arte e Historia Casa de los Celis en Valencia, donde se encuentran sendas colecciones; sin embargo, carecen de inventario, hay ausencia de investigaciones y de publicaciones de carácter científico, además de que los objetos no reciben la conservación ni restauración adecuadas.

El Instituto del Patrimonio Cultural, como órgano rector sobre la materia, recibe frecuentemente notificaciones de hallazgos arqueológicos ubicados a lo largo del país. De los estados Aragua y Carabobo ha recibido numerosas comunicaciones, y siguen apareciendo tal como el ocurrido recientemente en el municipio Los Guayos, donde se encontró un cementerio indígena en el patio de una casa, y el cual fue remitido a la Brigada Contra Homicidios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas. El Estado venezolano no ha establecido todavía los procedimientos, presupuesto, ni las instituciones, que deben encargarse cuando suceden tales hallazgos.

 

Al rescate de la arqueología de Valencia

Debido al mal estado en que se encontraba la colección del Museo Arqueológico Parque Recreacional Sur, el Instituto del Patrimonio Cultural decidió ceder la colección en guarda y custodia a la Fundación para la Cultura de la Ciudad de Valencia. Durante el tiempo que el referido instituto demoraba en redactar la resolución, la Fundación Lisandro Alvarado mudó gran parte de la colección (sin las normas de conservación preventivas, ni registro, y sin los trámites necesarios ante el Instituto de Patrimonio Cultural de la Nación) al Museo de Arte e Historia Casa los Celis, o quizás a la sede en Maracay, u otro lugar. En realidad, no se sabe a ciencia cierta, pues no se realizó ningún tipo de registro, por lo cual actualmente esta colección se encuentra dividida, y se pueden observar algunas piezas en las vitrinas del Museo de Arte e Historia Casa los Celis en Valencia.

A partir de octubre de 2001 la Fundación para Cultura de la Ciudad de Valencia contrató a antropólogos especializados y se comienza a ordenar e inventariar la colección situada en el Parque Recrecional Sur. Toda esta información actualmente se está vaciando en formato digital, con el objeto de estar disponible en la web a finales de año, y preparar el primer escenario para su futura y primera documentación y exposición en un orden científico y museológico. Además, se está trabajando en una publicación para dar a conocer el contenido de esta colección con acceso para toda la comunidad valenciana, y cuyos resultados ya arrojan más de 266.555 fragmentos entre los cuales se encuentran material paleontológico, restos humanos, urnas cerámicas, objetos de la vida cotidiana y religiosa: figurinas, tapa sexo, flautas, collares, recipientes de cerámica, instrumentos de trabajo en hueso, concha, jade, cuarzo y otras piedras. Uno de los aspectos más importantes de este rescate patrimonial es la presencia en la colección de gran cantidad de restos humanos, más de 500 cajas con restos de varios individuos cada una, procedentes de yacimientos de montículos que aparentemente servían de habitación y a la vez de cementerio. A través del estudio de este material se podrá reconstruir la forma de organización, costumbres religiosas y vida de estos habitantes de la historia prehispánica de Valencia.

 

 

 

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